martes, 29 de junio de 2010

El guión del Manifiesto Comunista

Antonio Fénandez Nays


Lunes, 28 de junio de 2010



Ocurre con estos señores del gobierno venezolano que debe uno sacar del baúl y desempolvar viejos libros que creíamos, ya formaban parte de un panteón de teorías muertas y sepultadas, como el Libro Rojo de Mao o el Capital, de Marx, cuando no El fascismo en su época de Nolte, que ayuda a explicar muchas acciones y comportamientos de Chávez y el chavismo.

Pues bien, le toca el turno al Manifiesto del Partido Comunista, un texto escrito a cuatro manos por Marx y Engels entre 1847 y 1848, y que pareciera orientar toda la política venezolana actual en materia de expropiaciones, ataques a la propiedad privada, confiscaciones, etc.

Eché mano, entonces, de mi viejo librillo, con las hojas ya amarilla, que costó 15 bolívares de los viejos, y me encontré las siguientes perlas:



“Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada. Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma parte de toda libertad, de toda actividad, de toda independencia individual. ¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo, del esfuerzo personal! ¿Os referís acaso a la propiedad del pequeño burgués, del pequeño labrador, esa forma de propiedad que precede a la propiedad burguesa? No tenemos que abolirla: el progreso de la industria la ha abolido y está aboliéndola a diario”.

“Pero, ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo del proletario, crea propiedad para el proletario? De ninguna manera. Lo que crea es capital, es decir, la propiedad que explota el trabajo asalariado y que no puede acrecentarse sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado, para explotarlo a su vez”.

“El capital es un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de mucho miembros de la sociedad (…), el capital no es, pues, una fuerza personal; es una fuerza social”.

“En la sociedad burguesa, el trabajo viviente no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado no es más que un medio de ampliar, enriquecer y hacer más fácil la vida de los trabajadores”.

Los regímenes que aplicaron estos postulados teóricos a rajatabla, ya lo documentó ampliamente la historia, ni consiguieron la tan anhelada prosperidad ni lograron sociedades felices. Hace más de dos décadas cayó el Muro de Berlín y con él rodaron todas estas teorías que algunos están empeñados hoy en restituir en la práctica en Venezuela, en condiciones, por cierto, muy distintas tanto económicas como sociales a las de la Europa del siglo XIX.

Algunos conspicuos miembros de la nomenklatura criolla parecen redimir la ilusión que le fabricaron a la madre de esta extraordinaria película de Wolfgan Becker, Good bye, Lenin! (2003), para evitar que supiese de la caída del Muro y le diese un infarto.



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