martes, 26 de agosto de 2008

Vision de un musulman del misterio de La Trinidad


CAPÍTULO 7


LA EVOLUCIÓN DEL CRISTIANISMO



La doctrina de la Trinidad, uno de los elementos fundamentales del dogma cristiano, estuvo ausente del cristianismo durante el período de vida de Jesucristo. Lo más que se puede asegurar es que esta doctrina empezó a tomar forma después de la Crucifixión. Hubieron de pasar muchos siglos para que adoptara su forma final, bien definida aunque inexplicable. Atravesó un largo proceso de duros y controvertidos debates entre teólogos y filósofos cristianos, representantes de orígenes religiosos, culturales y tradicionales diferentes.

Se vio influenciada, en gran medida, por los mitos y tradiciones de diversas tierras que hicieron de anfitriones de la cristiandad en su época más primitiva. Sin embargo, el tronco principal del cristianismo, que cuidó y alimentó el desarrollo de las creencias y filosofía cristianas en su período formativo más temprano era de estirpe judía. La influencia judía fue la que tuvo mayor predominio a lo largo de la primera parte de la historia cristiana. Los discípulos de Jesús que aprendieron y entendieron el cristianismo directamente del propio Jesús y fueron testigos de ello en su propia vida, pertenecían a esta estirpe. Fueron los primeros custodios del cristianismo y tenían sus raíces firmemente asentadas en el suelo santo de las instrucciones de Jesús y su forma de vida. Fueron ellos los que presenciaron la Crucifixión y vieron salvarse a Jesús de su pretendido asesinato.


Los Primeros Seguidores de Jesús

Los primeros cristianos aparecen divididos fundamentalmente en lo que se refiere tanto a la naturaleza de Jesús como a si debían adherirse a la Ley Mosaica o no. En la segunda fase del desarrollo cristiano, aparece San Pablo como la figura fundamental que otorga al cristianismo una nueva filosofía e ideología. Existían diferencias fundamentales de opinión entre Pablo y Jaime el Justo (también conocido por Santiago). Mientras que Jaime cuidaba de la Iglesia de Jerusalén, Pablo predicaba en occidente, especialmente entre los gentiles. La Iglesia occidental evolucionó sobre las líneas doctrinales paulinas, mientras que la Iglesia de Jerusalén se desarrollaba en torno a enseñanzas monoteístas.

Vástagos del ministerio de Jaime fueron los Ebonitas, una secta cuyo nombre deriva del Hebreo ebionim que significa "el manso" o "el pobre". Eran judíos-cristianos para quienes Jesús portaba el manto del Mesías y no el de "Hijo de Dios". Seguían con gran celo la Ley Mosaica y poseían su propio Evangelio, conocido en varios contextos como el "Evangelio de los Hebreos", el "Evangelio de los Ebionitas" o el "Evangelio de los Nazarenos". He aquí una descripción de los Ebionitas extraída de diversas fuentes:

En su libro "La Historia de la Iglesia" escrita en el siglo 4 D.C. en Cesarea, Eusebius menciona a los Ebionitas en el Libro De Vespasiano a Trajano. Se burla de sus ideas, diciendo que su nombre proviene de su opinión pobre y mezquina acerca de Jesús. Los Ebionitas consideraban a Jesús un ser mortal y le consideraban virtuoso por el carácter que mostró a lo largo de su vida. Como judíos, cumplían el Sabbath, cada uno de los detalles de la Ley y no aceptaban la idea Paulina de la salvación sólo a través de la fe. También habla de otro grupo de Ebionitas que aceptaban el nacimiento virginal y al Espíritu Santo, pero rechazaban aceptar la pre-existencia de Jesús como "Dios, Palabra y Sabiduría". Seguían un "Evangelio de los Hebreos" que posiblemente se trataba del Evangelio de San Mateo. Observaban el Sabbath y el sistema judío, pero celebraban la resurrección. (1)

En el libro en el que describe los orígenes de los Ebionitas "Los pergaminos del Mar Muerto desvelados", R. Eisenman escribe que Jaime "el Zaddik" o "el Zaddok" -que significa el Justo- era el líder de la Iglesia de Jerusalén a mediados del primer siglo, (40-60 D.C. aproximadamente) la rama que fue denominada, retrospectivamente, Cristianismo Judío de Palestina. Los Ebionitas surgieron de dicha rama. (2)

A la Comunidad que siguió a Jaime se le llamó "Los Pobres" (Gálatas 2:10, Jaime 2:3-5), nombre mencionado tanto en el Sermón de la Montaña como en los Pergaminos del Mar Muerto. Eisenman expresa su opinión de que los Ebionitas eran similares a los autores de los Pergaminos del Mar Muerto. Honraban a Jaime el Justo, y creían que Jesús era su Mesías mortal, a la vez que consideraban a Pablo un Apóstata de la Ley. Cumplían con gran afán la Ley y el Sabbath. Trataban a Jaime con el máximo respeto mientras que a Pablo lo consideraban "El Enemigo" (Mateo 13:25-40) (3).

Según la opinión expresada por los autores Baigent, Leigh y Lincoln en "El Legado Mesiánico", la fuente de las enseñanzas originales de los Ebionitas, Gnósticos, Maniqueos, Sabianos, Mandeanos, Nestorianos y Elkasitas ha sido la filosofía Nazarena. Se refieren al pensamiento Nazareno como:

"Una orientación hacia Jesús y sus enseñanzas que, en última instancia, deriva de la posición Nazarena original, tal como fue articulada por el propio Jesús, y posteriormente propagada por Jaime, Juda o Judas Tomás y su entorno inmediato".

Sus creencias eran:

1. Adherencia estricta a la Ley Mosaica
2. Reconocimiento de Jesús como el Mesías
3. Creencia en el nacimiento humano normal de Jesús
4. Hostilidad hacia los puntos de vista Paulinos

Existe una colección de manuscritos arábigos guardados en una biblioteca de Estambul que contiene citas textuales de los siglos 5 y 6 atribuidas a los "al-Nasara", escritas en sirio y encontradas en un monasterio de Juzistán en el suroeste de Irán cerca de la frontera con Irak. Refleja las opiniones de la jerarquía Nazarena que escapó de Jerusalén tras la destrucción de la ciudad en el año 66 D.C. Jesús es descrito como un ser humano y hace énfasis en la Ley Judaica. Dice de los seguidores de Pablo que "abandonaron la religión de Cristo y se volvieron a las doctrinas religiosas de los Romanos" (4).

De todas las diversas doctrinas que surgieron durante las etapas formativas del cristianismo, sólo parece justificable que merezcan prioridad quienes creyeron en la filosofía Nazarena. Estos primeros cristianos aprendieron del propio Jesucristo el significado del cristianismo.


El Papel de San Pablo

Es evidente que San Pablo y su escuela no se cuentan entre ellos. De hecho, a partir de San Pablo, a medida que el cristianismo se extendía por tierras extrañas y fes paganas del Imperio Romano, comenzó a influenciarse y a inclinarse hacia las culturas y mitologías existentes en aquellas tierras, alejándose cada vez más de su pureza original. San Pablo puso su parte y ejerció su influencia en el deterioro del pensamiento cristiano, introduciendo su propia marca de misticismo personal. El no era de estirpe judía (5) ni tuvo ningún contacto directo con Jesús salvo una pretendida visión. Se encontraba en ese momento, parece ser, bajo la poderosa influencia de las culturas foráneas.

Aparentemente, existían dos opciones para S. Pablo: o iniciar una ardua lucha contra el mundo de supersticiones, mitos y leyendas existentes en las tierras del Imperio Romano desde tiempo inmemorial, o entregarse a ellos y dejar que el cristianismo cambiara para satisfacer sus exigencias y ambiciones. Esto les proporcionaba el mensaje de que el cristianismo no era esencialmente diferente de sus leyendas y mitos. Encontró que la segunda opción era más provechosa y conveniente y permitió que el cristianismo cambiara para adaptarse a las ambiciones y filosofías populares del mundo de los gentiles.

Esta estrategia funcionó bien en tanto en cuanto consiguió un gran número de conversos a la nueva fe que de otra manera no hubieran estado dispuestos a aceptarla. ¡Pero a qué coste! Desgraciadamente acabó en una competición atroz entre los nobles valores cristianos y los mitos paganos. Lo que cambió S. Pablo fueron sólo los nombres de los dioses paganos a los que reemplazó con los de Jesús, Dios Padre y el Espíritu Santo. No fue él quien inventó el mito de la Trinidad y lo introdujo en el mundo pagano en nombre de la cristiandad, al contrario, tomó prestado el mito de la Trinidad de la mitología pagana y lo vinculó al cristianismo. Desde entonces, el viejo paganismo de siempre continuó con nombres nuevos y caras nuevas.

El cristianismo paulino, por tanto, no tuvo éxito en cambiar las doctrinas, mitos y supersticiones del mundo pagano, sino que sólo concluyó cambiando al cristianismo en concordancia con aquel. Si la montaña no respondió a su llamada, decidió ir a la montaña.


La Realidad de Jesús

Obviamente, cada cual tiene la prerrogativa de elegir entre el cristianismo paulino y el de Jaime el Justo y otros líderes del cristianismo que fueron discípulos del propio Jesús. Pero en este punto deseamos dejar claro que la rama principal del cristianismo continuó desarrollándose a lo largo de líneas unitarias y se mantuvo a distancia de innovaciones posteriores que originaron el galimatías y complejidades de los dogmas cristianos tales como la divinidad de Jesús como el "Hijo", la Trinidad, el Pecado Original, la Redención, la resucitación física de Jesús etc. Los criterios de los primeros líderes del cristianismo, entre los que destaca Jaime el Justo, eran simples, honestos y no contenían contradicciones internas ni paradojas ocultas tras un cristal de humo de misterio. El estudio de Unitarismo en la cristiandad establece, sin asomo de duda, el hecho de que la Unidad de Dios, libre de las complicaciones del slogan de la Trinidad, permaneció como la doctrina oficial de la Iglesia de Cristo en su pureza primitiva.

Recuerden, por favor, que este breve tratado no intenta convertir a los cristianos a ninguna otra fe distinta de la de Cristo. Se trata de un esfuerzo genuino para invitar a los cristianos a que vuelvan a la fe y a la práctica pura y no adulterada del propio Jesús. Es un intento sincero de hacer que la ficción retroceda ante los hechos que conformaron el cristianismo. Hechos que son ciertamente bellos por cuanto están basados en la auténtica realidad y satisfacen tanto al corazón como a la mente.

Durante estos casi dos mil años, no han sido las leyendas tejidas alrededor de la realidad de Jesucristo las que han mantenido unido al cristianismo y le han ayudado a sobrevivir a los desafíos de la razón y de la progresiva ilustración nacida del progreso científico, ni se debe su supervivencia a la creencia mística en la Trinidad. Lo que ha mantenido unida la verdad y la esencia del cristianismo es la belleza de la persona y las enseñanzas de Jesucristo. Es la conducta divina y no la persona divina de Jesús a lo que ha sido tan bello adherirse. Fue el sufrimiento, la paciencia, la perseverancia por la causa de ideales nobles y su valiente y firme rechazo de todos los intentos despóticos por hacerle cambiar sus principios, lo que conforma la verdadera columna vertebral del cristianismo. Es, hoy día, tan hermoso y estimable como lo fue siempre antes. Ha influido de manera tan poderosa en las mentes y corazones cristianos, que éstos han permanecido unidos a Jesús y han preferido cerrar sus ojos ante las discrepancias lógicas antes que separarse de él.

Su verdadera grandeza está en el hecho de que transcendió y conquistó las fuerzas de la oscuridad que conspiraron para derrotarle a pesar de ser un ser humano frágil -y nada más que un ser humano-. La victoria de Jesús es algo que ha de ser compartido con orgullo por los hijos de Adán. Tal como nosotros lo vemos, desde el punto de vista islámico, él es uno de los más nobles descendientes de Adán, que enseñó a la humanidad la perseverancia, con su ejemplo, en medio del dolor y el sufrimiento extremo. El logro más noble de Jesús consistió en no rendirse sino en mantenerse firme ante una prueba límite. Fue su vida de sufrimiento y dolor lo que redimió a la humanidad y le hizo conquistar la muerte. Haber aceptado la muerte voluntariamente hubiera sido equivalente a intentar escapar de su estado de sufrimiento. ¿Como podríamos considerarlo un acto de valentía? Incluso el acto de quienes cometen suicidio en situaciones extremas es considerado un mero acto de cobardía. Compartir el sufrimiento en vida es mucho mejor que escapar del sufrimiento a través de la muerte. Por lo tanto, el concepto de que el sacrificio supremo de Jesús está en que aceptó la muerte por causa de la humanidad, es puro sentimentalismo vacío y carente de sustancia.

La grandeza de Jesús, insistimos, radica en su sacrificio supremo durante su existencia. Durante toda su vida, desafió las tentaciones, abandonando y cambiando una vida holgada y de comodidad por otra de sufrimiento. Día tras día se enfrentó a la muerte pero rehusó entregarse, y vivió por la causa de los pecadores para devolverles la vida. Conquistó la muerte, no rindiéndose a ella sino rehusando someterse a ella. La venció con rotundidad y emergió de sus garras allí donde un hombre inferior hubiera perecido. Así demostró su verdad y la verdad de su palabra sin sombra de duda. Así es como vemos a Jesús y por eso es por lo que le amamos. Su voz era la voz de Dios y no la voz de sus propias ambiciones. Dijo lo que se le encargó que manifestara, ni más ni menos que lo que el propio Dios le dijo que dijera. Adoró a Dios a lo largo de toda su vida y sólo le adoró a El, y nunca pidió a ningún mortal que se postrara ante él, ni ante su madre o el Espíritu Santo. Esta es la realidad de Jesús a que invitamos a que vuelvan los cristianos de todas las confesiones y todos los credos.


La Continuidad de la Religión

Nosotros creemos en la continuidad y universalidad de las religiones. Por eso el Islam insiste en que la institución del profetázgo es un fenómeno universal. Esto significa que los profetas han de ser aceptados en su totalidad. El rechazo de uno de ellos de entre la comunidad de profetas equivale al rechazo de todos, porque, en realidad, nos inclinamos ante los profetas porque su llamada procede de la misma fuente. En este contexto, el término "continuidad" debe ser entendido como algo que es similar aunque no exactamente igual que la evolución de la vida. Nosotros creemos en la progresividad del mensaje, que avanza en paralelo con el progreso humano general en todas las esferas de la actividad humana. Así vemos que las formas más primitivas de religiones reveladas, aunque poseían las mismas enseñanzas fundamentales, cubrían áreas relativamente menores de instrucciones detalladas. Es decir, un menor número de mandamientos y prohibiciones. Estos crecieron gradualmente en un mayor número de imperativos y restricciones que iban cubriendo un campo mayor de actividad humana. Asimismo, vemos que las religiones de civilizaciones antiguas se dirigían a una audiencia menor en términos comparativos, perteneciente a tribus, clanes o regiones. Sus mensajes estaban confinados a los requerimientos de aquel tiempo. Podrían ser mejor descritas como religiones tribales, de clan o nacionales. El caso de los Hijos de Israel y las enseñanzas judaicas constituyen una ilustración apropiada para mostrar este punto.

La tendencia histórica de este desarrollo, por tanto, puede ser resumida en dos puntos:

1. una evolución progresiva y una relativa perfección de las enseñanzas.

2. un cambio progresivo de confesiones pequeñas a otras más grandes.

La "continuidad" no significa que la misma religión que fue revelada a Adán, continuó dirigiéndose a la humanidad y que sufrió un cambió gradual y progresivo, ampliando sus campos de instrucción y sus destinatarios. Lo que significa es que en diferentes partes del mundo donde existían distintas civilizaciones que enraizaron y florecieron, las revelaciones divinas dieron origen a estas religiones en correspondencia con el desarrollo social del hombre en dichas partes de la tierra. Todas esas religiones, no obstante, se estaban desarrollando en la misma dirección general.


La Cumbre del Desarrollo Religioso

De todas estas confesiones religiosas, creemos que la religión que se estaba desarrollando en Oriente Medio, fue cultivada y alimentada para que diera origen a las grandes religiones que habrían de servir de tronco principal en la evolución religiosa del mundo. Esto se hace evidente a través del estudio de la historia religiosa. El judaísmo seguido por el cristianismo, y a su vez seguidos por el islam, indica claramente la dirección de la evolución de las enseñanzas religiosas. Entre estas religiones es fácil trazar el rastro hacia atrás y delante en cuanto a la progresión de las enseñanzas, y encontramos que están profundamente interrelacionadas. Es de suma importancia, por tanto, entender este gran esquema de las cosas, que iba a resultar, y de hecho resultó, en la consumación de estas enseñanzas en la forma de una religión universal cual es el Islam.

Es, en este contexto, de sumo interés para los judíos, que traten de entender la importancia de la figura de Jesucristo. Habiendo fracasado en reconocerlo, su caso es similar al de diversas especies de animales que quedaron recónditamente enterradas en la historia de la evolución, no jugando en lo sucesivo ningún papel vital en el árbol de la vida en desarrollo y a punto de alcanzar su cima. Como tal, sólo permanece como un resto histórico que continúa sobreviviendo en su estrecha esfera de existencia.

De la misma manera, el caso de los cristianos es similar al de los judíos. Sólo están un paso más adelantado que ellos y más cercanos al islam en el orden cronológico. De la mayor gravedad, no obstante, son las desviaciones del camino de Jesucristo, creadas por S. Pablo, que han conducido a los cristianos a un rumbo decadente y les ha alejado del Islam más que los propios judíos. Los judíos, después de más de cuatro mil años de existencia, al menos han aprendido la lección de la Unidad Divina que es vital para la vida espiritual de cualquier religión. Sin embargo, a pesar de su cercanía al Islam en las doctrinas básicas, hay otros factores que hacen que los judíos sean más inflexibles a la hora de aceptar el islam en gran número.

Este estudio me hace creer que, a menos que los judíos desarrollen la disposición y actitud mental necesaria para entender a Cristo, y a pesar de las similitudes doctrinales, permanecerán más alejados del islam que los cristianos. Han perdido un vínculo vital, el de Jesucristo, entre ellos y el advenimiento del Profeta Mohammad, la paz y bendiciones de Dios sean con él. Este rechazo de la verdad les ha endurecido hasta tal punto de no están psicológicamente predispuestos a aceptar ningún mensaje nuevo. Continúan esperando a Cristo, cuando la realidad es que Cristo ya vino y se fue. Habiendo fracasado en reconocerlo una primera vez, es mucho más improbable que lo reconozcan de nuevo en su segundo advenimiento. Parecen estar destinados a esperar eternamente al Cristo de sus sueños.

Fue el propio Jesucristo el que había de preparar el sendero para la siguiente religión de rango superior que es el Islam. Esta afirmación no debe ser tomada de manera inflexible. No estamos sugiriendo que los judíos deban aceptar primero al cristianismo y que luego deban dar el siguiente paso hacia el islam. Sería una visión demasiado ingenua de como acontecen las manifestaciones religiosas. Lo que queremos señalar es que un pueblo que rechaza a un profeta o mensajero que, además, no es un profeta ordinario, sino que jugó un papel muy importante en la tarea de educar a las mentes y los espíritus de la gente, actúa así cuando se encuentra espiritualmente y psicológicamente enfermo. A menos que esta enfermedad sea curada y sea rectificada su actitud torcida ante la verdad, es más que improbable que sigan a un profeta que esté situado más allá del eslabón que ya han perdido.

En lo que se refiere a la actitud de los cristianos, sólo pueden ser conducidos a la verdad del Profeta Mohammad, si vuelven a la verdad y realidad de Jesucristo. No sólo era el camino hacia Dios sino que también, al igual que otros profetas, era el camino hacia el profeta que estaba destinado a seguirle. Jesús era únicamente el eslabón intermedio de la parábola del viñedo. La última representación consumada de Dios estaba por llegar. Por lo tanto, a menos que los cristianos retornen de la imagen falsa, mítica e imaginaria de Jesucristo a la mucho más elevada y noble realidad de sus santo maestro, no podrán ser dirigidos al camino que le conectó con el Profeta Mohammad, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él.

El Profeta Mohammad fue una realidad y no una ficción y sólo las realidades conducen a otras realidades. Por consiguiente, serán la realidad de Cristo y no la ficción en la que le han convertido, la que bendecirá a los cristianos para reconocer la verdad del Profeta Mohammad.

1. Eusebius: La Historia de la Iglesia. páginas 90-91 (Penguin 1989)
2. "Los Pergaminos del Mar Muerto Desvelados", R. Eisenman y M. Wise. p.186 (Element Books 1992)
3. Ibid p. 233-34
4." The Messiac Legacy". M.Baigent, R Leigh, H Lincoln, p. 135-138 (Corgi Books)
5. "The Hiram Key". Christopher Knight and Robert Lomas, p.246 (Century 1996)