domingo, 19 de septiembre de 2010

Comunismo cuartelario

No es el progresismo lo que se combate, sino el comunismo cuartelario

MANUEL CABALLERO | EL UNIVERSAL
domingo 19 de septiembre de 2010 12:00 AM
Cuando el Ejército Rojo invadió Hungría y posteriormente Checoslovaquia, se comenzó a hablar en la prensa occidental de Panzerkommunism. Se pensaba en una excelente metáfora reaccionaria: los Panzer eran lo inmensos tanques alemanes. Años después, revisando la correspondencia de Marx y Engels, nuestro muy erudito amigo Demetrio Boersner descubrió allí en la pluma de uno de ellos el término Kasssernkommunism.

Nada mejor para definir lo que se quiere imponer ahora en Venezuela. A través de la historia, al igual que la democracia, la palabra socialismo ha tenido diversas acepciones. En un principio, era socialismo el término más subversivo, mientras que "comunismo" tenía más bien un acento religioso. En tiempos de Marx y de Engels, el "socialismo" había entrado en los salones, mientras que comunismo había, dejado de ser una palabra decente.

De allí lo del manifiesto

Se le ligaba a anarquía, desorden, subversión. Decidieron entonces adoptar la palabra comunismo. Es por eso que se llamó como se llamó el Manifiesto de 1848.

Cuando Engels y Kaustky formaron la Segunda Internacional, luego de la derrota de la Comuna de París, donde campeaban los anarquistas, adoptaron de nuevo el término socialísta, al que le agregaron lo de demócrata: fueron los partidos socialdemócratas, donde dominaba la socialdemocracia alemana, que después de la muerte de Engels, Karl Kaustky se trasformó en el llamado "Papa" de la Internacional.

No queremos hacer de este artículo un comentario erudito sobre la historia de la palabra socialismo. Nos limitaremos a recordar que la palabra socialismo se ha extendido para designar las más diversas cosas, tal como sucedió en el siglo XIX con la palabra democracia. Por supuesto que así como sucedió con el término liberalismo, con el de democracia, incluso con el de nación, muy lejos estaban de serlo quienes con ellos se designaban. Nunca se repite demasiado aquello de La Rochefoucauld: la hipocresía es un homenaje del vicio a la virtud.

Un ornitorrinco político

En el siglo XX, la palabra nación (producto de la Revolución Francesa) se había popularizado mucho, al igual que la palabras socialismo (también un producto francés del 48). El más grande demagogo de la historia, Adolf Hitler, decidió yuxtaponer ambas. Y así nació ese ornitorrinco político llamado nacionalsocialismo, el nazismo.

Nada más alejado del ideal de los primeros socialistas que el nazismo. Pero hay algo en lo cual el comunismo estalinista y el nazismo coincidieron: en que ambos se basaron no en una clase sino en lo que Hannah Arendt llamó con mucha justeza un conglomerado de desclasados de todas las clases.

Aquí entramos en materia, por así decirlo. Porque es precisamente en este terreno donde más se aleja del socialismo "del siglo XXI" que se nos quiere hacer tragar a los venezolanos de los socialismos primigenios, utopías humanísticas y más se acerca a los fementidos socialismos del siglo veinte, sea al nazismo y al estalinismo, lo que Isaac Deutscher llamaba "utopía terrorista".

Tiranías y hasta chifladuras sociales

Pero antes, conviene hablar de cómo se ha extendido, diseminado en el mundo el hábito de llamar "socialismo" a cuanta tiranía y hasta cuanta chifladura social se ha querido cubrir con un nombre prestigioso. Los primeros han sido los socialismos africanos.

Las peores tiranías del continente negro, los regímenes del África subsahariana, buscaron adoptar el término. Incluso uno de ellos, si mal no recordamos uno de los Congos, adoptó por un cierto tiempo la bandera roja con la hoz y el martillo.

No hay que olvidar tampoco que el partido de Hussein, el Baas, era un partido "socialista". Y eso sin olvidar una de las tiranías más estúpidas del universo mundo, el régimen de Corea del Norte.

Todos estos regímenes tienen varias cosas en común: son sumamente corrompidos; han desarrollado un increíble culto a la personalidad de sus dirigentes.

Y lo peor de todo, han sumido a sus pueblos en la más atroz miseria.

Para ellos, el socialismo es la igualdad en la miseria. La miseria de sus gobernados, porque sus líderes nadan en la abundancia.

Comunismo de cuartel

Por último, estos regímenes tienen una cosa en común: son regímenes militares. La "igualdad" que pregonan es la de los cuarteles: por un lado, son iguales en una cosa: la obediencia al Jefe Supremo. Por lo otra, su alimento es la magra pitanza cuartelaria, el infame "rancho" que ingieren los soldados.

Ese es el significado de lo que Marx llamaba Kassernkommunism .Allí todo está en común, pero en la obediencia, en la miseria y el encierro entre las cuatro paredes de un cuartel. Eso sí, buscando siempre un enemigo que supuestamente nos amenaza, para mantener a los soldados atemorizados, prestos a la obediencia y a la miseria.

Hoy, algunos pretenden que en Venezuela, la oposición está desarrollando una campaña anticomunista, al estilo del macartismo. Nada más falso: no es el progresismo lo que se combate, sino el comunismo cuartelario.

hemeze@cantv.net

martes, 7 de septiembre de 2010


Comunismo y poder
Massimo Desiato


Es Lenin, en El Estado y la revolución , quien, interpretando a Marx, funda las bases del comunismo como dictadura de un solo hombre


Existe una razón por la cual Chávez, entre otros motivos, abraza la ideología comunista. Se trata de su permanencia indefinida en el poder cueste lo que cueste. En esto el comunismo es un formidable dispositivo teórico para proporcionar argumentos en favor del poder indefinido. Así lo muestran las diversas experiencias históricas, desde Stalin hasta Castro.

Es Lenin, en El Estado y la revolución, quien, interpretando a Marx, funda las bases del comunismo como dictadura de un solo hombre. Analizando la extinción del Estado, paso propio del comunismo, identifica la consecución de la plena libertad con la desaparición de la institución estatal y del consecuente cuerpo de derechos que de ella se desprenden.

Siguiendo a Marx, Lenin señala dos etapas o fases del comunismo. La primera es llamada también socialismo, confundiendo las ideas, pues se trata de un socialismo revolucionario que Chávez, por ejemplo, se cuida mucho de aclarar. En realidad, Venezuela ahora se encuentra en la primera fase del comunismo, aquella caracterizada por la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. La segunda fase es, en cambio, aquella que se ocupa del consumo. No habrá comunismo pleno hasta que se distribuyan los bienes no en función del trabajo que cada individuo realiza, sino en función de las necesidades de las personas. Esto es así porque si se distribuyera según el trabajo los individuos con más meritos reintroducirían la desigualdad.

Citando a Marx, Lenin sostiene que distribuir según el trabajo y no según las necesidades es un "defecto inevitable en la primera fase del comunismo, pues, sin caer en utopismo, no se puede pensar que, al derrocar el capitalismo, los hombres aprenderán a trabajar inmediatamente para la sociedad sin sujeción a ninguna norma de derecho; además, la abolición del capitalismo no sienta de repente tampoco las premisas económicas para este cambio".

¿Y cuándo acontecerá este cambio entonces? Y aquí Lenin muestra toda su habilidad para fundar las bases de un comunismo que lo que implica es un poder indeterminado en las manos del líder, al decir que ningún honesto comunista podrá decir cuándo se llegará a la segunda fase del comunismo. Según sus palabras, "... dejando completamente en pie la cuestión de los plazos o de las formas concretas de extinción (se refiere a la primera fase del comunismo), pues no tenemos datos para resolver esta cuestión".

Con lo cual cabe suponer que la segunda fase del comunismo no llegue nunca (como en efecto ha sucedido en todas partes) y la revolución ­su retórica­ se vuelva permanente, dejando en este caso a Chávez el argumento de que, mientras no se realice completamente el comunismo, él es imprescindible para los destinos de la nación. En otras palabras, los mismos comunistas tienen severas dudas de que el comunismo se realice, pero no se preocupan, pues así pueden disfrutar de todos los privilegios de la primera fase del comunismo, que en realidad son la distribución del consumo a quien no trabaja, mandando a la porra la cuestión de las necesidades.

Así la primera fase del comunismo o socialismo revolucionario se traduce, en la práctica, a un trepar posiciones políticas para estar lo más cerca del máximo líder que distribuye prebendas en aras de su iluminada sabiduría en la conducción del comunismo por el camino de su realización. Puede verse cómo el comunismo es una maquinaria perfecta para decirse democrático y actuar de forma parecida a los poderes dictatoriales.

Algo que Chávez maneja a la perfección.

lunes, 6 de septiembre de 2010

"El vínculo religioso de Chávez con los votantes es el problema"


ENTREVISTA // Ángel Álvarez, director del Instituto de Investigaciones Políticas de la UCV
"Es reto de la ciencia política explicar cómo un gobierno lleno de fallas no perjudica la imagen presidencial"



Ángel Álvarez sostiene que el gen democrático persiste en el ADN de los venezolanos y eso hace muy difícil la imposición del personanlismo autoritario
ROBERTO GIUSTI | EL UNIVERSAL
domingo 5 de septiembre de 2010 12:00 AM
Contenido relacionado
La originalidad del proceso Ángel Álvarez personifica ese tipo de politólogo que no se deja confundir con el político de oficio con el politólogo que dice lo que su asesorado quiere que diga. Por eso reconoce que el fenómeno Chávez escapa a las fórmulas convencionales del análisis racional, capaz de desafiar el sentido común y poner a votar a un elector por el causante de los males que le agobian. Incluso va más allá y al comentar el proceso de desinstitucionalización que vive el país desde hace veinte años, advierte que rescatarlo tomará, al menos, cinco o seis años.

-¿Hasta qué punto puede influir en los resultados electorales el ventajismo del oficialismo, con el Presidente como sujeto fundamental de la campaña?

-Influye en la medida en que el Presidente ha transformado esta elección, una vez más, en un plebiscito. El se convierte en tema de campaña y hace pensar a los electores del chavismo blando, quienes eventualmente pudieran abstenerse o votar por la Unidad, que su futuro como líder político está en riesgo. Así ellos terminarían votando por él aunque no se trate de una elección presidencial.

-¿No tiene razón Chávez al suponer que unos resultados electorales adversos sí influirían negativamente sobre su futuro y sus intenciones de permanecer en el poder?

-No necesariamente porque su cargo no está siendo sometido al escrutinio popular en esta elección. Lo que sí puede implicar es una disminución del poder de su partido y de él mismo en la Asamblea Nacional. Una circunstancia como esa se convertiría en un freno a la radicalización de las políticas que, como ya anunció, pretende implantar desde la mayoría.

-¿Esa estrategia no es nueva y la utilizó en todas las campañas, cualesquiera fuese la naturaleza de la elección. Pero, ¿tienen el Presidente, en esta oportunidad, la misma capacidad de aportar votos para sus candidatos como en el pasado?

-Esa capacidad ha disminuido pero él sigue siendo el único activo del PSUV para competir en el mercado electoral. Eso es así porque los factores que esgrime un partido en la campaña, como las realizaciones del Gobierno, están muy mal en el caso venezolano y la identificación partidista, aunque el PSUV es el partido con mayor número de adherentes, no da para ganar una elección de este tipo. De manera que el único activo fuerte que les queda es la propia imagen presidencial y la seguirán usando hasta que se agote.

-¿Les alcanzará para lograr la mayoría en la Asamblea Nacional?

-Es muy difícil estimar los resultados por la manipulación que se hizo de las leyes electorales, en este caso, la redefinición de los circuitos y la readjudicación de la población por estados. Esas variables hacen muy difícil estimar los resultados, pero al margen de éstos, al oficialismo no le queda sino acudir a esa estrategia. Cualquier otra, como afianzarse en la gestión de los diputados sería absurdo porque la mayoría de ellos tuvo un desempeño tan malo que el propio Presidente los reemplazó por otros. Afianzarse en la gestión gubernamental sería otro error porque está muy mal evaluada. Entonces, como fallan en estas variables, solo les queda el Presidente, así esté disminuido.

-¿No es ya perfectamente identificable la figura del Presidente con el fracaso de su Gobierno? ¿No percibe la gente que en un régimen tan personalista Chávez es el responsable de todo lo que se haga o se deje de hacer?

-En condiciones normales debería ser, y el reto más importante de la ciencia política en Venezuela es explicar por qué un gobierno con tantas fallas no conduce al deterioro grave de la imagen del Presidente.

-¿Cuál sería la respuesta? -La única respuesta deriva de lo que muchos politólogos llaman "la identificación religiosa del electorado". Algunos de esos electorados se identifican religiosamente con sus líderes y en este caso Chávez ha tratado de convertir al chavismo en una especie de devoción, más que en un movimiento político. Ese tipo de vínculos con liderazgos personalistas resiste el deterioro de la gestión porque lo último que quiere perder el votante chavista es la esperanza de la redención. Así, el Presidente es la última esperanza que no quiere perder. Entonces lo perdona, lo exculpa, dice que no es responsable porque no está enterado del deterioro del Gobierno. Se trata de un mecanismo sicológico para no aceptar el alto costo anímico que supone perder al líder.

-Si eso es así, la oposición está ante un grave problema porque no parece haber mecanismos racionales, argumentos lógicos, razones extraídas de la realidad, para combatir esa fortaleza de Chávez en sus vínculos, digamos metafísicos, con sus votantes.

-Sin duda. Pero eso sería más grave si la elección fuese presidencial. El reto de la Unidad Democrática es decirle a los electores que si bien Chávez es responsable de lo malo que ha sido este Gobierno, lo que se plantea en este momento es una Asamblea Nacional que equilibre los poderes y el Presidente se vea obligado a ser más eficiente. Eso es muy racional, ciertamente, pero ante un discurso carismático la oposición no puede armar uno similar porque nadie cambia de un día para otro. La gente sigue creyendo en su dios pero puede buscar explicaciones alternativas. Se trata de explorar fórmulas racionales, sin convertirse en amenaza para las creencias fundamentales de la gente y planteando salidas en términos de eficacia, de provisión de seguridad, empleo y bienestar económico.

-Eso está muy bien para este proceso y decías que el asunto no es tan grave porque no se trata de unas elecciones presidenciales. Sin embargo, éstas están casi a la vuelta de la esquina y lo que ocurra en las parlamentarias va a influir en las presidenciales. ¿No es la única posibilidad de enfrentar con éxito a Chávez, presentarle un contendor con características similares, capaz de despertar la magia en la gente?

-No lo creo. Hasta donde yo sé de lo que ha ocurrido con procesos de este tipo en el mundo, los liderazgos personalistas no se compensan con otros similares. Eso lo demuestran casos brutalmente autoritarios como los de Hiltler o Mussolini u otros, semiautoritarios, como los de Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil o Cárdenas en México. Esos liderazgos no se construyen arbitrariamente o en laboratorios. Se trata de procesos espontáneos y por eso la crisis de un liderazgo de esa naturaleza se resuelve por una organización. El reto fundamental de las fuerzas democráticas venezolanas es, entonces, construir una organización de base, un tejido social que permita a la gente conseguir una alternativa distinta al personalismo porque no hay forma de construir ese liderazgo personalista y, además...

-No es bueno...

-No es sano.

-Vistas las características de un liderazgo, que en el caso venezolano, se remonta al siglo XIX, ¿no estamos retrasados con relación a otros países del continente, donde los electorados se pronuncian por candidatos con criterios, apegados al sentido común y a la racionalidad?

-Eso es consecuencia del proceso de desintitucionalización de los 90. Obra de una parte de la élite política (Rafael Caldera) o incluso de actores de la élite económica, con el propósito de sustituir una clase dirigente percibida como corrupta, sin apercibirse de que la destrucción de AD y Copei implicaba la desaparición de la institucionalidad. Así se dejó abierta la puerta al personalismo. Eso ocurrió en Alemania de entreguerras y surgió Hitler. Aquí dimos un salto atrás similar, pero ahora se plantea la tarea de superar el personalismo, entronizado incluso en algunos partidos de oposición. Se trata de un proceso largo. Nuestro último proceso histórico, en esa dirección, fue la construcción de AD, iniciada por Betancourt, desde la redacción del Pacto de Barranquilla, 20 o 25 años antes de cristalizar la organización política que tomó el poder en 1945 y en forma más definitiva en 1958.

-¿Habrá que esperar tanto tiempo?

-Para ser optimista diría que ya por lo menos se avanzó 11 años.

-Nos quedarían 15.

-Por lo menos cinco o seis más de esfuerzo. Pero mientras más pronto se inicie la tarea, más pronto la culminaremos. Solo que mientras haya liderazgos opositores que dividen o boicotean cualquier esfuerzo unitario, porque no aparecen a la cabeza de las candidaturas, se entorpece más el proceso.

sábado, 14 de agosto de 2010

El Nuremberg del comunismo



(Tomado de Venezuela Analítica
Traducción de Carlos Armando Figueredo

Guy Surman/Le Monde




Los Khmers rojos mataron a nombre de Marx, Lenin y Mao. Pero prefieren terminar como renegados antes que marxistas, El comunismo es real, pero no es verdadero, ya que nadie cree en él







Un acontecimiento considerable se produjo, en Phnom Penh, el 26 de julio. Un tal “Douch” fue condenado a treinta y cinco años de prisión por haber dirigido, de 1975 a 1979. El centro de tortura de la capital: algunas 12.000 víctimas. Douch fue pues uno de los engranajes de la máquina de exterminio de los Khmers rojos.

Contrariamente al tribunal de Nuremberg que, en 1945, juzgó a los dignatarios nazis, de Tokio, en 1946, contra los fascistas japoneses, o de La Haya contra los crímenes de Yugoslavia, el proceso de Phnom Penh no es administrado por potencias victoriosas: opera en el seno de la justicia camboyana, ciertamente financiada por las Naciones Unidas.

¿Es imperfecta la legitimidad de ese tribunal? Sigue siendo superior a la de Nuremberg. Douch habría alegado que obedecía a órdenes de sus superiores: evidentemente, ya que tal fue la defensa de los dirigentes nazis, en Nuremberg, y de Adolf Eichmann, en Jerusalén, en 1961.

¿A quién se juzga en verdad en Phnom Penh? Subsiste en los medios algo así como una tentación de reducir los crímenes de Douch a circunstancias locales. Ciertamente, ya no estamos en 1975 cuando Libération publicaba “La bandera de la Resistencia ondea sobre Phnom Penh”. Y Le Monde, en un editorial publicado el día de la condena de Douch, admitió que su redacción dio prueba, en la época, de una ceguera horrorosa. Sin embargo, no todo se ha dicho que uno sepa.

Un lector poco informado podría creer que en 1975 cayó sobre Camboya una lamentable catástrofe. Bajo el nombre de “Khmers rojos”, y que esa rebelión. Que no se sabe de donde vino, habrá matado a una cuarta parte de la población. ¿A quién a qué debería uno imputarle lo que el tribunal calificó de “genocidio”. ¿No sería culpa de los americanos? Al instalar en Camboya un régimen a su sueldo, no habrán provocado ellos algo así como un choque de retorno, una reacción nacionalista?

¿O bien, no sería acaso ese genocidio una herencia propia de la civilización Khmer? Historiadores relativistas hurgan el pasado del lado de Angkor Vat (construido por esclavos, un signo premonitorio, ¿no es cierto?) para excavar un precedente. Pero, el arma del crimen, la hallará uno más bien en el hecho de que los Khmers rojos declaraban: del mismo modo en que Hitler había descrito sus crímenes por adelantado, Pol Pot había explicado que destruiría a su pueblo para crear uno nuevo.

Pol Pot se decía comunista; se había hecho tal, en París. En los años 1960. En vista de que Pol Pot y su régimen se decían comunistas —de ningún modo los herederos de alguna dinastía camboyana—. Hay que admitir que eran verdaderamente comunistas.

Lo que los Khmers rojos impusieron fue el comunismo real; no hubo, en términos conceptuales o concretos, distinción radical entre su reinado y el estalinismo, el maoísmo, el castrismo o Corea del Norte.

Los regímenes comunistas siguen todos trayectorias extrañamente semejantes, que apenas colorean las tradiciones locales. En todos los casos, esos regímenes pretende hacer tabla rasa del pasado y crear un hombre nuevo; en todos los casos, los burgueses, los intelectuales y los escépticos so exterminados.

Los Khmers rojos reagruparon la población urbana y rural en comunidades agrícolas copiadas de los precedentes ruso y chino, los kolkhoses y las comunas populares, por las mismas razones ideológicas y con el mismo resultado: la hambruna. Bajo todas las latitudes, el comunismo real chapotea en la sangre: exterminio de los koulaks en Rusia, Revolución cultural en China. Exterminio de los intelectuales en Cuba. El comunismo real, sin masacre, sin campos de concentración, goulag o lagoai, eso no existe. Y si eso no ha existido, hay que concluir que no podía ser de otro modo: la ideología comunista conduce a la violencia de masa porque la masa no quiere comunismo real.

El proceso de Douch es pues el primer proceso de un apparatchik comunista responsable en un régimen oficial y realmente comunista (una tesis que comparto con Francis Deron, autor del remarcable Proceso de los Khmers rojos, Gallimard, 2009). El proceso del nazismo fue instruido en Nuremberg, en 1945, el del fascismo japonés, en Tokio, en 1946, ¿pero el del comunismo?

Las escasas condenas de dirigentes comunistas en Europa del Este se pronunciaron a título individual más que sistémico. A pesar de que el comunismo real haya matado o degradado más víctimas que el nazismo y el fascismo reunidos, el proceso concreto del comunismo real nunca se había realizado sobre los lugares del crimen, hasta Phnom Penh.

Allí donde los comunistas conservan el poder —La Habana, Pekín, Hanoi—, se siguen beneficiando de una vaga inmunidad progresista. Donde perdieron el poder, los comunistas han organizado su propia inmunidad, reconvirtiéndose en social-demócratas, en hombres de negocio, en líderes nacionalistas: caso general de la ex Unión Soviética.

El único proceso posible y concreto, el del comunismo real por sus víctima, no se ha dado pues sino en Camboya, Para el futuro, hay que imaginarse, lo que es incierto, un proceso comunista en Pyongyang, intentado por víctimas coreanas, o un proceso de Pekín. Si esos procesos se dieran algún día, uno se asombraría ante la similitud de los crímenes y de ls defenss: por odas partes acusados sin valentía se describirían como marionetas pasivas, bajo las órdenes de un superior que no se halla.

Una característica extraña del comunismo real, revelada en Phnom Penh, es que después de su caída, ningún apparatchik comunistas no se dice más comunista. El proceso de Pho, Penh muestra cuan útil es el marxismo para reivindicar el poder, asumir el poder y ejercerlo de manera absoluta, pero el marxismo como ideal no es reivindicado por nadie, ni siquiera por sus antiguos dirigentes.

Los Khmers rojos mataron a nombre de Marx, Lenin y Mao. Pero prefieren terminar como renegados antes que marxistas, Esa cobardía de los Khmers rojos ante sus jueces revela al comunismo bajo un nuevo día: el comunismo es real, pero no es verdadero, ya que nadie cree en él.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Cuba: burocracia y fuerzas contrarrevolucionarias

Guillermo Almeyra



La cubana no fue una revolución radical y profunda de masas para cambiar el sistema: fue una revolución antidictatorial, democrática y antimperialista radical, contra la corrupción y la violencia, dirigida por un grupo reducido y heterogéneo de jóvenes revolucionarios de clase media, en cuyo seno sólo unos pocos eran comunistas y que, además, tuvo que vencer la resistencia del partido comunista cubano (el PSP, entonces) y la suspicacia del Partido Comunista soviético, al mismo tiempo que los intentos del gobierno de Estados Unidos de cooptar a su dirección, e incluso a Fidel Castro.

Ésta llegó al gobierno en 1959 con el apoyo militante y entusiasta de la mayoría de la población y de los trabajadores urbanos y rurales más pobres, porque pocos apoyaban al batistismo, pero no con un proyecto de construcción del socialismo ni con un pueblo ganado mayoritariamente a la idea socialista. Fue la presión contrarrevolucionaria del imperialismo la que obligó a solamente una parte del gobierno antibatistiano –dirigida por Fidel Castro– a avanzar con contramedidas sociales y políticas, lo cual hizo que muchos flamantes ministros, encabezados por el presidente Manuel Urrutia, y hasta comandantes revolucionarios, se exiliasen en Miami asustados por la profundización de ese proceso.

La misma Unión Soviética dudó mucho antes de reconocer a Cuba (más de dos años), Fidel Castro declaró que Cuba era socialista sólo después de rechazar la invasión de Playa Girón en 1961 y fue hasta 1972 que Cuba entró en el Comecon o Came, el sistema económico-político dirigido por la burocracia soviética.En ese lapso se habían producido ya varias depuraciones: en primer lugar, la de la burguesía cubana y sus servidores, que en ondas sucesivas huyeron a Miami, dando de paso homogeneidad política y social a la inmensa mayoría del pueblo cubano, que es independentista, antiimperialista y por muchos años comenzó a luchar contra el capitalismo con una visión internacionalista.

La otra depuración, en el marco del aparato burocrático, fue la liquidación del grupo más sectario y ligado a los soviéticos en el aparato estatal cubano –la “microfracción” del secretario de organización del partido, Aníbal Escalante–, pues la misma quería transformar a Cuba en un seudo Estado independiente de la URSS, como los de Europa Oriental, a pesar de que el sometimiento incondicional al Kremlin desde hacía rato hacía aguas en el mundo, con la rebelión yugoslava de 1948, la húngara de 1956, la crisis con China y con los principales partidos comunistas europeos.

La originalidad de la revolución en la isla consistió en que fue parte de la revolución anticolonialista mundial y se hizo en tiempos de crisis profunda del estalinismo y después de la muerte de Stalin.

Recuerdo todo esto, que es conocido pero, en los hechos, olvidado o mistificado, para subrayar algunos puntos esenciales: un gobierno revolucionario asume el control de un país capitalista, en el que aún no tiene base social sino que debe construirse una concepción contrahegemónica, anticapitalista, socialista. El poder, sobre todo en los pequeños países dependientes, está todavía en buena medida en manos del capital internacional que, con el mercado mundial, su tecnología y sus finanzas, domina y arrastra a la escasa y débil burguesía nacional, que se fusiona con aquél y es antinacional.

En Cuba el capitalismo no reside en una burguesía que huyó del país y se ubicó en Miami, sino en la dependencia del mercado mundial capitalista y en la influencia cultural hegemónica capitalista, heredada junto con el aparato del Estado por el gobierno revolucionario, que es continuamente frenado por el espesor sociocultural de aquél, entre otras cosas porque a la tradición del aparato estatal capitalista se agregó el burocratismo importado de los soviéticos.

En Cuba hay lucha por construir el socialismo, voluntaria y conscientemente, pero no hay socialismo porque éste es imposible en una pequeña isla poco poblada, tal como fue imposible en la vasta Unión Soviética, y se construye recién cuando la sociedad autorganizada comienza a diluir el aparato habitual del Estado y a asumir muchas de sus funciones, cosa que no sucede hoy ya que el aparato de Estado se refuerza y constituye lo que –Lenin decía– imperaba en los primeros años en la Unión Soviética, o sea, un capitalismo de Estado con un gobierno anticapitalista: un capitalismo sin capitalistas.

La burocracia es en cierta medida inevitable no sólo por la escasez y el atraso técnico, que le da un papel de intermediario, sino también porque en un largo periodo de transición subsiste la diferenciación entre “los que piensan y deciden” y “los que ejecutan”. Para controlarla políticamente, aunque no sea muy fácil controlarla en su papel de intermediaria en un régimen de escasez acentuado por el bloqueo imperialista, no hay otra arma que la participación consciente y militante y el control de los trabajadores en todas las instancias de la vida: social, cultural, económica, productiva, en la elaboración de planes, en la supervisión constante de los mismos. La lucha burocrática contra la burocracia –inspectores, comisiones, evaluaciones, etcétera– es necesaria pero insuficiente.

El único antídoto antiburocrático es la democracia plena en el partido y en toda la vida social y política, con la consiguiente posibilidad de discutir en aquél, de disentir, de hacer contrapropuestas y con la consiguiente libertad, respetando siempre la defensa del país sitiado, para quienes disienten pero no organizan acciones contrarrevolucionarias.

El intento de sustituir las decisiones de los trabajadores mediante un aparato “iluminado” fomenta la ineficiencia y la corrupción, además del amiguismo. O sea, elementos culturales capitalistas, no socialistas. Y el esfuerzo por acallar voces revolucionarias disidentes, partidarias de la autogestión, lleva a la pasividad política, al desarme ideológico. Todo eso es contrarrevolucionario, sobre todo en un periodo en que Cuba y la lucha por la liberación nacional y social se preparan a sufrir duras pruebas debido a la situación mundial. Democracia plena y autogestionaria: ese es el remedio contra la burocracia, que es la principal fuerza contrarrevolucionaria.

martes, 3 de agosto de 2010

Ejercitos de Venezuela y Colombia





COLOMBIA
EL EJÉRCITO COLOMBIANO




Pese a los distintos procesos de paz que se intentaron en los últimos años, Colombia sigue siendo escenario de cruentas luchas con las organizaciones guerrilleras y los narcotraficantes. En vista de ello es que el Ejército colombiano continúa su expansión y ha llegado a superar los 181.200 hombres, lo que lo ubica en el segundo lugar detrás de Brasil. Esta fuerza se diferencia de los demás ejércitos de la región por estar constituido por elementos de combate ligeros, equipados con armas livianas y que se movilizan sobre medios aéreos de alas rotativas.


Organización Operacional
Siete elementos de magnitud GUB son los responsables de una gran parte de los medios humanos y materiales del Ejército.
* I División del Ejército (Santa Marta).
* II División del Ejército (Bucaramanga) .
* III División del Ejército (Cali).
* IV División del Ejército (Villavicencio) .
* V División del Ejército (Bogotá).
* VI División del Ejército (Conjunta) (Base Aérea Tres Esquinas).
* Fuerza de Despliegue Rápido (Bogotá)
La FDR es una de las últimas innovaciones para combatir la guerrilla y esta integrada por la Brigada de Aviación de Ejercito, la Brigada Contra el Narcotráfico y la Brigada de Fuerzas Especiales.
Un total de 19 Brigadas de Infantería integran las Divisiones de Ejército, en tanto que 9 Brigadas Móviles de Contraguerrillas y 12 Agrupaciones de Fuerzas Especiales Antiterroristas Urbanas operan bajo control directo del Comando del Ejército.
Tropas de las Divisiones:
* I Brigada (Tunja - Boyacá).
* II Brigada (Mecanizada) (Barranquilla) .
* III Brigada (Cali).
* IV Brigada (Medellín).
* V Brigada (Bucaramanga) .
* VI Brigada (Ibagué -Tolima).
* VII Brigada (Villavicencio -Meta).
* VIII Brigada (Armenia).
* IX Brigada (Neiva-Huila) .
* XI Brigada (Montería).
* XII Brigada (Florencia -Caquetá).
* XIII Brigada (Bogotá).
* XIV Brigada (Puerto Berrio).
* XVI Brigada (Yopal).
* XVII Brigada (Carepa).
* XVIII Brigada (Arauca).
* XXIV Brigada (Mocoa).
* XXVI Brigada (Leticia - Amazonas).
* XXVII Brigada (Mocoa - Putumayo).
* Comando Específico de Oriente (Puerto Carreño - Vichada).
Tropas del Ejército:
* Brigadas Móviles de Contraguerrillas (Numeradas de la 1 a 9).
* Brigada Móvil 1
* Brigada Móvil 2
* Brigada Móvil 3
* Brigada Móvil 4 (Montería)
* Brigada Móvil 5 (Bucaramanga)
* Brigada Móvil 6 (Popayán)
* Brigada Móvil 7 (San José del Guaviare)
* Brigada Móvil 8 (Fusagasuga)
* Brigada Móvil 9 (Granada)
* Brigada Contra el Narcotráfico (Larandia, Caquetá)
* Brigada de Fuerzas Especiales (Bogotá)
* Fuerzas Especiales Antiterroristas Urbanas (12 Agrupaciones) .
* Brigada de Aviación (Bogotá).


LA ARMADA COLOMBIANA




Con 1.300 km de costas en el Pacífico y 1.600 en el Atlántico, los intereses principales de la Armada de la República de Colombia se encuentran en el Mar Caribe. Esto se debe fundamentalmente a dos hechos puntuales, uno de carácter externo relacionado con la defensa de la soberanía y la integridad territorial de Colombia debido a la presencia de reservas de petróleo que han generado una serie de disputas con la vecina Republica de Venezuela; el otro relacionado con la seguridad interna y debido al accionar de los grupos narcoterroristas que lo han elegido como la ruta principal de su estructura logística48. Asimismo el control de la vasta red fluvial que cruza el territorio de norte a sur es vital. La interdicción marítima y fluvial que ejecuta la ARC tiene como finalidad contribuir al objetivo institucional de las FFAA de derrotar a las organizaciones narcoterroristas hacia el 2007.


Organización y Equipamiento
La Armada Colombiana esta compuesta por 22.200 efectivos y cuenta con 4 unidades de superficie mayores, 4 submarinos (2 de ellos “de bolsillo”), 23 aeronaves y aproximadamente 10.000 Infantes de Marina.
Se estructura en:
* Comandante de la Armada.
* Jefatura de Desarrollo Humano.
* Jefatura de Operaciones Logísticas.
* Jefatura de Operaciones Navales.
* Jefatura del Comando de Infantería de Marina.


Organización Operacional
Jefatura de Operaciones Navales. Se estructura en:
* Comando de la Fuerza Naval del Atlántico.
* Comando de la Fuerza Naval del Pacífico.
* Comando de la Fuerza Naval del Sur.
* Comando de la Aviación Naval.
* Comando de Guardacostas.
El Comando de la Fuerza Naval del Atlántico (CFNA)49 basado en Cartagena, reúne a la masa de los medios de superficie mayor, esta integrado por:
* Flotilla de Superficie (FSUA), Cartagena.
* Flotilla de Submarinos (FSUBFA), Cartagena.
* Grupo Aeronaval del Caribe, Cartagena.
* Comando Específico San Andrés y Providencia. Apostadero Naval 11, Estación de Guardacostas (Islas San Andrés).
* Brigada Infantería de Marina Nro 1 (BRIM-1).
* Base Naval ARC Bolívar, Cartagena.
* Comando Guardacostas (CGATO), Estación de Guardacostas Cartagena.
El Comando de la Fuerza Naval del Pacifico (CFNP), con base en Bahía de Málaga esta integrado por:
* Base Naval ARC “ Bahía de Málaga “, Bahía de Málaga.
* Grupo Aeronaval del Pacifico, Bahía Solano.
* Flotilla de Superficie del Pacifico, Bahía Solano.
* Comando de Guardacostas del Pacifico Bahía de Málaga.
* Brigada Infantería de Marina Nro 2 (BRIM-2), Bahía de Málaga.
El Comando de la Fuerza Naval del Sur (CFNS) con sede en Puerto Leguizamo esta integrado por:
* Base Naval ARC “ Puerto Leguizamo “, Puerto Leguizamo.
* Batallón de Fusileros de Infantería de Marina Nro 4 (BFIM-4), Puerto Leguizamo.
* Apostadero Fluvial ARC “ Leticia “, Leticia.
* Escuadra Fluvial de la Fuerza Naval del SUR (EFFNS), Puerto Leguizamo.
* Brigada Fluvial de Infantería de Marina (BFIM), en Mocoa.
A fin de cubrir las áreas jurisdiccionales marítimas, fluviales y terrestres, la ARC cuenta con Fuerzas Navales y de Infantería de Marina distribuidas en el Mar del Caribe, el Océano Pacifico y en las principales arterias fluviales del sur del país.


Fuerza Naval del Atlántico o Caribe
La Fuerza Naval del Caribe ejerce su jurisdicción sobre el Mar Caribe colombiano y en cuatro departamentos de la costa norte del país. Para ello cuenta con unidades de Superficie y Submarinas; el Grupo Aeronaval del Caribe (aviones y helicópteros) ; el Grupo de Guardacostas del Caribe (patrulleros, lanchas, estaciones de radar, etc.) y la 1ra Brigada de Infantería de Marina. La Base Naval principal de la ARC es la de Cartagena, donde también se efectúan las reparaciones más importantes de los buques.


Fuerza Naval del Pacífico
La Fuerza Naval del Pacífico tiene como responsabilidad la costa del Océano Pacifico, su jurisdicción abarca desde la frontera con Panamá hasta la frontera con Ecuador. Dispone de unidades navales, guardacostas, estaciones de radar y la 2da Brigada de Infantería de Marina. La base más importante es la Base de Buenaventura.


Fuerza Naval del Sur
El control de los ríos fronterizos con Ecuador, Perú y Brasil (Putumayo y Amazonas) son tarea de la Fuerza Naval del Sur y de la Brigada Fluvial de la Infantería de Marina con sus seis Batallones Fluviales y con el apoyo del componente naval, cumple la misión de ejercer el control fluvial de los principales ríos navegables del territorio colombiano50.
Las embarcaciones con que está dotado este gran comando son numerosas y variadas, siendo su origen tanto norteamericano como colombiano. Estas últimas construidas por el Astillero Naval de Cartagena de Indias, que ha desarrollado el patrullero fluvial blindado Clase Lodoño (ARC 146 Cabo Wilson Lodoño) y de las que se contempla construir un total de entre 8 y 12 unidades, de las cuales en 2003 operaban sólo 2.


Comandos Fluviales Medios Fluviales
Fuerza Naval del Sur:
* Flotilla del Putumayo.
* Flotilla del Caquetá.
Comando Unificado del Sur:
* Flotilla Naval del Magdalena Medio.
* Flotilla Fluvial de Oriente.
* 2 Cañoneros Fluviales Clase Arauca.
* 2 PCR Nodriza Fluvial Clase Lodoño.
* 4 PCR Remolcador-Nodriza Fluvial Clase Hernández.
* 2 PCR Remolcador Fluvial Clase Igaraparana.
* 3 PCR Clase Arauca (45ft).
* 10 PCR Clase Diligente.
* 9 PB Clase Tenerife (40ft).
* 5 PB Clase Rio Magdalena.
* 20 PB Clase Delfín.
* 60 PB Guardian/Pirañ a, Zodiac.


Fuerza Submarina - Flotilla de Submarinos
La Fuerza Submarina esta conformada por los 4 submarinos; 2 Tipo U-209/1200 alemanes y dos “de bolsillo” (60 ton) Cosmos SX-506 de origen italiano especialmente diseñados para operaciones con tropas de comando.


Unidades de Superficie - Flotilla de Superficie
Las principales Unidades de Superficie son 4 Corbetas Tipo FS-1500 Clase Almirante Padilla de origen alemán adquiridas en los 80. Estas unidades desplazan unas 2.100 toneladas a plena carga y están armadas con misiles Exocet MM-40, son capaces de operar con hasta un helicóptero mediano.
Estas son las únicas unidades de combate de superficie principales que dispone la ARC y es por ello que a pesar de la extensión de su litoral marítimo y que sus costas están tanto en el Caribe como en el Pacifico, queda relegada al último lugar en cuanto a cantidad de entre las tres naciones Bolivarianas.
Además mantiene una considerable fuerza de Patrulleras y Lanchas de alta velocidad y maniobrabilidad para mantener la seguridad marítima, entre las que se destacan las unidades Clase Asheville, Cormoran y Orca.
La ARC carece de unidades de guerra anfibia específicas, así como de transporte marítimo. Sin embargo los buques logísticos de origen alemán Clase Lüneburg (Tipo 701A alemán) sirven como buques multipropósito y posibilitan no sólo apoyar logísticamente sino también como transporte de tropas, buque hospital, centro de comando, etc.
Otros buques auxiliares importantes son los balizadores y las unidades oceanográficas e hidrográficas, especialmente las dos unidades Clase Providencia dotadas de alta tecnología para labores de investigación al servicio de la comunidad científica nacional.


Aviación Naval
La Aviación Naval, esta dotada con aeronaves de ala fija y rotativa. Los helicópteros son capaces de operar desde las Fragatas y Buques Multipropósito. Sus misiones abarcan la observación para el tiro más allá del horizonte, evacuaciones de personal, SAR y apoyo logístico. Los aviones conducen operaciones de patrullaje en las áreas marítimas, transporte de personal entre las diferentes guarniciones de la Armada y apoyo logístico a las Unidades en tierra.
La aviación naval se estructura en:
* Grupo Aeronaval del Caribe, Cartagena.
* Grupo Aeronaval del Pacifico, Bahía Solano.
Creada en 1984 con la incorporación de 4 MBB Bö-105C (quedan sólo 2), que servirían embarcados en las corbetas FS-1500, posteriormente obtuvo aviones Turbocommander 840, Beechcraft Súper King Air (patrullero marítimo e inteligencia) , PA-28 y PA-31 para misiones de enlace y patrulla marítima. Recientemente ha sido potenciada con la incorporación de medios mucho más capaces como el Bell 212, Bell 412 y AS-555 Fennec y aviones de patrulla marítima CN-235MP Persuader. Estas últimas aeronaves están equipadas con modernos sistemas de navegación inercial y GPS, radar de descubierta, FLIR y ESM, así como soportes para armas navales, y reforzarán la lucha contra el narcotráfico en las costas colombianas. Además, podrán intervenir en operaciones de búsqueda y rescate.


Infantería de Marina
El Cuerpo de Infantería de Marina tiene su Comando en Bogotá. Es una fuerza cuya función principal es la de ejecutar operaciones fluviales y ribereñas para permitir ejercer el control de los ríos y apoyar con a las fuerzas de tierra. Está organizada en cuatro Brigadas:
* 1ra Brigada (Fuerza Naval del Caribe).
* 2da Brigada (Fuerza Naval del Pacífico).
* Brigada Fluvial (Fuerza Naval del Sur).
* Brigada de Instrucción y Entrenamiento.
Además, en Bogotá el Comando de Infantería de Marina (CIM) dispone a directamente de las siguientes unidades:
* Batallón de Fusileros de Infantería de Marina 7.
* Batallón de Fusileros de Infantería de Marina 51.
* Batallón de Policía Naval y Militar 27.
* Batallón de Fuerzas Especiales.


Guardacostas
El Comando de Guardacostas es una organización que cumple la función de seguridad marítima mediante la represión del delito en el mar, el control de la preservación del medio ambiente marino y las operaciones de búsqueda y rescate. Cuenta con unidades navales y con sistemas electrónicos de vigilancia y localización en estaciones terrestres que cubren los litorales del Caribe y Pacífico. Esta organización será tratada en mayor profundidad en el Capítulo V - Fuerzas de Seguridad Militarizadas.


LA FUERZA AEREA COLOMBIANA
La Fuerza Aérea Colombiana (FAC) ha evolucionado en los últimos años conforme a la cambiante situación de constante violencia que vive este país sudamericano. Cuenta con un núcleo relativamente moderno de aviones de combate que proporcionan seguridad a sus fronteras exteriores y otro núcleo de aviones y helicópteros que responden a sus necesidades de seguridad interna.
La lucha contra el narcotráfico y la guerrilla ha permitido la incorporación de medios avanzados para la región. En las últimas décadas, los Estados Unidos se han convertido en su principal fuente de equipo, reemplazando a Francia que le había vendido cazas supersónicos en los 70. Israel ha jugado un importante papel como fuente de suministros, al igual que Brasil, que se perfila como un importante proveedor de material a la FAC, al intentar incrementar su presencia con entrenadores, transportes ligeros y aviones de combate ligero.


Organización y Equipamiento
La FAC cuenta con cerca de 9.800 efectivos de ambos sexos los cuales operan y mantiene unas 420 aeronaves, de las cuales 95 son de combate y 164 son helicópteros. Su estructura está conformada de la siguiente forma:
* Comando General.
* Estado Mayor General.
* Comandos Aéreos (Unidades).
* Comando Aéreo de Mantenimiento.
* Comando Aéreo de Personal.
La FAC está organizada en Comandos, los cuales son responsables de las operaciones aéreas en una determinada zona geográfica. En cada Comando existe un Grupo Aéreo, del que dependen de dos o más Escuadrones. Existen Escuadrones de Combate dotados generalmente con un sólo modelo de aeronave; Escuadrones Aerotácticos dotados con una variedad de modelos y son generalmente empleados a la lucha contrainsurgente o anti-narcóticos. Existen un total de 9 Comandos Aéreos, incluida la Escuela de Aviación que tiene esa denominación.
* Comando Aéreo de Combate Nro 1 (CACOM-1), Base Aérea Militar Nro 2 “German Olan”, Palanquero.
* Comando Aéreo de Combate Nro 2 (CACOM-2), Base Aérea Militar Nro 3 “Luis F. Gómez Niño”, Apiay.
*· Comando Aéreo de Combate Nro 3 (CACOM-3), Base Aérea Militar Nro 4, “Mayor General Alberto Pauwels Rodríguez”, Barraquilla.
*· Comando Aéreo de Combate Nro 4 (CACOM-4), Base Aérea Militar Nro 5 “Capitán Teniente Coronel Luis Francisco Pinto Parra”, Melgar, Tolima.
* Comando Aéreo de Combate Nro 5 (CACOM-5), Base Aérea Militar Nro 6 “Capitán General Arturo Lema Posada”, Río Negro, Antioquia.
* Comando Aéreo de Combate Nro 6 (CACOM-6) (Grupo Aéreo del Sur), Base Aérea “Capitán Ernesto Esguerra Cubides”, Tres Esquinas.
* Grupo Aéreo del Caribe, Base Aérea “Teniente Coronel Benjamín Méndez Rey”, San Andrés y Providencia
* Comando Aéreo de Transporte Militar, Base Aérea Militar Nro 7 Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá
*· Escuela Militar de Aviación, Base Aérea Militar Nro 1 Marco Fidel Suárez, Cali
El CACOM 1 es la organización más importante en lo referente a material aéreo, ya que agrupa los medios de combate más poderosos de la FAC. Situado en un punto estratégico del país, cuenta con el Grupo Aéreo No.21, formado por tres Escuadrones de Combate, uno de Ataque y uno de Transporte.
* Escuadrón de Combate 212, esta dotado de los sobrevivientes de 18 cazabombarderos Mirage 5 (14 monoplazas Mirage 5COA, 2 biplazas 5COD y 2 de reconocimiento 5COR) adquiridos en 197014.
* Escuadrón de Combate 213, cuenta con 10 cazas Kfir C-7 y 1 biplaza Kfir TC-7, sobrevivientes de una compra de 14 ejemplares realizada en 198815.
* Escuadrón de Combate 215, cuenta con 12 sobrevivientes de los 18 entrenadores armados Cessna T-37C Tweety Bird adquiridos desde 1969.
* Escuadrón Aerotáctico 214, cuenta con aviones AC-47T16 y tiene como misión principal realizar operaciones contrainsurgentes.
* Escuadrón de Transporte 214, cuenta con 3 aviones Piper PA-31, que son empleados para misiones de enlace, estafeta y transporte de personal del Comando.
El CACOM-2 tiene como misión principal realizar operaciones de apoyo aéreo cercano. Para ello cuenta con dos escuadrones de ataque y uno de helicópteros de ataque. Además, se encarga de proporcionar el poder aéreo empleado por el Grupo Aéreo de Oriente, recientemente creado en la Base Aérea Teniente Coronel Luis Arturo Rodríguez Meneses, en Marandúa, Esta base aérea proyecta la fuerza colombiana en el oriente del país, y es el principal puesto para patrullar la frontera con Venezuela.
* Escuadrón de Operaciones Especiales 311, cuenta con Rockwell OV-10A.
* Escuadrón de Combate 312, cuenta con EMB-312 Tucano para ejecutar misiones de patrulla y ataque ligero.
* Escuadrón Aerotáctico 313, cuenta con una mezcla de helicópteros de reconocimiento Hughes 500 y de transporte Bell UH-1H.
El CACOM-3 tiene la misión de proteger la frontera norte de Colombia y la salida del país hacia el Atlántico. Para ello cuenta con el Grupo Aéreo No. 41, formado por un Escuadrón de Combate y uno de Servicios Generales.
* Escuadrón de Combate 411, cuenta con OA-37B Dragonfly.
* Escuadrón Aerotáctico 412, cuenta con Bell 212 Rapaz, aviones de transporte Bandeirante, Queen Air y aviones de observación T-41D Mezcalero. Éstos se encargan de realizar patrullajes, reconocimiento, represión del narcotráfico y contrabando a la vez que le brindan apoyo directo a las fuerzas terrestres de la región.
El CACOM-4, que cuenta con el Grupo Aéreo No. 51 tiene asiento en la principal base de helicópteros del país. Lleva a cabo misiones de búsqueda y rescate, entrenamiento, transporte de tropas, apoyo de fuego a lasfuerzas terrestres, escolta de columnas, reconocimiento y exploración, ataque al suelo y rescate en ambiente hostil (CSAR). Para ello cuenta con dos Escuadrones de Transporte, dos Escuadrones Aerotácticos y un Escuadrón encargado del entrenamiento de futuros pilotos.
* Escuadrón de Helicópteros Medianos 512, cuenta con Bell UH-1P17, Bell 205A-1 y Bell 212 Rapaz.
* Escuadrón Aerotáctico 513, con OH-6A, MD-530FF y MD-530MG18.
* Escuadrón de Helicópteros Artillados 515, con AH-60L Arpía III19.
El CACOM-5 está basado al sureste de la ciudad de Medellín. Por el momento su único elemento es el Grupo 61, formado solamente por el Escuadrón Aerotáctico 611, equipado con UH-60 A/L Blackhawk, (localmente conocidos como “Halcones”), que se ha convertido en el principal helicóptero de asalto de la FAC.
El CACOM-6 es el último Comando creado por la FAC. Fue concebido para prestar apoyo al Ejército y a la Policía Nacional en el sur del país y fue formado sobre la base del ex Grupo Aéreo del Sur que recientemente fue reforzado para convertirse en Comando Aéreo. Su misión principal es realizar operaciones en contra de narcotráficantes y terroristas en las fronteras con Perú y Brasil.
El Grupo Aéreo del Caribe (CACAR), fue elevado a la categoría de Base Aérea debido a su posición estratégica, situada en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, ha recibido constantes mejoras a sus radares y demás instalaciones. El GACAR recibe constantemente destacamentos de cazas Mirage 5COA, Kfir y A-37B que apoyan a su avión de reconocimiento y patrulla King Air.
Se prevé que el Grupo Aéreo del Oriente (GAORI), se convertirá en un Comando Aéreo de Combate a fines del 2004, ya que durante el 2003 y 2004 su planta operativa y de personal fue incrementada en más de un 100%. Hoy cuenta con 3 aviones G-358 “Gavilán”, 2 helicópteros B-212 “Rapaz”, 1 helicóptero UH-1HH II Huey II y 1 AC-47T “Fantasma” destacado en comisión.
El Comando Aéreo de Transporte Militar cuenta con el Grupo Aéreo 71, que se compone de cuatro Escuadrones y una línea aérea militar.
* Escuadrón de Transporte 711, cuenta con una flota de aviones C-130B/H Hércules (9/11) y CN-235 (3), además de un único cisterna C-135 Stratolifter. Se encarga del transporte pesado de la FAC.
* Escuadrón de Transporte 712, cuenta, entre otros, con IAI Arava (1 sobreviviente de 3 adquiridos en 1980), una pareja de Bce. King Air y Queen Air. Se dedica a tareas de transporte general.
* Escuadrón de Transporte Presidencial, dispondrá de un Boeing 757 para reemplazar al antiguo Fokker F-28 Fellowship matriculado 001 que presta servicio desde 1972.
Otras aeronaves de transporte ejecutivo incluyen un Cessna Citation y helicópteros Bell 212 y 412.
* Escuadrón de Reconocimiento, pequeña unidad encargada de reconocimiento y tareas aerofotográficas, para lo que cuenta con un Rockwell Aero Commander 695.
* La línea aérea SATENA (Servicio de Aeronavegació n a Territorios Nacionales) fue creada en 1962 con miras a apoyar el desarrollo de la aviación nacional y a brindar servicio de transporte aéreo a las regiones subdesarrolladas. En la actualidad emplea más de 380 personas, de las cuales 77 son oficiales o suboficiales de la FAC y su principal equipo es el transporte regional Dornier-328 (del cual espera contar con 9 unidades) y el birreactor EMBRAER ERJ-145 (del cual espera contar con 3 aviones) a fin de estandarizar la flota.
La Escuela Militar de Aviación, basada en la ciudad de Cali, proporciona la formación de los pilotos de la FAC. Tras dos años de estudios los candidatos comienzan su entrenamiento primario en el Escuadrón 611 a bordo de aviones Cessna T-41D Mezcalero, continúan su entrenamiento en el Escuadrón 612, en donde recibe instrucción básica a bordo del Beech T-34 Mentor. El Escuadrón 613 cuenta con planeadores IS-28B2. Por último, los pilotos son enviados a un escuadrón operacional, principalmente a volar el Tucano o bien el Cessna T-37.


Adquisiciones recientes y proyectos
La FAC anunció que desea reemplazar los T-37 por una docena de aviones de entrenamiento táctico a reacción, para lo cual han estudiado varias opciones, incluyendo el AT-63 modernizado de Lockheed-Martin Argentina y el AMX-T de Brasil.


VENEZUELA
EL EJÉRCITO VENEZOLANO



El Ejército de Venezuela dispone actualmente de 34.000 efectivos. Su elemento más poderoso es la IV División Blindada, que cuenta con 3 GUC equipadas con tanques, vehículos blindados y mecanizados.


Organización Operacional
Las fuerzas operacionales están formadas por:
* I División de Infantería (Maracaibo. Estado Zulia).
* II División de Infantería (San Cristóbal. Táchira).
* III División de Infantería (Caracas. Dto. Metropolita- no).
* IV División Blindada (Maracay. Aragua).
* V División de Infantería (Ciudad Bolívar. Bolívar).
Las que a su vez están integradas por un total de 13 GUC:
* 11ª Brigada de Infantería (Maracaibo).
* 13ª Brigada de Infantería (Barquis imeto. Lara).
* 21ª Brigada de Infantería (San Cristóbal).
* 22ª Brigada de Infantería (Mérida. Mérida).
* 23ª Brigada Especial de Seguridad y Desarrollo (Barinas).
* 31ª Brigada de Infantería (Caracas).
* 41ª Brigada Blindada (Valencia. Carabobo).
* 42ª Brigada de In fantería Paracaidista (Maracay).
* 43ª Brigada de Caballería Motorizada (San Fernando. Apure).
* 44ª Brigada Blindada Ligera (San Juan de Los Morros. Guarico).
* 51ª Brigada de Infantería de Selva (Luepa. Bolívar).
* 52ª Brigada de Infantería de Selva (Puerto Ayac ucho. Amazonas).
* 73ª Brigada de Cazadores (Maturín. Monagas).


LA ARMADA VENEZOLANA




Puede considerarse a la Armada de la Republica de Venezuela como la líder entre las marinas del Caribe, siendo una fuerza naval relativamente moderna y con cierta proyección oceánica. Su misión es la de garantizar la independencia y soberanía de la Nación, asegurando la integridad de su espacio geográfico mediante la defensa naval. Tiene como escenarios dos extensos teatros de operaciones.
El primero es el marítimo y esta comprendido por las aguas del Caribe que bañan las costas de Venezuela y su Zona Económica Exclusiva.
El segundo es el teatro fluvial, con una red hidrográfica de vital importancia puesto que representa el 70% de sus límites con países vecinos como Colombia, Brasil y Guayana y que se extiende desde el sur del país en la Amazonia venezolana hasta el Océano Atlántico. Este teatro tiene además implicaciones muy importantes en lo referido a seguridad interna (narcotráfico, guerrilla colombiana, etc.) y es por ello que en los últimos años ha experimentado un significativo incremento de los medios fluviales.


Organización y Equipamiento
La armada colombiana esta compuesta por 15.000 efectivos y cuenta con 6 unidades de superficie mayores, 2 submarinos, 23 aeronaves y aproximadamente 7.800 Infantes de Marina. Se estructura en:
* Comando de la Armada.
* Estado Mayor (Dirección de Planificación, Inteligencia, Operaciones, Logísticas, Organización Política).
* Comando Naval de Personal.
* Comando Naval de Educación.
* Comando Naval de Operaciones.
* Comando Naval de Logística.
* Inspección General.
* Direcciones (Finanzas, Relaciones Institucionales, Ayudantía, Consultora Jurídica, etc.).
* Zonas Navales.


Organización Operacional
Comando Naval de Operaciones. Se estructura en:
* Estado Mayor del Comando Naval de Operaciones (Direcciones de Inteligencia, Comunicaciones, Hidrografía y Navegación, Planes y Control Operativo).
* Comando de Escuadra.
* Comando de Infantería de Marina.
* Comando de Aviación Naval.
* Comando Fluvial.
* Comando de Guardacostas (1.000 hombres).


Escuadra
La principal fuerza de combate de la ARV es su Escuadra (Comando de Escuadra, CG Base Naval de Puerto Cabello, Estado Carabobo), la que posee seis fragatas Clase Mariscal Sucre70 integradas en el Escuadrón Fragatas, además de los 2 submarinos Clase Sábalo (Tipo 209/1300 begin_of_the_ skype_highlighti ng 209/1300 end_of_the_skype_ highlighting) del Escuadrón Submarinos armados torpedos A-184 italianos y SST-4 alemanes. Los patrulleros de ataque rápido de la Clase Constitución (6) constituyen el Escuadrón de Patrulleros.
El Escuadrón de Navíos Anfibios y de Apoyo reúne 4 LST (H) Clase Campana (Construidos por la Korea Tacoma Industries en los 80) incorporados a partir de 1984 y varias embarcaciones de desembarco menores tipo LCU y LCVP, lo que otorga una cierta capacidad de asalto anfibio a la IM. Completan este escuadrón los medios auxiliares, de apoyo y científicos entre los que se destacan el buque oceanográfico Clase Punta Brava, un buque de carga de 13.500 ton de construcción danesa y remolcadores de altura Clase US Anchomawi. El buque escuela a vela Simón Bolívar esta asignado a la Academia Naval.


Infantería de Marina
El Cuerpo de Infantería de Marina de Venezuela es grande para la media de la región y está bien equipado.
Recientemente ha adoptado una organización divisionaria. Su comando está en Meseta de Mamo (Estado Vargas). De esta forma su estructura se asienta sobre las Brigadas de Desembarco y la Fluvial, además de las unidades divisionarias y un Comando de Operaciones Especiales. La Brigada de Desembarco, fuerza especialmente dedicada a la guerra anfibia, agrupa a las unidades tácticas de combate y la masa de los elementos de apoyo y están integradas por:
* 3 Batallones de Infantería de Marina.
* 1 Batallón de Vehículos Anfibios (LVTP-772 y EE-11 Urutu).
* 1 Grupo de artillería Mixto (Obuses 105mm, morteros de 120mm y SAM).
* 1 Batallón de Ingenieros de Combate.
* 1 Batallón de Comunicaciones.
* 1 Batallón Logístico.
La Brigada Fluvial, despliega dos Comandos Fluviales Fronterizos, uno con sede en Puerto Ayacucho (Estado Amazonas) con jurisdicción en los ríos Orinoco y Meta y el otro con CG en El Amparo (Estado Apure) para controlar los ríos Apure, Arauca y Barinas. Cada uno de ellos esta organizado de forma similar contando con:
* 1 Batallón de Infantería de Marina.
* 1 Compañía de Apoyo de Servicios.
* 1 Compañía de Mantenimiento
La Brigada Fluvial de Infantería de Marina, posee un variado parque de material flotante compuesto por lanchas rápidas de combate (aproximadamente 60 unidades Tipo US Guardian/Pirañ a y US Coiba americanas y Clases Apure, Caribe y Caroni venezolanas) , botes semirígidos Tipo Zodiac artillados, remolcadores fluviales e incluso una embarcación Puesto de Comando, entre otras.


Operaciones Especiales
El Comando de Operaciones Especiales en Turiamo agrupa a unidades de elite, como los incursotes anfibios, los buceadores de combate y los paracomandos, las que están dotadas con armamento ligero de infantería y embarcaciones especiales (incluidos jet ski).


Aviación Naval
La Aviación Naval es una fuerza adecuada para la patrulla marítima y la lucha antisubmarina (ASW). Su comando se encuentra en la Base Aeronaval de Puerto Cabello, en donde se reúnen la totalidad de los 7 Escuadrones que la integran. Los helicópteros AB-212ASW del Escuadrón Aeronaval de Helicópteros se rotan para operar en las fragatas Mariscal Sucre y está equipado con sonar sumergible y armado con torpedos A-244AS para la lucha antisubmarina; también sirven de guía para los SSM Otomat para extender su alcance más allá del horizonte. Junto a ellos opera un único Bell 212 (tiene otro más fuera de servicio). El Bell 412 (4) otorga cierta capacidad aeromóvil a la IM y conforma el Escuadrón Aeronaval de Apoyo Táctico. El Escuadrón Aeronaval de Patrullaje Marítimo y Antisubmarino cumple sus misiones con 3 CASA 212-200 Patrullero, en tanto que el resto de las aeronaves de ala fija que ejecutan tareas de transporte y enlace se integran en el Escuadrón Aeronaval de Transporte (B-200, B-90, CASA 212, etc.). Completan esta fuerza los escuadrones no operacionales de Adiestramiento, de Mantenimiento y de Apoyo y Servicios


Comando Fluvial
Las fuerzas fluviales deben custodiar una red navegable de prácticamente 5.000 km, siendo la cuenca del Orinoco la de mayor importancia, puesto que se inicia en la frontera con el Brasil en la región amazónica y desemboca luego de 2.000 km en el Océano Atlántico. Mediante el Comando Fluvial, con asiento en la Base Naval Capitán de Fragata Tomas Machado (Ciudad de Bolívar, Estado Bolívar), y la Brigada Fluvial de la Infantería de Marina (CG San Fernando de Apure), la Armada ejerce el control militar de la red fluvial73.
El Comando Fluvial se organiza en un Escuadrón Fluvial y cinco Puestos Navales ubicados en el Medio y Bajo Orinoco y en su desembocadura en el Atlántico. Los medios a disposición del Escuadrón Fluvial comprenden: 4 patrulleros fluviales medianos de 15 ton (2 Clase Manaure, 2 Clase Guaicaipuro) , 5 lanchas patrulleras rápidas (Clase Terepaima (Tipo Cougar)), 4 embarcaciones utilitarias de desembarco (2 Tipo LCU (Clase Margarita), 2 Tipo LCM Mk 8 y 1 LCL), 2 lanchas hidrográficas (Clase Lely), 2 remolcadores fluviales y varias otras embarcaciones menores de apoyo y servicio. Además, cada uno de los Puestos Navales están integrados por una Sección de la Infantería de Marina, cuentan con alrededor de 6 lanchas rápidas de combate las que pueden ser Tipo US Guardian/Pirañ a o las de fabricación nacional Clase Apure, Caribe y Caroni.


Guardacostas
El último de los cinco comandos operativos es el de Guardacostas, cuyo CG esta en el Puerto de La Guaira (Estado Vargas), el cual junto con el Comando de Vigilancia Costera de la Guardia Nacional serán desarrollados en profundidad en el Capítulo V - Fuerzas de Seguridad Militarizadas.


LA FUERZA AEREA VENEZOLANA
La Fuerza Aérea Venezolana (FAV) históricamente ha contado con equipamiento de avanzada. En 1983 recibió el F-16A Fighting Falcon, que le permite disponer de una importante capacidad de superioridad aérea y, a la vez, una posición de vanguardia en la Región.


Organización y Equipamiento
La FAV cuenta con más de 7.000 efectivos de ambos sexos, los que operan y mantiene unas 273 aeronaves, de las cuales 58 son de combate y 42 son helicópteros. Su estructura está conformada de la siguiente forma:
* Comando General.
* Inspectoría General.
* Estado Mayor General.
* Comando de Operaciones Aéreas.
* Comando Aéreo Logístico.
* Comando Aéreo de Personal.
* Comando de Operaciones de la Defensa Aérea.
El Comando Aéreo de Personal tiene bajo su responsabilidad la administració n y la formación del elemento humano, en tanto que el Comando Aéreo Logístico es el responsable de las adquisiciones de materia, el abastecimiento y el mantenimiento del material y de las instalaciones de la fuerza.
El Comando de Operaciones Aéreas tiene bajo su control a todas las unidades de vuelo, las bases, las unidades de protección y defensa de las mismas y de la Unidad de Fuerzas Especiales. De este Comando también depende el Grupo de Control Aerotáctico, el que facilita sistemas móviles de comunicaciones y de control de tráfico aéreo mediante el empleo de equipos de origen israelí. El territorio venezolano está dividido en cinco Zonas Aéreas:
I Zona Aérea: CG Base Área Maracaibo, Estado Zulia.
II Zona Aérea: CG Base Área Barquisimeto, Estado Lara.
III Zona Aérea: CG Base Área Palo Negro, Estado Aragua.
IV Zona Aérea: CG Base Área Barcelona, Estado Anzotaegui.
V Zona Aérea: CG Base Área Miranda, Caracas, Distrito Federal.
Existen un total de nueve Unidades de Vuelo denominadas Grupos Aéreos. Cada Grupo Aéreo dispone por lo general de uno o dos Escuadrones Operacionales. Los elementos de combate se reúnen dentro de los siguientes Grupos Aéreos:
* Grupo Aéreo de Caza 11: Escuadrón 36, con Mirage 50, Base Aérea Palo Negro.
* Grupo Aéreo de Caza 12: Escuadrón 34 y 35, con VF-5 Tiger II, Base Aérea Barquisimeto.
* Grupo Aéreo de Caza 16: Escuadrón 37 y 38, con F-16A/B, Base Aérea Palo Negro.
* Grupo Aéreo de Operaciones Especiales 15, Escuadrón 40 con OV-10 Bronco y Escuadrón 41 con Cessna Skylane, Base Aérea Maracaibo.
El componente de transporte aéreo esta bien equipado:
* Grupo Aéreo de Transporte 6: Escuadrón de Transporte 1, con C-130 Hércules y Escuadrón de Transporte 2, con Aeritalia G-222. Además, dispone de dos B-707 cisternas para reabastecimiento aéreo. Están reunidos en la Base Aérea de Palo Negro.
* Grupo Aéreo de Transporte 4: reúne aeronaves de enlace y de transporte VIP y al Escuadrón Presidencial. Opera aviones B-737, Gulfstream III y IV, un DC-9 y helicópteros configurados VIP AS-332 Super Puma y Bell 214ST. Está emplazado en la Base Área Miranda, Caracas.
* Grupo Aéreo 5: Escuadrón Mixto de Enlace y Reconocimiento con Falcon 20 (ESM), Cessna Citation I/II, B-200 Super King Air y B-80 Queen Air. Está ubicado, junto al GAT 4 en la Base Área Miranda, Caracas.
Los helicópteros están concentrados en una sola unidad, el Grupo Aéreo de Operaciones Especiales 10, con UH-1H, AS-316 Alouette III y AS-332 Super Puma. Está en Palo Negro.
Para la formación y perfeccionamiento de sus pilotos, la FAV dispone del Grupo Aéreo de Entrenamiento 14 equipado con T-34 Mentor, SF-260E y T-27 Tucano en la Base Aérea Palo Negro y con el Grupo Aéreo de Entrenamiento de Combate 13 dotado con T-2D Buckeye en la Base Aérea Barcelona.
El Comando de Operaciones de la Defensa Aérea dispone de un Cuartel General y Centro de Control en el Distrito Metropolitano de Caracas. Los tres Escuadrones de Artillería de Defensa Aérea se reparten sistemas de misiles Roland, Barak23 y Mistral; además posee el cañón antiaéreo TCM-20 (20mm) apoyados por el radar de baja cota Elvira 2100, ambos montados sobre vehículos de alta movilidad israelíes 4x4 IAI RBY Mk-1 Rabby.
El sistema Guardian esta conformado por un montaje doble OTO Breda/Bofors 40/L70 (40mm) apoyado por un director de tiro Flycatcher. Radares TPS-43, TPS-63 y TPS-70 que permiten organizar hasta 7 Escuadrones de Vigilancia y Control, con los cuales la FAV cubre prácticamente la totalidad de su especio aéreo.
Adquisiciones recientes y proyectos
El F-16A necesita una actualización para elevar sus prestaciones a niveles similares al de las versiones C/D; además existen negociaciones para la adquisición de 2 F-16 para reemplazar los perdidos en sendos accidentes.
El T-2D será reemplazado por AMX-T. Tanto el C-130 como el G-222 requieren una modernización. Se contempla la adquisición de otros dos radares de largo alcance y de un avión tipo AWACS. En lo que respecta al armamento aéreo se contempla la adquisición de un misil de última generación que complemente al AIM-9 Sidewinder y al Matra Magic II.


Información extraída del Balance militar de América del Sur, actualizada y publicada por Rosendo Fraga. (Venezuela colapsaría en no más de una semana)

domingo, 1 de agosto de 2010

El socialismo de Pol Pot

Baldomera Vásquez
Sábado, 31 de julio de 2010
El rasgo principal del socialismo camboyano fue el igualitarismo económico radical. Eliminó de raíz la propiedad privada, el mercado y el dinero. Estableció la cooperativa agrícola como la unidad básica de producción
En el remolino de informaciones internacionales, incluyendo las alucinaciones de Fidel Castro sobre la guerra nuclear que anunció para el día de la final del mundial de fútbol, pasa inadvertida la sentencia de un tribunal de la ONU condenando a Kaing Guek Eav a 35 años de cárcel. Duch, alias de Kaing, fue uno de los integrantes del equipo del régimen socialista que se implantó en Camboya en 1975, luego del triunfo de la guerrilla de los Jemeres Rojos que liderizó Pol Pot -el Frankestein fabricado por Mao a su imagen y semejanza.
Consideramos que sería imperdonable permitir que desaparezca de la memoria histórica de la humanidad, la muerte de cerca de dos millones de inocentes que fueron aniquilados por el socialismo polpotiano. En solidaridad con ellos, y para repudiar en voz alta tanto a verdugos como a seguidores de ese régimen criminal, vamos a describir las características más sobresalientes de aquel experimento socialista que devastó Camboya entre 1975 y 1979.
El rasgo principal del socialismo camboyano fue el igualitarismo económico radical. Eliminó de raíz la propiedad privada, el mercado y el dinero. Estableció la cooperativa agrícola como la unidad básica de producción de la nueva organización socio-económica. Según los jemeres rojos, sería la propiedad social de dichas cooperativas el pivote del cual emergería la “nueva civilización socialista” y que, según ellos significaría el “fin de la explotación, de la dominación imperialista y de la desigualdad social” (Heller A. El Péndulo de la Modernidad. Península. 1994, p. 197-233). Para impedir la reproducción del capitalismo y de los corruptos valores de la civilización occidental, fueron extirpadas las instituciones sociales consideradas instrumentos de esa reproducción: la familia y la religión fueron abolidas.
El socialismo camboyano liquidó casi la cuarta parte de la población del país. Ante semejante genocidio, la izquierda comunista, ex-comunista o socialista democrática ha sido consecuente en su conducta de no darse por enterada (los cínicos dicen que allá no había socialismo, sino “capitalismo de estado”).
La mayoría, nunca escribe ni analiza el infame legado de Pol Pot. Como para ellos el mal sólo proviene del capitalismo, esos hechos criminales simplemente no existen porque los socialistas siempre gobiernan orientados por principios humanistas de igualdad y solidaridad con los pobres. Principios que les permite cubrirse con un manto de superioridad moral que los hace inmunes a cualquier cuestionamiento aunque esté soportado en mortandades reales.
Otros, justificaron la matanza. Así, el lingüista estadounidense Noam Chomsky -ídolo de la izquierda mundial- en 1980 explicaba las centenares de miles de víctimas por las enfermedades que había causado la guerra provocada que el imperio norteamericano. Para él, las muertes por las hambrunas masivas no habían sido causadas por la irracionalidad del sistema socialista establecido por los guerrilleros jemeres rojos.
Los peores, sin duda son los seguidores de aquel monstruoso régimen. Uno de ellos, el jefe de las guerrillas comunistas de los 60 en Venezuela, Douglas Bravo. El fundador del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) de ideología maoísta, admitió en 1978 las relaciones con el Partido Comunista de Camboya (creado en 1960 por Pol Pot) y su apoyo a “las luchas libradas por el pueblo camboyano contra el imperialismo y por la construcción del socialismo” (Conversaciones con Douglas Bravo. Ateneo. 1978. p. 211).
Bravo en otra entrevista afirmó que el presidente Chávez formó parte de su organización cuando estaba en el seno de las Fuerzas Armadas (Garrido A. "La historia secreta de la revolución bolivariana". Editorial Venezolana C.A. 2.000, p.335-365). Y éste daría una confirmación indirecta de su afiliación al PRV, el 30 de enero de 2005 en su discurso en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, al afirmar: “Yo soy maoísta desde que ingresé a la Academia Militar” (1).
Esta es la raíz de innegable inspiración maoísta que tienen las comunas del socialismo del siglo XXI que, como alternativa al capitalismo, propone el gobierno de Chávez en Venezuela. Si se concretan, llegaremos al mismo infierno al que el guerrillero comunista Pol Pot condujo a Camboya.
1) Forumsocialmundial.or

domingo, 25 de julio de 2010

Reforma rechazada y comunas

Por :Gerardo Blyde
Sábado, 24 de julio de 2010
Varias veces se ha señalado que mediante leyes se está pretendiendo imponer disposiciones que el pueblo ya había rechazado
He aquí algunos ejemplos de cómo se legisla en contra de la decisión del pueblo
Varias veces se ha señalado que mediante leyes se está pretendiendo imponer disposiciones que el pueblo ya había rechazado cuando no aprobó la reforma constitucional que propuso el presidente Chávez y que complementó la Asamblea Nacional.
He aquí algunos ejemplos cuya sola lectura constituye palmaria evidencia de cómo se legisla en contra de la decisión del pueblo: La Reforma rechazada decía: Art. 16.- La unidad política primaria de la organización territorial nacional será la ciudad... , integrada por áreas o extensiones geográficas denominadas comunas.
El Presidente de la República... podrá crear, mediante decreto, provincias federales, ciudades federales y distritos funcionales... ". La Ley de Comunas aprobada en primera discusión señala: "Art. 1.- La presente Ley tiene por objeto establecer las normas que regulan la constitución, conformación, organización y funcionamiento de la Comuna, como entidad local socialista ... , y la edificación del Estado Comunal". "Art. 61.- ... La ciudad comunal se constituye... cuando se conforman las comunas... ; y su forma organizativa y de funcionamiento se establecerá en el decreto de creación del Distrito Motor de Desarrollo al que pertenezca". Ya el pueblo rechazó la creación de comunas como unidades político-territoriales y rechazó la creación de distritos funcionales que aparecen con el nombre de distritos motores de desarrollo para ser la misma cosa.
La rechazada reforma constitucional decía:
Art. 136.- El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce directamente a través del Poder Popular. Este no nace del sufragio ni de elección alguna, sino que nace de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población. Art. 184.- La comunidad organizada tendrá como máxima autoridad la asamblea de ciudadanos y ciudadanas del Poder Popular... , comunas... , como la unidad política primaria del territorio. La Ley de Comunas que discute la Asamblea señala:
Art. 21.- El Parlamento Comunal es la máxima instancia del autogobierno en la Comuna que se constituye como tal, cuando las asambleas de ciudadanos y ciudadanas de las comunidades que la integran se reúnen con ese carácter en sus respectivos ámbitos territoriales. De esta manera se elimina en la constitución de las comunas el sufragio directo, secreto y universal y se consagran las asambleas como forma de selección de los dirigentes comunales, reeditando la reforma.
En el artículo 15 de la rechazada reforma se señalaba:
Art. 15.- Es de la competencia del Poder Público Nacional: La creación, ordenación y gestión de provincias federales, territorios federales y comunales, ciudades federales y comunales. La promoción, organización y registro de los consejos del Poder Popular... La Ley de Comunas restablece estas disposiciones rechazadas así:
Art. 10.- La iniciativa para la conformación de la Comuna corresponde a los ciudadanos y ciudadanas, a los consejos comunales y a las organizaciones sociales que hagan vida activa en las comunidades, quienes deberán previamente constituirse en Comisión Promotora y notificar de dicho acto y subsiguientes al órgano facilitador.
Art. 64.- El ministerio con competencia en materia de comunas, dictará los lineamientos estratégicos para la constitución de las comunas...
Art. 65.- El órgano facilitador en materia de comunas, tendrá las siguientes atribuciones: 2. Llevar el registro de las comunas y emitir el certificado de registro correspondiente.
Ya se habían planteado las comunas como unidades bases del ordenamiento político-territorial del país. Se había querido establecer que no serían designadas por el voto popular de manera directa sino mediante el voto asambleario. Se trataron de establecer Distritos Motores cuya máxima autoridad designaría el Presidente y no sería elegida por el pueblo (para colocar autoridades nombradas a dedo por encima de los gobernadores electos).
Se trató de centralizar el control completo sobre las comunas sujetándolas al Gobierno Nacional desde su conformación, registro y funcionamiento.
Se pretendió juntar diversas comunas contiguas para la creación de ciudades comunales que a su vez también estuvieran sujetas y controladas por el Gobierno Nacional. En aquella reforma también se señaló que toda esta nueva organización se proponía para supuestamente darle más poder al pueblo. El pueblo le dijo NO a esa propuesta de reforma.
En la Ley de Comunas no sólo se reedita lo mismo sino que, sin preguntarle al pueblo, se avanza aún más creándoselas para cumplir el fin socialista que tampoco está en la Constitución y que constituye una exclusión y discriminación evidentes. Juzgue usted si su voluntad rechazando la reforma está o no siendo burlada.
gblyde@gmail.com
Loading comments...


About DisqusLogin
Agregar un nuevo comentario
Publica como …
Mostrando 2 comentarios
Ordenar según Actualmente popular Best rating Más recientes Más antiguos Suscribirse por correo-e Suscríbete por RSS

BOVES999 Hace 17 horas
EL FUTURO SOCIALISTA NO SE DETIENE MEDIATICAMENTE, EL SER SOCIAL Y EN SU MAYORIA POBRE, DESATENDIDO,BANALIZADO Y RECONVENIDO EN FRACASADO ETERNO YA DESPERTO...DESPERTO Y NO SE REGRESARA A LA "POBRECIA" DE LOS ADECOS Y COPEYANOS..SE ETERNIZA Y SE CONSOLIDA COMO INTEGRADORES DE UNA SOCIEDAD QUE A PASOS , TROMPICONES , TROPIEZOS Y MUCHAS CAIDAS QUE LE INFLINJEN LAS QUINTACOLUMNAS ENQUISTADAS QUE DAÑO INMENSO LE HACEN A NUESTRA REVOLUCION...LA HISTORIA SE REPITE Y PARA NUESTRO BIEN SE REPITE CON GRAN CLARIVIDENCIA DE HISTORIA COMPARADA...NO VOLVERAN!!!

Ariaspedro Hace 22 horas
El pueblo se ha de levantar como un solo hombre a la calle para erradicar de una vez por todas a este tirano que pretende violentar la voluntad del pueblo. El pueblo se pronuncio ya en esta materia y por ningún método truculento va a claudicar en este propósito. El apátrida que responde a los intereses de los cubanos habrá de entender por la voluntad y fuerza del pueblo que no nos tragaremos esta creación de comunas donde el pueblo es pisoteado e ignorado y el tirano domine a su antojo al pueblo como sus peones.

lunes, 5 de julio de 2010

INFORME DE LA MISION DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

INTERNACIONAL SOCIALISTA, MARITIME HOUSE, OLD TOWN, CLAPHAM, LONDRES SW4 0JW, REINO UNIDO
T: (44 20) 7627 4449 | F: (44 20) 7720 4448 / 7498 1293 | E: secretariat@socialistinternational.org
www.internacionalsocialista.org

A VENEZUELA
20-23 DE ENERO DE 2010
2
Informe de la Misión de la Internacional Socialista a Venezuela
20-23 de enero de 2010
Una Misión de la Internacional Socialista visitó Caracas del 20 al 23 de enero de 2010,
encabezada por su Secretario General Luis Ayala, y compuesta por Peggy Cabral del
PRD de República Dominicana, Renée Fregosi del PS de Francia, Paulina Lampsa del
PASOK de Grecia, Emilio Menéndez del Valle del PSOE de España y Jesús Rodríguez de
la UCR de Argentina.
Los miembros de la Misión sostuvieron una serie de encuentros con:
 los partidos miembros de la IS o cercanos a la organisación: AD, MAS,
PODEMOS y UNT;
 el conjunto de los partidos miembros de la Mesa de Unidad Democrática: el
grupo mencionado más arriba además de la ABP, COPEI y Primero Justicia;
 representantes de la Iglesia Católica: el Cardenal Jorge Urosa Savino,
Arzobispo de Caracas y otros miembros de la Conferencia Episcopal;
 la Rectora de la Universidad Central de Venezuela, Cecilia García Arocha;
 las organizaciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela;
 los dirigentes de las centrales sindicales CTV y FUT, y los sindicatos de la
prensa: SNTP y FIP;
 empresarios y dirigentes de la organización patronal FEDECAMARA;
 personalidades de izquierda, entre ellos, Teodoro Petkoff y otros
intelectuales;
 representantes de importantes medios (los diarios El Nacional, El Universal y
Ultimas Noticias, y algunas radios y canales de televisión privados), entre
estos últimos, Globovisión;
 representantes de organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y
familiares de prisioneros políticos;
 representantes de la plataforma de ONGs, Alianza para la Democracia;
 el grupo de reflexión internacional de la Mesa de Unidad Democrática.
3
La Misión ofreció una conferencia de prensa que reunió a un gran número de medios,
de la prensa escrita particularmente. Los miembros de la Misión fueron observadores
de las dos manifestaciones que tuvieron lugar el sábado 23 de enero en
conmemoración del 52⁰ aniversario de la caída de la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez: manifestación de la oposición por una parte, y del oficialismo por la otra.
Además, los miembros de la Misión sostuvieron individualmente conversaciones
privadas con venezolanos de su conocimiento y con diplomáticos y residentes
extranjeros. A pesar de las solicitudes formuladas en los preparativos de la Misión y
reiteradas más tarde a lo largo de la estadía, la Misión lamentó la imposibilidad que
encontró para reunirse con representantes del partido en el poder, el PSUV, y con la
mayoría presidencial en la Asamblea Nacional.
A partir de los encuentros, reuniones y conversaciones con diferentes actores de la
vida nacional política y social, la Misión realizó una reflexión colectiva (puntualizada
regularmente con sesiones de trabajo sólo entre los miembros de la Misión), dentro
de una profunda comunidad de espíritu y una notable convergencia de puntos de
vista. De esta manera y rápidamente, se logró acuerdo en cuanto a una expresión
firme pero independiente que debía mantener la Misión frente a sus interlocutores.
La IS se encontraba allí para observar y escuchar a los actores de la vida pública
venezolana con el fin de precisar su propia visión de la situación de la democracia en
el país. No se trataba en ningún caso de calificar a priori al gobierno del Presidente
Chávez, ni de entrar en polémicas y la dinámica polarizante de la vida política local.
Todo esto, reafirmando al mismo tiempo los valores de la IS y nuestra definición del
socialismo democrático: democracia representativa, elecciones justas y
transparentes, búsqueda del consenso social, el respeto a la oposición política y a las
minorías, garantía de la libertad de expresión y de todas las libertades públicas e
individuales sobre las que se basan las democracias modernas, la justicia social, la
regulación de los Estados, la solidaridad internacional. En gran medida, la prensa se
hizo eco, y con un gran rigor, de la presencia y de las declaraciones de la Misión.
En todas sus declaraciones, el portavoz de la Misión, Luis Ayala expresó su esperanza
y su optimismo de ver a Venezuela recobrando el camino de la paz social gracias a
una amplia participación ciudadana en las próximas elecciones legislativas de
septiembre de 2010.
En estas elecciones legislativas, la oposición ha anunciado la presentación de
candidatos únicos en cada circunscripción, cuyos nombres serán conocidos el mes de
abril. Este tema de las próximas elecciones constituyó uno de los ejes centrales de la
Misión: la necesidad de una búsqueda de acuerdos entre los actores políticos, la
implantación de dispositivos sólidos de control electoral y de observación, pero
también de inquietud en cuanto al establecimiento de nuevas divisiones de
circunscripciones electorales en detrimento de la oposición y, por otra parte, las
4
posibilidades de nuevas medidas que podrían entrabar la expresión de los
ciudadanos.
En efecto, la apropiación del marco legislativo es un elemento clave del dispositivo
gubernamental para asegurar su propia perpetuidad en el poder. En todas las áreas
de sus intervenciones directas, el Presidente Chávez se preocupa de legalizar su
acción: nuevas leyes son promulgadas por un Parlamento con una aplastante
mayoría. De esta manera son legalizados procedimientos de expropiación (empresas,
bancos, medios de comunicación, propiedades de bienes raíces), la creación de
nuevas entidades administrativas (a nivel de ministerios, provincias,
municipalidades), representativas (sindicatos, organizaciones patronales y
estudiantiles) y ciudadanas (comités de barrios, de empresas, de administraciones
públicas) y, por supuesto, nuevas medidas en materia electoral, judicial y
administrativa. Algunas de estas nuevas leyes contravienen la Constitución aprobada
por la Asamblea Nacional, con mayoría absoluta del oficialismo.
Esta forma de imponer legalmente la voluntad del Presidente Chávez, fue subrayada
por el conjunto de los interlocutores de la Misión. Otro hecho notable consiste en la
coincidencia de las declaraciones de los diferentes actores sociales escuchados por la
Misión: los temibles instrumentos de un mecanismo autoritario de nuevo tipo, de
una democradura (gobierno de origen democrático con un ejercicio real autoritario)
moderna, fueron descritos de manera recurrente y convergente a lo largo de las
reuniones y entrevistas llevadas a cabo por los miembros de la Misión. Expresiones
tales como: "rutina autoritaria", "criminalización de la contestación",
"constitucionalismo revolucionario", "inseguridad e impunidad", "terror y
corrupción", reaparecen frecuentemente en las exposiciones.
Dentro del fraccionamiento sistemático de las estructuras administrativas y sociales,
el poder tolera ciertos espacios de libertad, reducidos en su número y extensión y,
sobre todo, limitados a sectores que no tocan al gran público, las masas populares y
las capas más pobres de la sociedad. Así, la prensa escrita, dirigida esencialmente a
los intelectuales y a una parte limitada de la clase media, muestra una libertad de
expresión asombrosa, a pesar de estar estrechamente vigilada y siempre bajo la
amenaza de un agotamiento de las existencias de papel, al arrogarse el gobierno el
control de la distribución (además de toda una otra serie de productos y servicios
estratégicos, como el petróleo, la electricidad, la siderurgia, la construcción, la
agroindustria, las telecomunicaciones y el sector bancario).
Si las actividades de la sociedad civil y de la oposición política no son prohibidas
categóricamente ellas están controladas y limitadas, particularmente debido a un
tipo de autocensura que se instala bajo la amenaza permanente de ataques verbales
del Presidente y de los representantes del poder, y física por parte de grupos
paramilitares, algunos de ellos manifiestamente a las órdenes del poder, otros que
5
sobrepasan al Presidente "por su izquierda" y escapan de su control inmediato. La
violencia de la cual son víctimas con regularidad la Universidad Central de Venezuela
y otras universidades que intentan preservar la misión de formación profesional de
alto nivel y el espíritu crítico de las generaciones jóvenes es, a este respecto,
representativa del clima de inseguridad y de temor que reina en el país.
Como lo señala un manual de formación de trabajadores, publicado por un sindicato
oficialista: "la violencia es el medio de implementación de las sociedades modernas
(según Marx)”. Violencia, amenaza, intimidación, inseguridad, incertidumbre,
inestabilidad de las leyes y de los procedimientos, constituyen el marco de la
sociedad actual. Esto no solamente tiene consecuencias sobre la vida privada de la
gente y sobre la vida ciudadana y política, sino también sobre la actividad económica
nacional.
Resulta que, en efecto, una gestión centralizada arbitraria y a menudo ineficiente ha
producido efectos desastrosos a nivel económico, con graves repercusiones sociales,
particularmente para los más pobres. Con un 30% de inflación en 2009, Venezuela
alcanza el índice más elevado del continente; con 15% del PIB, la producción de
bienes manufacturados está en caída constante; desde finales del 2008 el país está
en una recesión cada vez más acentuada; el sector industrial ha perdido el 36% de
sus empresas, con la disminución proporcional de los correspondientes empleos; los
ingresos del petróleo deben cubrir en su mayoría las importaciones y las inversiones
de capital en el extranjero. Por último, la última devaluación, dividió por dos el
ahorro y los ingresos de los venezolanos.
En la gestión global del país, la falta de concertación y la prevalencia de una lógica de
confrontación en los diferentes sectores de la sociedad son de lamentar. Por otro
lado, en el plano internacional, la política de confrontación con el vecino país de
Colombia, por una parte, y la importación de conflictos de Oriente Medio, por la otra,
se viven como serios riesgos de desestabilización regional y de amenaza a la paz.
Por último, varios interlocutores evocaron las responsabilidades y las fallas del
sistema precedente que abrieron el camino a la situación actual.
Frente a esta realidad, la Internacional Socialista y sus partidos miembros tienen un
deber insoslayable de solidaridad con la izquierda política y social de Venezuela

sábado, 3 de julio de 2010

Movimientos estudiantiles de los 80 en Venezuela

Espacio Abierto
ISSN 1315-0006 versión impresa


Espacio Abierto v.10 n.4 Maracaibo oct. 2001


Como citar este artículo

Roberto López Sánchez*, Carmen Alicia Hernández Rodríguez*

* Departamento de Ciencias Humanas, Facultad Experimental de Ciencias, La Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela.

Resumen

El trabajo aborda el análisis del movimiento estudiantil venezolano durante la década de 1980, haciendo especial énfasis en el resurgir de las luchas estudiantiles a partir del llamado “marzo merideño”, en 1987. En primer término se consideran las teorías sobre los movimientos sociales y su importancia para el estudio de los movimientos estudiantiles. Igualmente se aborda la reflexión sobre el papel histórico del movimiento estudiantil en Venezuela y toda América Latina, y su protagonismo en la nueva realidad dominada por la imposición de modelos neoliberales y la globalización. En segundo lugar se analizan los programas de los movimientos autónomos de base que surgieron en el estudiantado universitario de los 80. Finalmente, se aborda el estudio particular de las luchas estudiantiles de 1987 y su repercusión en la situación política nacional. Se concluye que las luchas estudiantiles de 1987-88 sirvieron para legitimar la práctica de la lucha callejera y de saqueos que luego se generalizó en febrero de 1989, y que el discurso antisistema bipartidista que usaron los militares al alzarse en 1992 era el mismo discurso elaborado por los movimientos estudiantiles a lo largo de los 80.


Palabras clave: Movimientos sociales, movimiento estudiantil, crisis política, nuevos actores sociales.

Student Movements and Crisis in the Venezuelan Political System

Abstract

This paper refers to Venezuelan student movements during the decade of the 1980s, placing special emphasis in the re-appearance of student protests beginning with the so-called “Merida March” in 1987. To begin with we consider distinct theories related to social movements and their importance in the study of student movements. We also touch on the historic role of the student movement in Venezuela and Latin America, and its protagonist role in the new economic reality dominated by neo-liberalism and globalization. In second place the programs of autonomous movements that arose in university student populations in the 1980s are analyzed. Finally, the special case of the student movement in 1987 and its repercussion in the national political scene is commented on. The conclusion was that student movements in 1987-88 legitimized the practice of street fighting and looting which was later expanded on in 1989, and that anti-bi-party system discourse used by military leaders in the attempted 1992 coupe was the same discourse used in student protests during the 1980s.


Key words: Social movements, student movements, political crisis, new social actors.


Recibido: 11-04-01 • Aceptado: 12-09-01

Introducción

En la segunda mitad de la década de los 80 se iniciaron en Venezuela una serie de protestas estudiantiles que tenían como características principales su enfrentamiento al sistema político bipartidista, su extensión por todo el territorio nacional y la violencia que reiteradamente se manifestaba. Estas luchas estudiantiles representaron el más grave conflicto social vivido por el régimen puntofijista antes de los sucesos del 27 de febrero de 1989, y en cierta forma constituyeron el primer campanazo de lo que estaba por venir.

El protagonismo estudiantil en estos años ha pasado desapercibido en los análisis que se refieren a los antecedentes de la crisis política desatada a todo lo largo de la década de los noventa, crisis que condujo finalmente al triunfo electoral de Hugo Chávez y al inicio del proceso de cambios por el cual aún estamos atravesando. Dichos análisis hacen énfasis en los prolegómenos de la rebelión militar del 92, o en la bajada popular de los cerros en el 89, pero dejan de lado que antes de eso hubo una significativa protesta estudiantil entre 1987 y 1988, la cual contribuyó decisivamente a configurar un clima de opinión crítica en contra del sistema político hegemonizado por AD y COPEI.

En la protesta estudiantil de los ochenta se manifestaba ya la desconfianza y el rechazo hacia la dirigencia política del país y hacia las instituciones de la democracia, como expresión del malestar presente en las clases populares por los efectos de la crisis económica, las promesas incumplidas, y la corrupción que afloraba por todos los rincones del régimen bipartidista. La respuesta que recibió la lucha estudiantil fue la represión policial y militar. El gobierno caracterizó las protestas como parte de una conspiración subversiva, y en base a ese argumento justificó el uso de mecanismos represivos desproporcionados, como la militarización reiterada de las ciudades, el allanamiento de universidades, pedagógicos y politécnicos, y la apertura de juicios militares contra dirigentes estudiantiles. En contraparte, los estudiantes respondieron con mayor violencia, quemando y saqueando las casas de AD y COPEI, acciones emblemáticas que demostraban hasta qué punto el sistema político había perdido su legitimidad ante el pueblo.

El presente trabajo forma parte de nuestra línea de investigación referida al estudio del movimiento estudiantil venezolano desde 1958 hasta el presente. En la revista OPCION n° 20 y n° 31 hemos publicado las conclusiones a que hemos llegado en el análisis de la década de 1960. Hay un trabajo más extenso sobre el movimiento estudiantil de La Universidad del Zulia (1958-1970) que espera por ser publicado. El presente artículo es un adelanto de la investigación que pretende establecer la incidencia del movimiento estudiantil en los acontecimientos de 1989 y 1992, que significaron el comienzo del colapso del sistema político instaurado a partir de 1958. Intentamos recuperar la memoria de las luchas estudiantiles y su significado en el proceso histórico de la Venezuela contemporánea. Como hemos dicho en otras oportunidades, el movimiento estudiantil constituyó el grupo social más activo del siglo XX venezolano, dando origen a los partidos políticos modernos y a los programas que animaron los cambios modernizantes de mediados de siglo, contribuyendo luego en forma decisiva al cuestionamiento realizado contra los vicios del régimen democrático que se consolidó en 1958. Pero el escenario principal del movimiento estudiantil ha sido la calle y no el parlamento o alguna otra institución; tal vez por ello su relevancia es escamoteada por los historiadores y analistas en general.

Las herramientas de nuestro estudio las hemos tomado tanto de las nuevas teorías sobre los movimientos sociales, como de los aspectos básicos con los cuales Marx analizó a los movimientos obreros del siglo XIX europeo. Ya en Opción n° 31 detallamos los aspectos generales de las teorías que sobre los movimientos sociales han surgido en los Estados Unidos y Europa en los últimos 40 años. Aquí trataremos de seguir profundizando en este aspecto. De igual forma, en la Revista Espacio Abierto de julio-septiembre de 2000, Vol.9, n° 3, expusimos lo que consideramos constituyen los nuevos paradigmas que deben guiar la investigación historiográfica, haciendo énfasis en elementos como la transdisciplinariedad y la holística. Con relación al marxismo, defendemos una perspectiva crítica del mismo, alejada de las deformaciones positivistas que surgieron en los soviéticos y que llegaron a predominar en todo el mundo.

A partir de marzo de 1987 se generalizaron en todo el país una serie de protestas estudiantiles que alteraron significativamente el panorama político nacional, configurando una serie de elementos que catalogamos como embrionarios de la crisis política que comenzaría a aflorar en Venezuela a partir de los sucesos del 27 de febrero de 1989. En las luchas estudiantiles del 87 se configuró un discurso político y una práctica de lucha social que contribuirían decisivamente a la caída del bipartidismo y al nuevo cuadro político que hoy existe en el país.

1. El movimiento estudiantil venezolano, la teoría de los movimientos sociales y la realidad latinoamericana

Como ya dijimos en un trabajo anterior (López y otros, 2000: 78), el estudio de los movimientos sociales sufrió un cambio de paradigma a raíz de los grandes movimientos de protesta de la década de 1960. Este cambio de paradigma tuvo mucho que ver con los movimientos estudiantiles de esos años, pues los investigadores que abordaron dichos análisis o habían participado directamente en dichos movimientos, o por lo menos habían sido testigos de primera fila.

Las primeras teorías que intentaron explicar a los movimientos sociales, se ubicaron en una explicación psicológica de los mismos, considerándolos como producto de la alineación, la ansiedad, la frustración y la atomización social, es decir, como formas de conducta desviada. Por ejemplo, el estudio de Gustave Le Bon, Psicología de las masas, 1895 (Pérez, 1993: 149); y los sociólogos de la llamada Escuela de Chicago: Ralph Turner, Lewis Killiam, Talcott Parsons, Neil Smelser y Robert Merton (Aranda, 2000: 227). Estas teorías fueron desplazadas progresivamente, luego de los grandes movimientos de la década de los 60, por dos grandes tendencias que intentaban buscar las raíces sociales de la protesta colectiva: la teoría de la movilización de recursos, desarrollada principalmente en los Estados Unidos, y la teoría de la construcción de la identidad colectiva, desarrollada en la Europa occidental.

Nos interesa aquí profundizar en el estudio específico de los movimientos estudiantiles. Luego de los 60, ya no se podía aceptar que los participantes en las protestas fueran individuos anómicos e irracionales, como habían defendido los seguidores de las teorías sobre la sociedad de masas; los nuevos investigadores habían descubierto que se trataba de individuos racionales, bien integrados a la sociedad, miembros de organizaciones, y que en sus acciones de protesta estaban impulsados por objetivos concretos, valores generales, intereses claramente articulados y cálculos racionales de estrategia (Pérez, 1993: 162).

La teoría de la movilización de recursos, formulada por autores como Anthony Oberschall, John McCarthy, Mayer Zald, Doug McAdam y Sidney Tarrow, plantea que para que surja un movimiento social no basta con las razones para la protesta (privaciones, etc.), sino que es fundamental disponer de recursos y de oportunidades para la acción colectiva, haciendo énfasis principal en la existencia de la organización como recurso fundamental para la movilización. Por tanto, no es la privación o el malestar social, sino la prosperidad lo que facilita la aparición y el auge de los movimientos sociales, pues la prosperidad es la que permite disponer de mayores recursos. Tanto de mayores recursos personales, debido a la adhesión de individuos por razones de conciencia, es decir, de individuos que al tener resueltos sus problemas vitales básicos, disponen de recursos excedentes en tiempo, dinero y energía para dedicarlos a las actividades del movimiento; como de recursos materiales más abundantes. En cuanto a la organización, se hace énfasis en la diferencia entre la organización de los movimientos sociales de protesta con las organizaciones burocráticas tradicionales (partidos, sindicatos, etc.). Las organizaciones de los movimientos sociales contienen grupos diversos, sin un mando único, con multiplicidad de liderazgos y de objetivos, y con canales de comunicación entre sí. En algunos casos, dichas organizaciones evolucionan hacia su institucionalización burocrática, pero ello ocurre sólo cuando el mismo movimiento social ha perdido su potencia movilizadora inicial (López, Monzant y González, 2000: 79).

En cuanto a las oportunidades para la acción colectiva, la teoría de la movilización de recursos plantea que los movimientos sociales son una forma de hacer política por otros medios, y más en concreto, por los únicos medios con que cuentan los grupos desprovistos de poder y que por ello no consiguen acceder a las formas institucionalizadas de acción política. Los cambios favorables en el sistema político permiten que surjan movimientos sociales: uno de ellos es la mejora en la situación habitualmente poco favorable de los grupos de oposición. Un segundo factor es la aparición de crisis políticas, cuando la posición hegemónica de los grupos o coaliciones dominantes se debilitan a consecuencia de la crisis, generando una ampliación de las oportunidades políticas para los grupos opositores. Un tercer elemento sería la ausencia o el uso restringido de la represión estatal, lo cual suele ocurrir en conexión con los dos factores ya citados.

La historia del siglo XX venezolano tiene un interesante aporte de los movimientos estudiantiles. De los grupos estudiantiles universitarios surgieron los embriones de los partidos políticos modernos, como Acción Democrática, el Partido Comunista, COPEI y URD. En esto influyó evidentemente uno de los preceptos contemplados en la teoría de la movilización de recursos: la proveniencia de clase de los líderes estudiantiles, de sectores medios emergentes, que los colocaban en posición de disponer de tiempo, recursos, información y formación necesarias para organizar un movimiento político de oposición al gobierno y al sistema en general. Cuando analizamos al movimiento estudiantil universitario del período de la renovación, en 1969, decíamos que un elemento favorable al desarrollo mismo del movimiento de renovación universitaria era la apertura política iniciada por el nuevo gobierno de Rafael Caldera, quien promovía la pacificación de las organizaciones de izquierda alzadas en armas. Los militantes de izquierda, deseosos de recuperar sus vínculos con las masas, volvían a las universidades aprovechando la política de pacificación calderista (López, Monzant y González, 2000: 106). Esta circunstancia cumplía otro de los presupuestos de la teoría de la movilización de recursos: la existencia de cambios favorables en el sistema político.

En los movimientos estudiantiles de los ochenta, podemos decir, en primer lugar, que su procedencia de clase seguía siendo la clase media en lo fundamental, sector que aún no había sufrido los estragos de la crisis económica, o que en todo caso comenzaba a ver las primeras expresiones de dicha crisis. La clase media venezolana se fortaleció durante la década del 70, y en los años 80 estaba en capacidad de incidir políticamente en la realidad del país. Desde este punto de vista, se seguía cumpliendo el presupuesto de la teoría de la movilización de recursos que establece la necesidad de contar con recursos materiales y con excedentes de tiempo para dedicarlos a las actividades del movimiento. El estudiantado de los ochenta seguía siendo un estudiantado dedicado exclusivamente a sus funciones académicas. Actualmente, en el 2001, podemos decir que una gruesa parte de los estudiantes de universidades públicas y privadas deben trabajar para ayudar a costear sus estudios.

En la década de los ochenta, otro elemento contemplado en la teoría de la movilización de recursos contribuyó al surgimiento de la protesta estudiantil: el debilitamiento de las fuerzas políticas que habían hegemonizado el sistema venezolano desde 1958. Esto ocurría debido a dos causas principalmente: el inicio de la crisis económica, y el desencanto popular por la corrupción, la burocracia y la ineficiencia del sistema político bipartidista. La agudización de estos elementos conducirían a la crisis política que comenzó a manifestarse a partir de los sucesos del 27 de febrero de 1989. Es innegable que a lo largo de los ochenta se comenzaron a asomar grietas en la aparente solidez del sistema político, hasta el punto que algunos investigadores llegaron a vaticinar, con algunos años de anticipación, la “bajada popular de los cerros” que ocurrió el 27/02/89 (como analizamos más adelante en este mismo trabajo).

Por su parte, la teoría de la construcción de la identidad colectiva, cuyos principales representantes son Alberto Melucci, Francesco Alberoni, Alain Touraine, Gunnar Olofson y Claus Offe (Pérez, 1993: 165), presta especial atención a los cambios estructurales del sistema capitalista que han dado origen a los nuevos movimientos sociales. En ruptura con el paradigma tradicional que veía a los movimientos sociales como expresión del enfrentamiento entre empresarios y trabajadores, o de manera más general, como una lucha de clases cuyo principal protagonista era el movimiento obrero, plantea la novedad de los movimientos estudiantiles, feministas, ecologistas y pacifistas, para poner algunos ejemplos, los cuales tienen poco o nada que ver con la clase obrera. Hay nuevos actores, nuevos objetivos, y nuevas formas de acción social. La explicación radica en que el desarrollo del capitalismo, en los países industrializados fundamentalmente, fortaleció a un importante sector de clases medias que suministró la base social para los nuevos movimientos.

Los teóricos europeos han considerado que las identidades colectivas, o en otros términos, los ingredientes culturales compartidos por los miembros de los movimientos representan el factor fundamental para la permanencia de los mismos. Un movimiento social es un proceso colectivo en el que los actores negocian y renegocian continuamente todos los aspectos de su acción. A lo largo de este proceso se crean los nuevos códigos culturales y las nuevas alternativas simbólicas que definen la identidad colectiva de los actores. Este proceso tiene tres dimensiones fundamentales: las creencias comunes, relacionadas con los objetivos, los medios y el terreno en que se desarrolla la acción; la red de relaciones sociales entre los distintos actores; y la realización de inversiones emocionales, gracias a la cual los individuos acaban reconociéndose como miembros de una colectividad (Pérez L, 1993:174).

Enfatizan los europeos en las diferencias entre las organizaciones de los nuevos movimientos sociales con las organizaciones formales tradicionales. Las primeras están caracterizadas por la actividad, la participación, el compromiso y la acción consciente; las segundas en cambio están jerarquizadas, con división de tareas y pasividad de la mayoría de sus miembros. En los movimientos, el líder es un activista, la legitimidad se basa en el carisma, las relaciones entre los miembros tienen fuertes componentes emocionales, la lucha se dirige a objetivos ideales y se plantea en forma de rupturas radicales, y el público al que el movimiento atrae es joven en su mayoría. En cambio, las organizaciones formales tienen como dirigentes a administradores o gestores, su legitimidad es de carácter burocrático, las relaciones internas están dominadas por la racionalidad, y la lucha se dirige a la realización, aunque sea parcial, de los objetivos y a la consolidación de los logros alcanzados; predominando en las mismas las personas de mediana edad.

La espontaneidad, la informalidad y el bajo grado de diferenciación, tanto horizontal como vertical, son los rasgos definitorios de los nuevos movimientos sociales en el terreno de la organización. Esto explicaría la falta de continuidad características en estos movimientos. Esta discontinuidad se plantea como la presencia vinculada de dos etapas en la existencia de los movimientos sociales: una etapa de “latencia”, en la cual se experimentan los nuevos modelos culturales, opuestos a los códigos sociales dominantes, y se fortalecen los recursos y el entramado cultural para la movilización posterior; y la etapa de movilización propiamente dicha.

La teoría de las “identidades colectivas” expone un aspecto fundamental para entender la lucha social del siglo XX venezolano. En otro lugar hemos dicho: “se han producido circunstancias como la venezolana, en la cual la existencia de una estructura económica escasamente desarrollada en la industria, y por consiguiente con un proletariado poco numeroso, pero que contaba con los aportes millonarios de la renta petrolera, permitió la existencia de una clase media relativamente fuerte en su influencia social. Los movimientos estudiantiles de los años 20, 30, 40 y 50 fueron determinantes en el proceso político posterior de la nación; de las filas universitarias surgieron prácticamente todos los partidos y líderes políticos que condujeron al país en el período democrático y sus etapas previas. En Venezuela la clase media urbana ha sido, a lo largo del siglo XX, la clase revolucionaria por excelencia”(López, 1999: 20). Venezuela es un buen ejemplo del desarrollo desigual de las sociedades capitalistas; ciertamente tuvimos una ausencia notoria de una clase obrera numerosa, y gracias al rentismo generado por el petróleo, surgió una amplia clase media, la cual insurgió políticamente a partir de 1928.

Los movimientos estudiantiles fueron el grupo social más beligerante del período entre 1958 y 1988 (López, Monzant y González, 2000: 83); en esta circunstancia incidía también el control hegemónico que Acción Democrática ejercía sobre las organizaciones sindicales obreras (control que aún hoy en el 2001 parece tener larga vida). La lucha de clases de los primeros treinta años de la democracia puntofijista estuvo signada por la protesta estudiantil. Incluso las organizaciones de izquierda, que se autodenominaban “partido de la clase obrera”, estaban constituidas casi en su totalidad por activistas provenientes del medio estudiantil universitario, como lo ha demostrado Luis Beltrán Acosta en su trabajo “Antecedentes históricos del movimiento estudiantil” (1984: 23).

Tanto la teoría de la movilización de recursos como la de identidades colectivas, coinciden en valorar la acción de los movimientos sociales por medios organizados no tradicionales, es decir, al margen de los partidos políticos hegemónicos y de los sindicatos y gremios mayoritarios. Los movimientos estudiantiles fueron en los ochenta una reacción al control hegemónico que la izquierda parlamentaria ejercía sobre las Federaciones de Centros Universitarios y Centros de Estudiantes en general. Como exponemos más adelante, su punto de partida era la crítica a los vicios burocráticos que habían desarrollado esos partidos de la izquierda tradicional (principalmente el MAS y el MIR, a los que se agregaban los partidos considerados de “derecha” AD y COPEI). Los movimientos estudiantiles de los ochenta fueron en ese sentido una forma de hacer política por otros medios, como lo expone la teoría de la movilización de recursos, y recrearon la forma de relacionarse entre los miembros del movimiento, estableciendo mayores niveles de participación, compromiso, acción consciente, espontaneidad, informalidad, bajo grado de diferenciación entre los líderes y los activistas, características todas que enfatiza la teoría de las identidades colectivas.

Las propuestas políticas de los movimientos estudiantiles cuestionan incluso los fundamentos ideológicos del sistema político: la democracia representativa. Como plantean algunos autores: “desde mediados de los ochenta comienza a surgir tímidamente un difuso movimiento social que tiene como premisa el cuestionamiento a la representación, y junto con él, la organización de acciones de protesta como de prácticas sociales que responden a una cultura política absolutamente contraria a los marcos representativos del totalitarismo liberal-democrático del puntofijismo” (Denis, 2001: 61). En sus críticas a los partidos políticos y su estructura de poder sobre la sociedad venezolana, los movimientos estudiantiles estaban socavando los fundamentos mismos de la hegemonía bipartidista.

Es nuestro criterio que los elementos de ambas teorías, la de movilización de recursos y la de identidades colectivas, no son antagónicos ni contradictorios. Ambas contribuyen a explicar el proceso de los movimientos estudiantiles venezolanos. La primera hace énfasis fundamental en el “cómo” se desarrollan los movimientos sociales, en los mecanismos coyunturales que permiten el surgimiento de movimientos en un contexto histórico determinado. La segunda profundiza en los “porqué”, en las razones estructurales que favorecen la insurgencia de determinados grupos en una formación social específica. Como hemos expuesto en este trabajo y en otros anteriores ya mencionados, tanto los factores coyunturales como los estructurales permitieron el protagonismo político de los movimientos estudiantiles venezolanos en diversos momentos del siglo XX.

Al analizar a los movimientos de protesta social, Alain Touraine propone diferenciar tres tipos de conflictos que tienden a modificar aspectos de la estructura social (Touraine, 1991: 6):

“Conductas colectivas”, serían aquellas acciones que representan una defensa, reconstrucción o adaptación de un elemento enfermo del sistema social.
“Luchas”, se denominarían a los conflictos que buscan modificar sistemas de decisión, que actúan como factores de cambio y como fuerzas políticas.
“Movimientos sociales”, se llamarían a las acciones conflictivas que buscan transformar las relaciones sociales de dominación que se ejercen sobre los principales recursos culturales, la producción, el conocimiento, las reglas éticas.
De acuerdo a dicha categorización, los movimientos estudiantiles venezolanos del período estudiado contienen elementos que se refieren a los tres tipos definidos por Touraine en base al análisis específico de cada una de las luchas desarrolladas; el mismo autor establece que un “mismo conflicto puede depender de uno, dos o tres tipos” (1991: 7). Por regla general, las protestas estudiantiles se inician como una respuesta a violaciones de sus derechos que sufre el estudiantado como tal. En este sentido, serían una “conducta colectiva”, al tratar de restablecer derechos adquiridos con anterioridad, como sucedía con las protestas estudiantiles que se oponían a los aumentos de aranceles a mediados de los ochenta en varias universidades del país. En su desarrollo, las protestas se proponen modificar los mecanismos institucionales que han permitido que sus derechos sean violados. Entrarían así en la categoría de “luchas”, pues el movimiento estudiantil se involucra en acciones políticas enfrentadas a las instituciones del Estado (Ministerio de Educación, gobernaciones, ministerio del interior) y a las autoridades universitarias. Y en última instancia, la lucha estudiantil termina orientándose al cuestionamiento general del orden establecido, contrastándolo con un referente social alternativo (por ejemplo la exigencia de una democracia no tutelada por los partidos, y una economía que permita el bienestar de las mayorías), aunque en este aspecto se hayan limitado al aspecto declarativo y agitativo, sin proponerse la toma del poder político.

Creemos que los movimientos estudiantiles de los 80 no lograron cristalizar en un proyecto de poder, no porque no se lo hubieran planteado, sino por una cuestión de incapacidad política y organizativa para resolver sobre la marcha esa posibilidad. La prueba está que algunos de esos dirigentes antipartido terminaron incorporándose a partidos y organizaciones que sí visualizaban un proyecto de poder; es el caso de los dirigentes del Movimiento 20 en el Zulia, que se incorporaron al partido Causa R y han figurado como parlamentarios regionales y nacionales en la última década (Idelfonso Finol, Elías Mata, Rafael Colmenarez, Tony Boza) y de Franz de Armas (Presidente de la FCU-LUZ en 1990-92 y Director Regional de Salud en 1996, con Arias Cárdenas como gobernador), incorporado al MBR-200 en 1992.

No obstante, pensamos que la categorización de Touraine al exigir que los movimientos sociales, para ser calificados como tales, deben ser portadores de elementos de transformación de “las relaciones de dominación social que se ejercen sobre los principales recursos culturales, la producción, el conocimiento, las reglas éticas”, introduce elementos discutibles, pues habría que definir que se entiende por “elementos de transformación”. En una época en la cual los antiguos paradigmas de transformación se han derrumbado, como por ejemplo el del socialismo real y el propio sentido de progreso implícito en la visión de modernidad, no es tan fácil argumentar cuál elemento es realmente transformador de la estructura social actual y cuál no lo es.

Al respecto hemos debatido en otro momento sobre el carácter transformador de determinados movimientos sociales, en pugna con criterios opuestos defendidos mayoritariamente por los historiadores1. Es el caso de la insurrección de esclavos que estalló en Venezuela en 1812-1814, la cual en su etapa culminante fue liderada por José Tomás Boves. El ejército de Boves, integrado en más del 99 % por negros y pardos, destruía en los hechos las relaciones sociales esclavistas, que eran el fundamento de la dominación colonial española en América, aunque no existió nunca un programa escrito que así lo contemplase. Historiadores como Carrera Damas le han negado el carácter revolucionario a estas insurrecciones de esclavos, argumentando que no existen pruebas documentales de sus propósitos (López, 2000: 133). Carrera parte de una perspectiva filosófica basada en el idealismo subjetivo, al creer que es el pensamiento el que determina los hechos históricos. Nosotros defendemos que “los hechos históricos deben juzgarse principalmente no por lo que los hombres dijeron de los mismos, sino por los hechos que llevaron a cabo” (López, 2000: 134). Al combatir a los esclavistas, asesinándolos con familia y todo, extendiendo esta matanza a toda la población blanca, obra histórica llevada a cabo por el ejército de Boves en casi todo el territorio venezolano, se estaba destruyendo el sistema productivo basado en la explotación del trabajo esclavo.

Esos hechos históricos de incontrovertida realización valen más que cualquier programa. Por ello consideramos que la valoración de las propuestas de un movimiento social debe realizarse a la luz de sus acciones históricas, y de las consecuencias generadas por las mismas, más que en el análisis de pretendidos programas de transformación que no necesariamente generaron cambios reales en la sociedad.

Continuemos. El carácter particular de los movimientos estudiantiles latinoamericanos de las últimas décadas se relaciona mucho con los procesos de masificación de la educación superior llevados a cabo en nuestros países (Brunner, 1986: 279). Los estudiantes universitarios dejaron de ser una elite en la medida en que la crisis económica comenzó a afectar a las clases medias y sectores de trabajadores. Incluso la llamada proletarización de las profesiones universitarias ha hecho bajar de status al individuo que posee un título profesional. Esa es una realidad presente en Venezuela desde hace ya dos décadas por lo menos. A mediados de los ochenta, diversos teóricos como José Joaquín Brunner (1986), Germán Campos (1986: 303) y Luis Gómez Calcaño (1987: 15), no consideraban la posibilidad de un nuevo renacer del movimiento estudiantil latinoamericano y más específicamente venezolano. Se basaban para ello en el fuerte control que mantenían los partidos políticos dentro de las universidades, en la apatía presente en el estudiantado hacia sus organizaciones representativas, en el apego exclusivo a sus intereses gremiales o corporativos, en los efectos desmovilizantes de la crisis económica, en la crisis de los paradigmas que sustentaban la lucha estudiantil de los 60, y en los frenos derivados de la incongruencia entre el ofrecimiento social de participación en los destinos del país y la incapacidad real de incorporar al joven formado ni siquiera al sistema productivo ya existente.

Otros autores señalaban el peso real de las derrotas sufridas por los movimientos revolucionarios latinoamericanos en los 60 y 70, y el efecto sobre la población de la propaganda anticomunista que se centraba específicamente sobre el movimiento estudiantil, como factores que favorecían la desmovilización creciente del estudiantado (Silva Michelena, 1986: 295). A lo anterior se agregaba la imposición del modelo neoliberal, que pregona el individualismo y la competencia como paradigmas sociales, sumado a los cambios en la composición social de los estudiantes universitarios (preeminencia de estudiantes provenientes de clase media, y de estudiantes que trabajan y estudian, reflejo directo de la crisis económica). No obstante, Silva Michelena concluía en que la agudización de las tensiones sociales debido a la crisis económica y la aplicación de las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, creaban las condiciones objetivas para que el movimiento estudiantil asumiera nuevamente un rol protagónico en la sociedad, probablemente en alianza con otros sectores sociales. Y no se equivocaba. Las protestas estudiantiles en la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1999-2000, han permitido concluir a autores como Aranda que “al finalizar el siglo XX, el movimiento estudiantil aparece alzando la voz en contra del modelo socioeconómico neoliberal excluyente, y para reivindicar los derechos del pueblo como el actor central de las demandas por un cambio social” (Aranda, 2000: 248).

Los movimientos estudiantiles en América Latina fueron en sus inicios, desde Córdoba, la expresión de sectores de las clases medias que pugnaban por abrirse espacios de participación sociopolítica en sociedades oligárquicas tradicionales (Vivas, 1982: 27). A lo largo del siglo XX, en América Latina se concretan una serie de reformas liberales derivadas de cambios profundos en la estructura social, que entre otros aspectos generó un proceso de concentración urbana y surgimiento de nuevas clases sociales. En estos nuevos grupos sociales, los sectores medios emergentes inaugurarán nuevas formas de lucha social, y sus demandas tendrán expresiones significativas en los sistemas educativos y particularmente en las universidades (Bronfenmajer y Casanova, 1982: 269); (Tunnermann, 1979: 31). Los segmentos medios surgen como los principales agentes modernizadores, y se constituyen en los principales grupos de presión en demanda de una mayor democratización del poder político y de mayores oportunidades educacionales. En razón de ello, la lucha estudiantil no era sólo contra la verticalidad de la estructura universitaria, sino contra las sociedades en las cuales ésta funcionaba. Con el avance del proceso de modernización capitalista en las sociedades latinoamericanas, el movimiento estudiantil se consolidó como expresión política de los sectores modernos, según la conceptualización de Zermeño: “modernos, en tanto representan capas que hasta muy recientemente han alcanzado una presencia generalizada en la sociedad, y modernos en tanto su función es el estar íntima y directamente relacionados con la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general” (Zermeño, 1991: 246).

El carácter antiautoritario de los movimientos estudiantiles, que generalmente se enfrentan a las estructuras universitarias y a su papel dentro de la sociedad, también choca en no pocas ocasiones contra el mismo Estado y el sistema político imperante. El movimiento estudiantil conlleva una orientación política en la medida que cuestiona y demanda el uso de recursos y condiciones manejadas por el Estado, ya sean reivindicaciones gremiales o cambios sociopolíticos (Aranda, 2000: 248). En algunos casos, el estudiantado llega a cuestionar el orden establecido, reivindicando una visión progresista de la universidad, que sirva para criticar las desigualdades sociales, la opresión política y la misma dominación extranjera en el país (Wences Reza, 1971: 36). Como plantean diversos autores, la lucha estudiantil por la Reforma Universitaria no es más que un camino para llegar a las reformas sociales y a la misma revolución social (Orgaz, 1971: 101). Esta situación se presentó a mediados de los 80 en nuestro país, cuando las protestas estudiantiles se orientaron hacia la crítica de los vicios presentes en el sistema político venezolano, más que hacia el cuestionamiento de los problemas internos de las universidades.

La causa de esto puede ubicarse en las inquietudes de grupos de las clases medias ante el vertiginoso descenso de sus niveles de vida debido a la crisis económica declarada a partir del llamado “viernes negro”, en febrero de 1983. Estos grupos sociales, que mayoritariamente representan la proveniencia del estudiantado universitario, comenzaron a cuestionar la corrupción y la ineficiencia de las instituciones políticas como una de las causas principales de la crisis. En una sociedad que había manejado centenares de miles de millones de dólares por concepto de la renta petrolera, no se justificaba una crisis económica como la que Venezuela comenzó a padecer desde comienzos de los 80. En los partidos conductores de ese sistema político, Acción Democrática y COPEI, comenzaron a recaer las culpas de la crisis, y esas reflexiones comenzaron a manifestarse políticamente en las universidades. No habrán dejado de influir en el alumnado las investigaciones de los profesores que en las áreas de ciencias sociales abordaban el estudio de la realidad nacional. Como plantea Aranda, cada estudiante “es un sujeto pensante y cuestionador, que ya no se conforma con los discursos ideológicos sino que se prepara para descubrir la verdad y a la vez construye su propia certeza para avanzar en su desarrollo” (Aranda, 2000: 243).

Aunque algunos autores sostienen que “ninguna protesta social tiene como objetivo transformar el sistema político” (Haluani, 1994: I), sin embargo en las luchas del movimiento estudiantil venezolano en el segundo lustro de los 80, se formularon propuestas específicas hacia la transformación del sistema bipartidista dominante, como veremos más adelante. La acción política de ese movimiento estudiantil comenzó por derrotar electoralmente a los partidos tradicionales, tanto de derecha como de izquierda, generando un discurso político que sin ambages puede considerarse el embrión de todas las convulsiones sociales que se iniciaron en el país a partir del 27 de febrero de 1989. Al decir esto no estamos afirmando que exista una conexión directa entre los movimientos estudiantiles y las protestas populares del 27 de febrero; es decir, no necesariamente fueron los estudiantes los protagonistas principales en febrero del 89. Pero el sustento ideológico que envolvía la protesta social sí lo habían construido los movimientos estudiantiles, con sus críticas implacables hacia los vicios del bipartidismo y su lucha intransigente que llegaba al saqueo y quema de las casas partidistas de AD y COPEI, el apedreamiento de sedes institucionales como Asambleas Legislativas, Gobernaciones y Concejos Municipales, y los actos de saqueo de alimentos contra camiones de transporte privado. No cabe duda que los estudiantes fueron los primeros en dar “el ejemplo” de lo que se masificó como conducta social en febrero del 89.

2. Origen y proyectos de los movimientos autónomos y antipartido

A finales de 1980 estalló en la Facultad de Ingeniería de la UCV un conflicto estudiantil que enfrentaba a los nuevos movimientos ecologistas con la visión autoritaria del Decano Piar Sosa2. Rápidamente el conflicto se extendió a toda la universidad, por la participación solidaria de estudiantes de otras facultades, que exigían la reincorporación de 20 estudiantes expulsados por el mencionado decano. La causa del conflicto era que el decano había ordenado eliminar un área verde de la facultad para construir allí una caminería. El resultado principal de esta lucha es el embrión que quedó sembrado en las aulas y pasillos de la UCV, y que luego se extendería a todas las universidades nacionales: nacía un movimiento estudiantil independiente de los partidos políticos que tradicionalmente habían hegemonizado la acción del alumnado universitario.

Se constituyó así el llamado Movimiento 80, el cual en 1985 alcanzaría el triunfo electoral y pasaría a dominar la FCU, con William Peña como presidente. De una u otra forma, este proceso comenzó a repetirse en el resto de universidades. Los movimientos autónomos surgían “como respuesta a las equivocadas políticas que los partidos, principalmente los de la llamada izquierda, le impusieron a las organizaciones estudiantiles” (Ancidey, 1987: 16). Sus posturas antipartido se explicaban al afirmar que “estas organizaciones se han caracterizado por ser estructuras verticales, cerradas, características que han contribuido a que sean instrumentos apropiados para el desarrollo de políticas reformistas marcadas por un burocratismo tanto de izquierda como de derecha” (Ancidey, 1987: 16).

En mayo de 1985, el I Congreso Nacional de Estudiantes reunido en la ciudad de Mérida había otorgado un poderoso impulso a los movimientos autónomos de las distintas universidades del país. 820 delegados de diversas universidades e institutos educativos se reunieron para discutir 45 ponencias sobre temas como la situación internacional, la situación nacional, la situación educativa y la organización estudiantil. En general, las resoluciones de dicho evento se enfrentaban a lo que llamaban “medidas de carácter punitivo y represivo que las autoridades universitarias y el gobierno nacional” venían adoptando contra el estudiantado, expresadas en las políticas de selección y cupo, reglamento de repitientes, regímenes arancelarios que violan el derecho constitucional a la educación gratuita, y acciones represivas como la masacre de Tazón (1994), el allanamiento y desalojo de las residencias estudiantiles en LUZ (1995) y las expulsiones de estudiantes en la ULA. De La Universidad del Zulia asistieron 55 delegados de los siguientes grupos: A Mano Alzada-Arquitectura; Grupo Renacer Estudiantil Universitario (GREU) -Medicina; Parábolas-Ingeniería; Autoestima Estudiantil-Derecho; Equipo 8-Medicina; Centro de Estudiantes de Humanidades; Unidad Estudiantil-Economía; Centinela- Veterinaria; Grupo Independiente de Odontología (GIO); Movimiento Ciencias; Alianza Estudiantil de Agronomía (AEA); Frente Reivindicativo de Estudiantes Residentes (FRER); Frente Udonperista (Liceo Udón Pérez); Grupo IRI-CUM (I Congreso Nacional Estudiantil, 1985).

Los movimientos autónomos criticaban tanto el paternalismo, la conciliación y el autoritarismo de los partidos burocratizados en la estructura estudiantil, como el vanguardismo de otros grupos que actuaban como sectas radicalizadas, desvinculadas del estudiantado y autopostulándose como genuinos representantes del alumnado (Ancidey, 1987: 16). La apatía presente en el movimiento estudiantil era producto de la política desarrollada por los partidos que dirigieron los centros y federaciones en los años anteriores. Estos partidos, como AD, COPEI, MAS, MIR y PCV principalmente, por la vía de los acuerdos por arriba, le impusieron a la organización estudiantil unas estructuras burocráticas y verticales, muy adecuadas a sus políticas reformistas, pero muy lejos de representar las aspiraciones del estudiantado (Movimiento 80, 1987: 17). Las organizaciones estudiantiles habían derivado en apéndices de los partidos políticos. La representación estudiantil, en vez de actuar como voceros de los intereses estudiantiles discutidos en las asambleas, era considerada como la cuota de poder que tenía el respectivo partido en el cogobierno universitario (Movimiento 80, 1987: 17).

Algunos grupos, como el Movimiento 80 de la UCV, realizaban una profunda reflexión sobre las viciadas prácticas que se habían impuesto en la dirigencia estudiantil anterior, la cual provenía principalmente de los partidos MAS y MIR. Partían de una crítica radical a los esquemas burocráticos dentro de las estructuras estudiantiles, para romper con las trabas que dificultaran o impidieran la libre participación de todos los estudiantes en la toma de decisiones. Las organizaciones estudiantiles se habían convertido en mecanismos de promoción de los líderes juveniles de los partidos, los cuales saltaban de la FCU y Centros a ocupar cargos en el Congreso Nacional. Los dirigentes estudiantiles se habían convertido en una “casta dominante”; su gestión autoritaria era revestida por el paternalismo como mecanismo que sustituía la participación estudiantil. Los dirigentes terminaban siendo los intermediarios entre las autoridades y los estudiantes, negando con ello la movilización como instrumento de lucha del estudiantado para la conquista de sus derechos y reivindicaciones (Movimiento 80, 1987: 17). Esta cadena de vicios había conducido a la inmovilidad y a la pérdida de credibilidad de las organizaciones estudiantiles.

Pero el surgimiento de los “grupos autónomos de base” habían revertido el fenómeno de la degeneración del movimiento estudiantil. Desde diversos sitios y de manera simultánea, la actividad política estudiantil se fue recuperando gracias al quehacer de los grupos de base, quienes desarrollaban un trabajo vinculado a la cotidianidad del estudiantado, sustituyendo en cierta forma a la labor de los inactivos centros de estudiantes. El Movimiento 80 era expresión de la unión federativa de la mayor parte de estos grupos de base de la UCV. Con pocos recursos y mucho trabajo, este movimiento logró derrotar a las grandes maquinarias políticas. La culminación de este proceso de rectificación estudiantil debía concluir en un Congreso General de Estudiantes de la UCV, que sirviera para terminar de democratizar las organizaciones, creando estructuras horizontales, no burocráticas, y que permitieran estimular la participación de todos los estudiantes. El objetivo principal del congreso era “demoler todo el aparataje burocrático actual y sustituirlo por una organización que represente realmente las aspiraciones del estudiantado ucevista” (Movimiento 80, 1987: 17).

Otros grupos, como el Movimiento 20 de La Universidad del Zulia, que había conquistado la FCU en el primer semestre de 1987, extendía sus propuestas de democratización hasta las instancias del cogobierno universitario. Entre sus objetivos generales figuraban: Procurar la autonomía de trabajo y de decisión en las organizaciones estudiantiles; mantener y luchar por las reivindicaciones estudiantiles; valoración de las capacidades individuales como una forma de superar la alineación personal; transformación del sistema educativo imperante (rechazo a la tecnocracia); trabajar en la formación de profesionales y estudiantes críticos y conscientes de la realidad nacional; defender la educación gratuita y democrática; impulsar la autogestión estudiantil en distintas áreas reivindicativas, culturales y académicas; ratificar la concepción del delegado como vocero y representante del colectivo; impulsar movilizaciones sin asumir posiciones vanguardistas y manipuladoras; el rescate de principios éticos y la construcción de un nuevo lenguaje para el movimiento estudiantil (Movimiento 20, 1987: 15).

Un importante aspecto de los programas de acción de los movimientos de base se referían al enfrentamiento a lo que denominaban “ofensiva desatada por el gobierno y las autoridades universitarias contra la autonomía de las universidades y contra el derecho al estudio”. Entre sus propuestas a nivel académica figuraban: Frenar la elitización y la privatización de la enseñanza; enfrentar el cerco económico impuesto por los gobiernos de turno; cuestionar la implementación de pensum de estudios alejados de la problemática del país; promover el desarrollo de la ciencia y la cultura en pro de las necesidades populares; y la democratización de las universidades en todos los niveles (Movimiento Sol Cien, 1987).

El carácter autónomo de los movimientos de base era concebido como una profundización de las definiciones programáticas que guiaban su accionar político. La independencia de los partidos no implicaba estar carentes de pensamiento político, ni ausencia de compromiso, como pudiera pensarse. La autonomía o independencia la concebían como una actitud ante la vida, abriendo la posibilidad de participar sin tener que someterse a las imposiciones burocráticas, verticales, carentes de democracia interna, que se presentaban en los partidos del estatus (Movimiento 20, 1987: 15). No se consideraban apéndices ni brazos de partido político alguno.

En los hechos, entre los fundadores de estos movimientos de base participaron numerosos exmilitantes de partidos de la izquierda, sobre todo provenientes de los sectores más radicales como la Liga Socialista, Bandera Roja y el Partido de la Revolución Venezolana. También habían militantes activos de partidos de izquierda, sobre todo de Bandera Roja, que por actuar clandestinamente, facilitaba que sus activistas no tuvieran que identificarse públicamente como integrantes de un partido político. Como las críticas a los partidos de izquierda y de derecha no alcanzaban a la izquierda radical, la cual hasta ese momento no había tenido mayores cargos de dirección en las estructuras de las FCU y Centros de Estudiantes, se hacía viable que los militantes de estos pequeños partidos convivieran con el carácter autónomo, independiente y antipartido de los movimiento estudiantiles de base.

Al mismo tiempo, el nacimiento de los grupos autónomos se relacionaba con la situación del país. Eran una respuesta a las viciadas prácticas de los partidos políticos, y llenaban el vacío generado por la crisis del país político (Movimiento 20, 1987: 15). Específicamente, cuestionaban la negativa de los partidos políticos del status, Acción Democrática y COPEI, a implementar las reformas políticas y electorales que permitirían ampliar la participación democrática de la población en el sistema político venezolano (Movimiento Fórmate y Lucha, 1987: 18). Por otra parte, las responsabilidades de la crisis económica también eran consideradas al momento de la constitución de los movimientos y definición de sus programas de acción. El programa económico del gobierno de Jaime Lusinchi, era relacionado con “los dictados del FMI”, que buscaban garantizar el pago de la deuda externa a costa del hambre, la miseria y la represión de las mayorías venezolanas. De estas reflexiones, los movimientos autónomos concluían que las luchas por reivindicaciones estudiantiles eran a la vez luchas del pueblo, como al mismo tiempo eran suyas las luchas populares. No sólo se planteaban la unidad con profesores, empleados y obreros dentro de las universidades, sino con los sectores obreros vecinos a las áreas universitarias (EPA 86, 1987: 19).

El objetivo del gobierno era imponer un nuevo modelo económico, que pasaba por la reducción del gasto en educación y salud (EPA 86, 1987: 19). En respuesta a ello, los movimientos postulaban la unidad nacional estudiantil en lo organizativo y planes de lucha comunes. A la vez, debían profundizar la vinculación con los obreros, vecinos, profesionales y campesinos para levantar un fuerte movimiento popular que impugnara el orden social vigente (Movimiento 80, 1987: 17). En el fondo, los movimientos no sólo cuestionan la situación particular de las universidades, sino la situación de crisis de la sociedad en general, frente a la cual se colocaban en oposición a los valores que garantizan la acumulación y los privilegios de algunos individuos a costa del trabajo y las privaciones del colectivo. Se ubican como activistas de una lucha que busca un futuro diferente donde sea el bienestar de los individuos la meta principal de la acción y la razón de ser de la sociedad (Movimiento Nueva Universidad, 1987: 20).

Para los movimientos de base, el movimiento estudiantil debía ponerse en sintonía con los grandes problemas del país, relacionándose con todos aquellos sectores de la sociedad que proponen posiciones de avanzada social y transformación política. El movimiento estudiantil debía retomar su papel histórico como centro de discusión y de propuestas ideológicas, convirtiéndose en actores esenciales para la conducción de la sociedad (Movimiento Fórmate y Lucha, 1987: 18). La lucha de los estudiantes no es aislada de las luchas que debe librar el pueblo por la consecución de una sociedad más justa y más humana (Movimiento Sol Cien, 1987).

En resumen, los programas de los movimientos autónomos estudiantiles partían de una crítica a la propia organización estudiantil que hasta ese momento había prevalecido en las universidades, propiciando su democratización horizontal, a la vez que proponían ideas de transformación hacia el interior de las instituciones educativas, y se vinculaban a la problemática sociopolítica y económica del país. Con un mensaje renovado, los movimientos autónomos fueron derrotando a los anquilosados partidos de izquierda y de derecha que hasta ese momento habían controlado las FCU y Centros, y se colocaron en una posición que les permitiría asumir la dirección de las luchas estudiantiles que estallaron a partir del llamado “marzo merideño”, en 1987.

3. El marzo merideño y la resurrección de la lucha estudiantil en Venezuela

El 13 de marzo de 1987 fue asesinado Luis Ramón Carballo Cantor, vinculado al partido Acción Democrática, cuando celebraba su graduación en La Universidad de Los Andes. Su asesino fue el abogado Bernardino Navas, también vinculado a AD, quién disparó contra el joven cuando éste penetró al jardín de su casa en horas de la madrugada a realizar una necesidad física. Según las informaciones recogidas en los diarios, primero hubo una discusión entre ambos antes de que el abogado disparara, situación que sirvió para que todo el estudiantado de la ULA saliera a la calle a protestar por lo que consideraba un asesinato totalmente injustificado. El nivel de violencia que se manifestó ese día y los subsiguientes no se presentaban en el país desde el mismo 23 de enero del 58.

La casa y el vehículo del asesino fueron incendiadas casi de inmediato por los estudiantes, a lo que siguió el saqueo de establecimientos comerciales y bancos, y la destrucción e incendio de la sede distrital de Acción Democrática en Mérida. Durante varios días el orden público estuvo fuera de control en la ciudad de Mérida, pese a la toma policial y militar de que fue objeto a partir del 14 de marzo. Durante el sepelio del estudiante los manifestantes intentaron asaltar los puestos policiales en dos barrios de la ciudad. Como la policía y la Guardia Nacional no se daban abasto para controlar las manifestaciones, el gobernador Carlos Consalvi pidió refuerzos provenientes de San Cristóbal3 y otras partes del país. Finalmente, el 16 de marzo el gobierno se vio obligado a sacar al ejército a la calle, como último recurso para aplacar la protesta estudiantil que parecía no tener fin. Las instalaciones de la Universidad de los Andes fueron ocupadas por las fuerzas policiales y militares.

El asesinato de un estudiante por causas no vinculadas directamente a problemas universitarios, había generado, sin embargo, una descomunal protesta de varios días que adquirió dimensiones de violencia no vista en décadas. El 17 de marzo el Rector de la UCV, Edmundo Chirinos, opinaba en El Nacional que las protestas de Mérida eran una “manifestación colectiva del cansancio de las clases desposeídas y de la inconformidad con la dirigencia política”. Terminaba diciendo que “la rebeldía bien encaminada podría generar una nueva alternativa” ante el decadente sistema político venezolano.

Por su parte el gobierno comenzó a calificar la protesta como una “conspiración contra el Estado”. Según el presidente Jaime Lusinchi y otros voceros gubernamentales, lo de Mérida formaba parte de una conspiración comunista que probablemente era orquestada desde Cuba por Fidel Castro (El Nacional, 23/03/87). Lusinchi insistía en que no había una explosión social en el país, y que protestar contra un presidente democrático era una cobardía (El Nacional, 21/03/87). El precandidato presidencial adeco, Carlos Andrés Pérez, advertía sobre el “aldabonazo que significaba lo ocurrido en Mérida, para que en un país convulsionado por la situación económica no afloren situaciones similares” (El Nacional, 20/03/87). El parlamentario copeyano Pedro Pablo Aguilar, consideraba que la raíz del malestar social estaba en los índices de inflación, desempleo y alto costo de la vida (El Nacional, 22/03/87). Los parlamentarios del MAS, Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, consideraban que existía un malestar social y desconfianza hacia las instituciones, que un estallido como el ocurrido obedecía a razones más profundas que las esgrimidas por el gobierno. El secretario general de AD en Mérida, Hector Alonso López, acusaba a grupos de extrema izquierda de haber fomentado los desórdenes, y felicitaba al gobernador Consalvi por su prudente actitud, pues sino “hoy en Mérida todavía estaríamos recogiendo muertos” (El Nacional, 23/03/87). Finalmente, Gumersindo Rodríguez se solidarizaba con el presidente y compartía las enérgicas medidas tomadas para restablecer el orden, al imponer la fuerza del Estado ante los factores subversivos de la extrema izquierda.

No bien se había aplacado la protesta en Mérida, cuando la misma repercutía en la capital y otras ciudades del país. A partir del 19 de marzo la lucha estudiantil se regó por toda la geografía nacional: Caracas, Maracay, Barquisimeto, Maracaibo, Cumaná, Barcelona, La Victoria. La Universidad Central de Venezuela y el Pedagógico de Caracas también fueron allanados por la acción policial. El saldo inmediato de la lucha estudiantil arrojó el balance de un muerto y 70 heridos (El Nacional, 19/03/87). En respuesta a la lucha estudiantil, el gobierno inició una campaña represiva que duraría varios meses, allanando residencias y deteniendo a numerosos estudiantes, empleados y profesores de distintas universidades. Caracciolo León, vice-presidente de la FCU-ULA, acusaba al gobierno de subvertir el orden con su política económica, el alto costo de la vida y el desempleo (El Nacional, 27/03/87). En el otro bando, el Ministro de la Defensa, general José Cardozo Grimaldi, reconocía el aprendizaje de la lección en Mérida, y enfatizaba que las fuerzas armadas debían estar preparadas para restablecer el orden público cuando así lo requirieran las autoridades civiles (El Nacional, 30/03/87)4.

El 2 de abril 25 mil personas manifestaron en Caracas por la defensa de los derechos democráticos y contra la represión. La marcha fue encabezada por el Rector de la UCV, Edmundo Chirinos, el presidente de la FCU, Bernardo Ancidey, por el presidente de la Asociación de Empleados de la UCV, José Khan, por el presidente de la Asociación de Profesores, Luis Fuenmayor, y por José Vicente Rangel5. La marcha concluyó en la plaza El Venezolano, en la cual el rector Chirinos dijo que los manifestantes representaban a los 300 mil estudiantes del país y a los 17 millones de venezolanos que cada día se empobrecen más, pero que han salido a la calle a decirle al gobierno que hay una fuerza en cada ciudadano que reclama cambios. Por su parte, Rangel consideró que la marcha era un repudio al sectarismo y la hegemonía de AD y COPEI, a la corrupción, a la represión policial, al endeudamiento, a la crisis asistencial y de los servicios, y al narcotráfico. El mismo día, otra marcha en Barquisimeto finalizó con el apedreamiento contra las fachadas del Palacio Municipal y de la Gobernación del Estado Lara.

A las repercusiones por lo sucesos de Mérida se fueron juntando otras luchas universitarias, como la huelga que por varios días realizaron en abril los profesores de todas las universidades del país6, y las protestas estudiantiles por el alza de los pasajes en el transporte público. El 29 de abril, una nueva marcha estudiantil en protesta por el alza en los pasajes fue dispersada violentamente por la policía, a la vez que era allanada nuevamente la UCV, con el saldo de más de 30 heridos, 7 de ellos de bala, numerosos detenidos y la destrucción de bienes de la institución, según denuncia del propio Rector Chirinos (El Nacional, 30/04/87). Este allanamiento encendió nuevamente la mecha de las protestas en todo el país. La respuesta gubernamental se hacía cada vez más violenta, generando el repudio de diversos sectores universitarios y de la vida política nacional. A la violencia represiva del gobierno los estudiantes respondían con iguales expresiones de lucha callejera, incorporando la práctica del saqueo de vehículos con víveres y el reparto de los mismos a los transeúntes. En Maracay, Valencia, Guacara, Maracaibo, San Juan de los Morros, Barcelona, Puerto La Cruz, Ciudad Bolívar, Barquisimeto, y otras ciudades, los estudiantes tomaban las calles en jornadas de protesta que cada vez se hacían más violentas y a las cuales se comenzaban a incorporar habitantes de los barrios populares cercanos. Las protestas estudiantiles comenzaron a organizarse de común acuerdo con organizaciones populares como movimientos vecinales, sindicatos y movimientos de trabajadores, grupos culturales y organismos de derechos humanos (El Nacional, 02/05/87).

El clímax de la represión gubernamental llegó el 6 de mayo, cuando fueron puestos a la orden de los tribunales militares 28 personas, en su mayoría estudiantes de la UDO y activistas de organizaciones populares del oriente del país. Al acusarlos de pertenecer al grupo Bandera Roja, el gobierno pretendía con ello descalificar toda la protesta estudiantil que se escenificaba a nivel nacional, justificando sus explicaciones de que respondían a un plan de la extrema izquierda para alterar el orden público.

El mismo día, los profesores universitarios Víctor Córdova Cañas y Carlos Eduardo Febres opinaban sobre los estallidos de violencia en varias ciudades del país, al afirmar que “la pérdida acelerada de la calidad de vida del venezolano van a generar sucesivas manifestaciones de protesta, no sabemos si será una explosión social, la anarquía o el castigo electoral7, pero de lo que estamos persuadidos es de que toda crisis genera un efecto expansivo...los estudiantes como parte integrante de los sectores medios del país, expresan una doble crisis: la suya como pérdida de sus expectativas profesionales ante la degradación de los títulos universitarios y una suerte de proletarización forzada, y por otra parte la crisis de la familia de clase media, severamente castigada por la pérdida del confort adquirido en los años dorados del boom petrolero, más el severo recorte de sus espacios de recreación y estándares de vida que generan estados de angustia e incertidumbre muy preocupantes para el futuro inmediato” (El Nacional, 06/05/87).

El exRector de la UCV, Rafael Pizani, expresaba que “los allanamientos son actitudes que indican un gran desacierto por parte del gobierno. Cuando éste interviene policialmente los institutos educativos, está señalándose ante la historia como un gobierno reaccionario, incapaz de comprender las necesidades que motivan la protesta estudiantil. Toda intervención policial es reaccionaria, inadmisible en el proceso educativo”. También analizaba Pizani el fenómeno de los movimientos independientes que estaban derrotando a los partidos políticos dentro de las universidades: “Debemos rechazar la mala influencia que vienen ejerciendo los partidos políticos en la educación. Se ha visto en los últimos procesos electorales cómo los partidos están recibiendo serias advertencias en cuanto a la modificación de esa tendencia clientelista y partidista que vienen ejerciendo en las universidades. Últimamente han sido derrotados los partidos políticos frente a una nueva tendencia o vinculación de desactivar la maquinaria partidista en la marcha de la universidad. Ese es el reflejo de lo que ocurre en todo el país...”8 (El Nacional, 21/06/87).

La represión gubernamental se acentuó con el allanamiento contra La Universidad del Zulia (07/05/87) y el núcleo Anzoátegui de la Universidad de Oriente. La persecución y detenciones contra estudiantes, profesores y empleados universitarios continuaba su escalada en todo el país. El 12 de mayo el juez militar de Ciudad Bolívar dictaba autos de detención contra 17 estudiantes y activistas populares9. El 14 de mayo, el Ministro del Interior José Angel Ciliberto presentaba ante el Congreso pruebas de que el grupo Bandera Roja liderizaba un movimiento subversivo en el país.

En respuesta a la ofensiva represiva gubernamental que buscaba militarizar la protesta social, los estudiantes iniciaron a comienzos del junio una huelga de hambre en la UDO-Anzoátegui, la cual progresivamente se fue extendiendo por todas las universidades del país, exigiendo la libertad de todos los enjuiciados en tribunales militares, y la reincorporación de varias decenas estudiantes que habían sido expulsados y sancionados en distintas universidades. La huelga de hambre se sucedía en la UCV, en el Politécnico Luis Caballero Mejías (Caracas), en el Tecnológico de Coro, en el Pedagógico de Caracas, en la Catedral de Barcelona, en la sede de la UDO-Anzoátegui, en la Catedral de Caracas, en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo, en Maracay, y en Mérida.

Junto a la huelga de hambre, las protestas estudiantiles de calle seguían alterando la geografía nacional10. El primero de julio se producen grandes manifestaciones en Caracas y otras ciudades. En la zona del 23 de enero, en Caracas, es asesinada por motorizados de la Disip la estudiante de bachillerato Sonia Ordóñez Cárdenas. El ministro Ciliberto negaría esa versión y afirmaría en el Congreso que la policía no estaba implicada (El Nacional, 02/07/87). El 2 de julio, era asesinado el estudiante de la ULA-Trujillo Jhony Villarreal, en medio de un allanamiento policial contra la institución, luego de que fuera dispersada una marcha estudiantil en solidaridad con los huelguistas de hambre.

Las muertes de estudiantes a manos de la policía alteró aún más los ánimos. La casa distrital de AD en Trujillo fue saqueada e incendiada. En Mérida fueron apedreadas la sede de la gobernación, alcaldía y asamblea legislativa. En ambas ciudades se generalizaron las protestas y los saqueos durante la noche del mismo día. El propio presidente Lusinchi dio la orden de sacar a la Guardia Nacional y al Ejército a la calle para controlar las situaciones en Mérida y Trujillo. Sin embargo, la violencia estudiantil estaba lejos de ser controlada. En Barinas también era saqueada la casa distrital de Acción Democrática. En Escuque, durante el sepelio del estudiante Villarroel, fueron saqueadas e incendiadas las casas de AD y COPEI. En San Cristóbal los estudiantes del núcleo de la ULA también tomaban las calles e incendiaban un vehículo del MTC. En Caracas, una manifestación de estudiantes de la UCV era dispersada violentamente por la policía, con saldo de 47 estudiantes y 7 policías heridos (El Nacional, 03/07/87). El Politécnico Luis Caballero Mejías, de La Yaguara, era allanado por la policía y desalojados los huelguistas de hambre, a la vez que se detenían a numerosos estudiantes. Barquisimeto también era tomada militarmente luego de violentas protestas (El Nacional, 06/07/87). En San Fernando de Apure, los estudiantes destrozaban la sede de la Asamblea Legislativa (El Nacional, 07/07/87).

El 9 de julio nuevamente se organizaba una gran marcha nacional en Caracas en protesta contra la represión gubernamental. Personalidades de distintos sectores del país respaldaron la marcha universitaria con su presencia, entre ellos se encontraban Héctor Pérez Marcano, Alexander Luzardo, Adelso González Urdaneta, Héctor Mujica, Pedro Rincón Gutierrez, Teodoro Petkoff, Radamés Larrazabal, David Nieves, Macario González, Anibal Nazoa, Carlos Azpúrua, y Cesar Pérez Vivas.

Al mismo tiempo, las mismas universidades comenzaban a pronunciarse contra la ofensiva represiva del gobierno. El Consejo Universitario de la UCV, ante los acontecimientos ocurridos en diferentes regiones del país, acordaba en remitido público (El Nacional, 03/07/87): “La actitud represiva del gobierno no puede ser considerada ya como un fenómeno coyuntural; se nos presenta como una actitud política fundamental y permanente en un momento de extrema dificultad económica que requiere del concurso de todas las instituciones del país a fin de contribuir al tratamiento responsable y ponderado que permita atender las precarias condiciones de vida y crecientes necesidades de las mayorías populares y a una justa distribución de la cuantiosa riqueza que el país genera. El Consejo Universitario hace un llamado a los consejos e instancias directivas de todas las universidades del país, a los partidos políticos, al Congreso Nacional, a las Asociaciones empresariales de vocación democrática, a la iglesia y comunidades religiosas, a las juntas comunales, y asociaciones de vecinos, a las agrupaciones sindicales y gremiales, y a todas las instituciones y personalidades, a fin de configurar un gran frente nacional capaz de movilizarse para atender los urgentes requerimientos de nuestra sociedad y de defender las libertades que tanto sacrificio le han costado al pueblo venezolano”.

La Asociación de Profesores de la UCV convocaba por su parte a conformar un gran frente nacional en defensa de las libertades democráticas (El Nacional, 10/07/87). El Consejo Universitario de la ULA convocaba igualmente a formar un frente en defensa de la universidad autónoma (El Nacional, 11/07/87). Algunos exdirigentes estudiantiles daban su explicación sobre lo que acontecía en el país. Para Macario González “el movimiento estudiantil siempre ha sido la expresión de la angustia y malestar que sufre la sociedad venezolana. Cuando reacciona se producen estos estallidos y por eso hemos visto como en las últimas movilizaciones populares, el sector ha tenido una importante participación cuando se ha protestado contra el alto costo de la vida, contra el desempleo, etcétera”. Para Max Guevara, “..Los momentos históricos fundamentales en el desarrollo político nacional han estado liderizados en buena parte por estudiantes y estudiosos... la cadena de hechos de violencia que involucran a los estudiantes, comenzando por los acontecimientos de Mérida, son producto de una desesperación colectiva ante una política gubernamental de oídos sordos a la petición de justicia e igualdad de condiciones como la propuesta por la Constitución Nacional”. Por su parte Gerardo González, era de la opinión que “la situación explosiva que vive el país, se debe fundamentalmente a la posición de las autoridades gubernamentales que han respondido agresivamente a cualquier situación estudiantil, como ocurrió en el caso de la UDO” (El Nacional, 03/07/87).

La iglesia también se manifestaba ante los acontecimientos. Monseñor 0vidio Pérez Morales, obispo de Coro, opinaba lo siguiente: “En lo que concierne a la forma actual de violencia y de tensión, tiene toda una serie de factores que inciden en este malestar y que tienen esta salida de enfrentamientos a veces dolorosos. La situación económica es indudablemente un hecho que incide. La carestía de la vida, el desempleo, los muchachos que no encuentran lugar en los centros de enseñanza, y quedan lanzados en el medio del camino, sin una educación que los prepare para la vida. Hay también factores de tipo político. Las divisiones entre grupos políticos, el sectarismo, la ambición de poder que lleva también a hacer los desplazamientos” (El Nacional, 13/07/87).

Por el lado oficial, el criterio del Ministro José Angel Ciliberto, establecía que “hay una sincronía en la manifestación estudiantil. No es casual y esporádica, son brotes coordinados y planificados. Se ha actuado en Mérida, Trujillo, Valera y Caracas” (El Nacional, 03/07/87). El gobierno seguía en sus trece de culpar a planes subversivos de la extrema izquierda por los acontecimientos de protesta estudiantil en todo el país.

No obstante, la presión de las manifestaciones obligó al gobierno a liberar a los estudiantes y dirigentes populares que estaban sometidos a juicio militar. Los primeros estudiantes fueron liberados el 13 de julio, y el resto en los días siguientes. Era objetivamente un triunfo de los estudiantes y del movimiento social que se había levantado en contra de la política represiva gubernamental. Por primera vez en varias décadas, desde 1960 probablemente, las luchas callejeras y manifestaciones permitían conquistar la libertad de detenidos políticos. El expediente de los tribunales militares, tan efectivo para la democracia representativa en los 60 y 70, demostraba su inoperancia en una situación política en la cual el bipartidismo no contaba ya con suficiente consenso como para reprimir impunemente las expresiones de protesta social.

Las palabras del rector Edmundo Chirinos durante el acto de juramentación de los nuevos decanos y representantes profesorales en la UCV, profetizaban lo que sería el futuro del país en los años venideros: “En toda Venezuela empieza ha generarse un movimiento independiente, no como la tercera opción, sino como la otra opción, ni partidista ni antipartidista. Es una voluntad de independencia nacional, de profunda independencia popular, de avasallante independencia democrática. Y crece, crece y crece mientras disminuye, disminuye y disminuye el minúsculo grupo de poder”. (El Nacional, 06/07/87).

Conclusiones

La protesta estudiantil desatada a partir del marzo merideño modificó radicalmente el panorama político del país. Las jornadas de lucha estudiantil colocaron en la palestra política a una serie de fuerzas independientes que se habían gestado en los últimos años al interior de las universidades, y principalmente en el seno del movimiento estudiantil. El deterioro de los niveles de vida de la población, debido a la crisis económica iniciada en 1983 luego del llamado “viernes negro”, era el principal ingrediente del malestar popular que acompañaba y se solidarizaba con las luchas de los estudiantes. Unido a ello, el creciente desprestigio del sistema político, por las reiteradas acusaciones de corrupción contra connotados dirigentes de los partidos AD y COPEI, generaba una tendencia que implicaba la pérdida de legitimidad del modelo puntofijista imperante desde 1958.

Los movimientos autónomos estudiantiles que habían surgido en las universidades, y que estuvieron a la cabeza de las protestas a partir de 1987, eran la mejor expresión del proceso de desmoronamiento de la hegemonía partidista sobre la sociedad venezolana. Si uno de los elementos centrales de la crisis política del puntofijismo, agudizada a partir de febrero del 89, fue el surgimiento de actores sociales que desde hacía décadas no se manifestaban en forma beligerante en nuestra sociedad, fueron los movimientos estudiantiles una de esas primeras expresiones, no como expresión de fuerzas políticas de oposición (como ocurría en los años sesenta), sino como expresión natural de un programa político que reivindicaba el protagonismo directo del pueblo excluido en la construcción de un nuevo orden político radicalmente distinto al imperante.

En los discursos y proclamas de los estudiantes y demás sectores en conflicto, no había otra alternativa que el enfrentamiento directo contra las fuerzas del orden, y no sólo contra el gobierno de turno11. Los llamados eran a derrotar el bipartidismo, a construir una nueva institucionalidad que se había degenerado en la corrupción y el clientelismo, a enfrentar a un régimen que se colocaba de espaldas a los intereses de las mayorías y en cambio favorecía a una selecta minoría de dudosa moral y reconocida incompetencia.

Fue en las universidades en dónde por primera vez comenzaron a ser derrotadas masivamente las fuerzas del bipartidismo adeco-copeyano, y dónde a la vez se cuestionaban los vicios y corruptelas del sistema político. En las acciones estudiantiles de 1987 y 1988 se estableció una conexión entre el discurso político antisistema que se había forjado en las universidades a comienzos de la década (y que indudablemente recogía muchos elementos de la oposición revolucionaria de los años 60 y 70, aunque agregaba otros nuevos como las tesis antipartido y la confrontación al neoliberalismo), las acciones masivas de calle y los triunfos políticos concretos que los estudiantes alcanzaron en esos años. Tanto la huelga de hambre nacional realizada por los universitarios en 1987, que derrotó al gobierno al conseguir por primera vez en la historia de la democracia que un movimiento de masas conquistara la libertad de presos políticos, como la huelga universitaria de 1988 (que aquí no hemos analizado), la cual triunfó luego de masivas acciones de protesta que incluyeron simultáneas tomas de embajadas en la ciudad de Caracas y la realización de otra huelga de hambre nacional por los universitarios, demostraron a la población venezolana que sí era posible derrotar al bipartidismo, aún en situaciones extremas como las planteadas. La acción de los movimientos estudiantiles de una u otra forma dignificó las protestas callejeras violentas, al mismo tiempo que instauraba con su ejemplo prácticas organizativas que cuestionaban al modo de hacer política del puntofijismo12.

Los protagonistas de la protesta intentaron canalizar de alguna forma la semilla sembrada. Edmundo Chirinos fue en 1988 candidato presidencial por un sector de la izquierda13, obteniendo una escasa votación. Luis Fuenmayor, pasó de presidente de la APUCV al rectorado de esa universidad en el 8814. Pero los hechos demostraron que el sistema puntofijista todavía tenía reservas y pasarían varios años antes de su caída definitiva. No obstante, podemos decir que en 1987 arrancó un proceso que conduciría directamente al levantamiento popular del 27 y 28 de febrero de 1989 y a los alzamientos militares de 1992, y que en ese proceso los movimientos estudiantiles eran los principales protagonistas. Los movimientos estudiantiles de 1987 y 1988 señalaron con su ejemplo y con su discurso el camino que tomaría posteriormente la crisis del sistema político nacido en 1958. Las masivas acciones de protesta y saqueo realizadas en febrero del 89 por la población de Caracas y ciudades cercanas tuvieron sus antecedentes en la enorme violencia de las protestas estudiantiles de los dos años anteriores. Cuando el pueblo caraqueño se lanzó al saqueo, esa acción ya había sido legitimada en la conciencia popular por los estudiantes que iniciaron esas prácticas durante las manifestaciones del 87-88.

Cuando insurgen los militares el 4 de febrero del 92, el discurso que proclaman es el mismo que los movimientos estudiantiles habían enarbolado desde comienzos de los 80 para enfrentar al sistema puntofijista. La habilidad de Chávez estuvo en apropiarse de ese discurso, más no en darle continuidad organizativa y política al movimiento social que había legitimado su levantamiento a los ojos del pueblo venezolano. El chavismo sacó de circulación a las organizaciones estudiantiles y populares que habían encabezado la protesta social previa al 4 de febrero. Su visión burocrática y mesiánica de la “revolución” no dejaba espacio para el protagonismo popular y la horizontalidad organizativa de los movimientos estudiantiles.

Dirigentes estudiantiles en 1987

Institución
Nombre

UCV
Bernardo Ancidey, Gabriel Flores, Wilfredo Mendoza, Anahis Arismendi, José Luis Carias, Oscar Carballo, Jorge Barrow, Claudio Suárez, Joaquín Jaimes, Eduardo Padilla, Reina Matheus, David De Lima, Omar Roa, Ricardo Rojas.

LUZ
Lenín Cardozo, René Arias, Jhony Balza, Jesús Rincón, Víctor Basabe, Luis Duarte, Cesar Liset, Jesús Chiquito, Mauro Carrero, Enid Stewart, Carmen Hernández, José Toledano, Alexis Ferrer, Jerónimo Mora, Emerita Ramírez, María Viloria, Sofía Viloria, José Tovar.

UDO
William Rodríguez, Lenín Hernández, Simón Meneses, Jesús Vásquez, Jorge Bello, Carlos López, Alejandro Wessolowsky, Santos Rojas, Sirio Castillo, Tairi Mosffi, Richard López.

IUPC
Carlos Texeira, José Luis Carrero, Miguel Ovalles, María Savelli.

IPLCM
Arturo Gallegos, Jorge Manríquez, Gonzalo González, Lino Panza, Wilmer Martínez, Javier Luna.

USB
Carlos Novo, José Riestra, Olga Ramos, Jesús Borges, Tomás Rodríguez, María Rodríguez.


Cuando hoy pareciera que sobre los militares alzados en el 92 recaen todas las glorias por la derrota del bipartidismo adeco-copeyano, es válido recordar que fueron los estudiantes venezolanos quienes con su lucha incondicional y a costa de enormes sacrificios que significaron muertos, heridos, detenidos y perseguidos, además de mantener una constante protesta de calle por varios meses, lograron trastocar la calma y la aparente solidez que caracterizaba al sistema político puntofijista e iniciaron el proceso que conduciría a su caída.

En junio de 1987, Luis Damiani, concluía que en el futuro del país parecía presentarse como inexorable “la pesadilla eterna de las clases altas venezolanas, la de los cerros bajando”. La incógnita sería de fecha y hora. La causa, el malestar que surge de la crisis de las expectativas creadas en el imaginario colectivo de la sociedad venezolana. “Eso podría originar una explosión social, no sólo motorizada por los sectores subalternos, sino también por la clase media pauperizada...Los conflictos sociales podrían dislocarse fuera del control de los partidos políticos, en prácticas subversivas que suspenderían las reglas de juego sobre las cuales la sociedad pauta su rutina cotidiana” (El Nacional, 25/06/87). Cualquier parecido con lo que posteriormente ocurrió, no es pura coincidencia.



1 En el artículo “Movimientos sociales y crisis de la sociedad colonial”, publicado en la revista Anuario de Estudios Bolivarianos, del Instituto de Investigaciones Históricas –Bolivarium-, de la Universidad Simón Bolívar. Año VIII, N° 9 – 2000.

2 El actual Rector de la UCV, Giusuppe Gianetto, figuraba en ese entonces como integrante del grupo profesoral piarsosista en la Facultad de Ingeniería. El partido que les daba aliento era Acción Democrática.

3 La información es obtenida del Diario El Nacional, y de otros diarios como Ultimas Noticias y El Universal.

4 Aprendizaje que aplicarían el 27 de febrero de 1989, cuando el gobierno le entregó el mando a las Fuerzas Armadas durante 22 días, para que a sangre y fuego restablecieran el orden alterado por la explosión social.


5 Salvo Ancidey, todos los nombrados han ocupado o siguen ocupando cargos prominentes en el actual gobierno de Hugo Chávez.

6 Huelga en la cual se obtuvo por primera vez lo que hoy se conocen como las Normas de Homologación.

7 Tanto la explosión social del 27/02/89 como el triunfo electoral de Chávez el 06/12/98 se pueden considerar como resultado de esa crisis económica iniciada en los 80.

8 En las elecciones decanales de mayo en la UCV habían triunfado una serie de candidatos independientes, derrotando a los partidos. Igual fenómeno se presentó en el Sindicato de la Prensa.

9 Los enjuiciados eran: Germán Blanco, América Salazar, Francelia Barreto, Edgar Maestre, José Montilla, Juan Tanoy, Pablo Bastidas, Fernando Mata, Miguel Salazar, Héctor Brito, Carlos Diapa, Juan Antúnez, Andrés Eloy León, Domingo Durán, Abrahan Campos, Miguel Barrolleta y Domingo Basanta.

10 Los huelguistas de hambre eran: Jorge Bello, Jesús Vásquez, Alejandro Wessolosky, Sirio Castillo, Tairí Mosffi, Richard López, Max Robinson (profesor), Eduardo Gasca (profesor), Víctor Nadales (profesor), Miguel Tenías, Carlos López (UDO); David de Lima, Anahis Arismendi, José Luis Carías, Oscar Carballo, Jorge Barow, Claudio Suárez, Joaquín Jaimes, Eduardo Padilla, Reina Matheus, Miguel Ovalles, Omar Roa, Armando Sánchez (UCV); Carlos Novo (USB), Carlos Carrero, María Savelli (IUPC), Mauro Carrero, José Tovar y Carlos Pineda (LUZ); Felipe Molina, José Serrago (Maracay); Elena León, Manuel Molina (ULA); Samuel Chirinos, José Ustáriz (L.Caballero Mejías). Además, 11 estudiantes del Tecnológico de Coro. En total, más de 40 estudiantes y profesores se sumaron a la huelga de hambre nacional.

11 “El movimiento de resistencia se volcó desde un primer momento contra la representación política del poder soberano... Se empezó enfrentando algo cuyo peso civilizatorio es mucho más grande de lo que este mismo movimiento tenga plena conciencia, ya que se trata del hecho político fundacional, constitutivo, del modelo burgués de dominación... El comienzo del movimiento de levantamiento contra el puntofijismo no se da entonces contra un determinado modo de representación o invocando el restablecimiento formal de las libertades, sino en contra tanto de los viejos como de los nuevos sistemas de representación ofertados por el recetario privatista neoliberal... De allí el radicalismo antirepresentativo en que se funda la rebelión desde sus comienzos” (Denis, 2001: 62-63).

12 “Es entonces que empieza a dignificarse políticamente la espontaneidad de la acción violenta de calle, la reapropiación de tierras expropiadas, la reorganización horizontalizante de los pocos espacios sociales de resistencia al sistema, el estímulo para la creación de nuevos espacios nunca abordados en tanto tales como la comunicación, la educación, la ecología y las tecnologías alternativas, y el llamado a la reactivación de las prácticas de ayuda mutua y autogestionarias como lugares para la viabilización de nuevos modelos societarios” (Denis. 2001:61).

13 En 1999 sería miembro de la Asamblea Nacional Constituyente.

14 Actual director de la OPSU en el gobierno de Hugo Chávez.

Bibliografía

1. ANCIDEY, B. (1987). “Una respuesta antiburocrática”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

2. ARANDA, J.M. 2000. “El movimiento estudiantil y la teoría de los movimientos sociales”. Convergencia. Revista de Ciencias Sociales. México: Universidad Autónoma del Estado de México.

3. BELTRÁN ACOSTA, Luis. (1984). Las luchas sociales en Venezuela. Antecedentes históricos del movimiento estudiantil. Caracas: Fondo Editorial “Carlos Aponte”.

4. BRONFENMAJER, G.; CASANOVA, R. (1982). “Proposiciones sobre la universidad venezolana”. En: Universidad, clases sociales y poder. Caracas: Editorial Ateneo de Caracas.

5. BRUNNER, J. (1986). “El movimiento estudiantil ha muerto. Nacen los movimientos estudiantiles”. En: TEDESCO, J. y BLUMENTHAL, H. (comp.) La juventud universitaria en América Latina. Caracas: Cresalc. Unesco. ILDIS..

6. CAMPOS, G. (1986). “Participación y juventud: realidad o frustración”. En: TEDESCO, J. y BLUMENTHAL, H. (comp.) La juventud universitaria en América Latina. Caracas: Cresalc. Unesco. ILDIS.

7. DENIS, Roland (2001). Los fabricantes de la rebelión (movimiento popular, chavismo y sociedad en los años noventa). Caracas: Editorial Primera Línea. Editorial Nuevo Sur.

8. Diario El Nacional (1987). (varios meses). Caracas (Venezuela).

9. ESTUDIANTES PROGRESISTAS ADELANTE 86 (1987). “Una referencia de participación”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

10. GOMEZ CALCAÑO, L. (1987). “Coyuntura crítica y movimientos sociales”. En: Crisis y movimientos sociales en Venezuela. Caracas: Editorial Tropykos.

11. HALUANI, M. (1994). Estrategias e impacto de los movimientos de protesta social. Caracas: Fondo Editorial Tropykos.

12. I CONGRESO NACIONAL ESTUDIANTIL (1985). Mérida (folleto).

13. LOPEZ, R. (1999). “El movimiento estudiantil y la Universidad del Zulia: 1958-1970”. Trabajo de ascenso para optar a la categoría de agregado. Departamento de Ciencias Humanas. Facultad Experimental de Ciencias. LUZ. Maracaibo.

14. LOPEZ, R. (2000). “Movimientos sociales y crisis de la sociedad colonial”. Anuario de Estudios Bolivarianos. Año VIII - N° 9 - 2000. Caracas: Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Simón Bolívar.

15. LOPEZ, R.; MONZANT, J.; GONZALEZ, B. (2000). “Estudiantes y cambio social: La renovación universitaria de 1969 en la Universidad del Zulia”. Opción. Año 16. N° 31. Maracaibo: Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias.

16. MOVIMIENTO FORMATE Y LUCHA (1987). “Es el momento de formarse y luchar”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

17. MOVIMIENTO NUEVA UNIVERSIDAD. USB (1987). “Cambio, transformación y justicia”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

18. MOVIMIENTO SOL CIEN (1987). El momento es para la unidad y la lucha. (folleto).

19. MOVIMIENTO 20 (1987). “Los movimientos de opinión, una opción de poder”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

20. MOVIMIENTO 80 (1987). “II Congreso de Estudiantes de la UCV”. En: Periódico Universitario. Caracas (Venezuela).

21. ORGAZ, J. (1971). Reforma universitaria y rebelión estudiantil. Buenos Aires: Ediciones Libera.

22. PEREZ LEDESMA, M. (1993). “Cuando lleguen los días de la cólera” (Movimientos sociales, teoría e historia)”. En: MONTANARI, FERNÁNDEZ y otros. Problemas actuales de historia. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

23. SILVA MICHELENA, J.A. (1986). “La participación estudiantil en las actividades políticas”. En: TEDESCO J. y BLUMENTHAL H. (comp.) La juventud universitaria en América Latina. Caracas: Cresalc. Unesco. ILDIS.

24. TOURAINE, A. (1991). Los Movimientos Sociales. México: Editorial Almagesto.

25. TUNNERMANN BERNHEIN, C. (1979). La reforma universitaria de Córdoba. Caracas: Fondo Editorial para el desarrollo de la Educación Superior. FEDES.

26. VIVAS, M. (1982). ¿Quiénes son los estudiantes? Caracas: Editorial Melvin.

27. WENCES REZA, R. (1971). El movimiento estudiantil y los problemas nacionales. Editorial Nuestro Tiempo. México.

28. ZERMEÑO, S. 1991. México: una democracia utópica. El Movimiento Estudiantil. México