Mostrando entradas con la etiqueta Teoría Social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teoría Social. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de mayo de 2010

Método de transición al Socialismo del Siglo XXI

Heinz Dieterich




Un análisis comparativo de los modos de producción del Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI explican las razones de este modelo tridimensional o trimodal.

El método para transitar a la economía del Socialismo del Siglo XXI requiere la combinación de tres políticas: su planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada); la medición del valor de sus productos y servicios (valorización) mediante unidades de tiempo (valor de trabajo) y, el intercambio de equivalencias.


Las tres políticas tienen que realizarse de manera combinada, porque el salto cualitativo hacia el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI solo se produce como resultado de sus sinergias. Medidas individuales en una economía de mercado, como en Venezuela, no tendrán éxito.Un análisis comparativo de los modos de producción del Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI explican las razones de este modelo tridimensional o trimodal.

1. La economía del Socialismo del Siglo XX, llamado en la Alemania socialista (RDA) también „el socialismo realmente existente“, no fue planeada democráticamente, sino por elites--al igual que en el capitalismo. En „el socialismo realmente existente“, la planificación la hacían unos cinco mil tecnócratas y políticos del Partido Único y en el capitalismo la hacen unos cinco mil megacapitalistas, burócratas y políticos. La esencia es la misma: las mayorías están excluidas.

2. La regulación y dirección de la economía del „socialismo realmente existente“ se realizaba via una combinación de precios administrativos y precios de mercado, no mediante el valor de trabajo y el intercambio de equivalencias. Los precios administrativos fueron determinados por el Estado a raíz de consideraciones sociales, políticas y militares y, en forma secundaria, económicas. Los precios de mercado se tomaron del mercado mundial y se adecuaron a los parámetros nacionales.

3. La no-determinación del valor de los productos y servicios por su valor de trabajo (time inputs) y su respectivo intercambio por el principio de equivalencia, significaba en la economía monetarizada del „socialismo realmente existente“ que no se podía abolir el sistema de trabajo asalariado.
Significaba también que los trabajadores no tenían el derechoal pleno valor creado por su trabajo, sino solo a la parte salarial y algunos servicios sociales que las elites les asignaban.
Pero, si no se acaba con el trabajo asalariado, como insistían Marx y Engels, no se puede acabar con el capitalismo; como tampoco se puede acabar con él mediante la estatización de los medios de producción, sino sólo mediante su socialización (Vergesellschaftung). Hoy sabemos que esasocialización tiene que ser trimodal: planificación y ejecución democrática, valorización por el tiempo de trabajo e intercambio de equivalencias.

4. El tipo y el volumen de los „fondos socialmente necesarios“ (Marx/Engels) como salud, educación, defensa etc., no fueron decididos por las mayorías, sino por las elites. El Socialismo del Siglo XX, al igual que el capitalismo, no permiten que las mayorías deciden por plebiscito, por ejemplo, lastasas de impuestos, ni tampoco, si prefieren impuestos directos o indirectos. Para las mentes stalinistas al igual que para las capitalistas es inconcebible, que las masas conducen democráticamente a la economía, pese a que son ellas las que generan el plusproducto social.

5. La propiedad y el poder fáctico sobre el plusproducto social es ejercido en „el socialismo realmente existente“ por el Estado, no por los productores inmediatos. Pero, el Estado es siempre una estructura de violencia que responde a la distribución del poder de la sociedad. Cuando las elites se enajenan de las mayorías, éstas dejan de ver al Estado como su Estado.
En consecuencia, la fábrica, la tierra y los servicios de la economía estatal se convierten en una fuerza externa alienada e impositiva. Sin identificación entre trabajadores y propiedad productivano se defiende el sistema cuando entra en crisis. Por eso, los trabajadores del „socialismo realmente existente“ actuaron ante la caída del sistema como los campesinos hindúes ante las conquistas externas: con indiferencia atentista o inclusive, como protagonistas de su destrucción (Polonia).

6. Científicamente no tiene sentido llamar al modo de producción del Socialismo del Siglo XX „capitalismo de Estado“. Porque sin una clase de propietarios particulares del capital que actúa por ganancia y opera el mecanismo cibernetico del sistema (mercado), el concepto pierde su capacidad analítica. Tampoco conviene llamar a ese modo de producción socialista,por que carece de los tres principios distintivos de la economía política socialista.

7. La combinación de los tres principios constitutivos de la Economía Política del Socialismo del Siglo XXI, la planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada), el valor del trabajo como unidad de valorización de productos y servicios y, la equivalencia como principio de todos los intercambios, es la esencia política-económica del modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (A. Peters), y, por lo tanto, de su modelo de transición. Para obtener el efectosinergético a nivel nacional y regional, las tres políticas tienen que llevarse a cabo coordinadamente y en cabal consideración de las fuerzas antagónicas a nivel nacional, regional y mundial.

8. Este modelo trimodal de transición hace la explotación laboral imposible y cambia cualitativamente la importancia de la propiedad sobre los medios de producción. La forma de propiedad se vuelve secundaria, porque la planificación democrática de los rubros y volumenes de producción y la determinación de los precios y salarios por el valor del trabajo, junto con su intercambio en forma equivalente, quitan a eventuales propietarios formales---Estado, cooperativas, individuales--- la capacidad de abusar de la propiedad. La determinación plebiscitaria de los impuestos, a su vez, impide el abuso confiscatorio del Estado.

9. El sistema burgués utiliza dos mecanismos principales para apropiarse del valor creado por los trabajadores:
1. los dueños de los medios de producción se apropian del valor en forma de ganancia, interés y renta de la tierra;
2. el Estado, el „capitalista colectivo virtual“ (ideell, Marx/Engels), se apropia del valor en forma de impuestos. Ambos mecanismos quedan bloqueados en el modelo de transición. La „expropiación de los expropiadores“ (Marx/Engels) ya no se realiza primordialmente sobre la estatización de la propiedad privada, sino sobre el derecho y el poder socio-político de apropiación del valor cabal generado por los trabajadores, por parte de los trabajadores.

10. Las características principales del modo de producción del „socialismo realmente existente“ son: una economía centralmente planificada por una elite; dirigida mediante precios administrativos y de mercado; con metas de obtener un plusproducto, más no una ganancia (Profit) y, por lo tanto, no-crematística; basada en el sistema asalariado ymonetarizado. Se trataba de un modo de producción sui generis que se estancó en la transición de la crematística capitalista hacia el socialismo. Al no evolucionar, colapsó y regresó a su punto de origen. Ese experimento de evolución planificada requiere de un concepto científico adecuado, urgentemente.

11. La economía del „socialismo realmente existente“ no se alejó lo suficiente de la autoritaria crematística capitalista como para convertirse en un modo de producción socialista en el sentido del Socialismo temprano, de Marx/Engels, Bakunin, RosaLuxemburg y Lenin. Pero, ni burguéses, ni stalinistas pueden parar las leyes de la evolución. Decía una canción cubana: „Carlos Marx está enojado, cheque de Engels no ha llegado.“ Bueno, al fin y al cabo siempre llegó, de tal manera que el prócer pudo realizar su gran obra de transformación.

Hoy, las condiciones objetivas para la nueva civilización son incomparablemente mejores que durante los últimos dos siglos. Por eso, Karl Marx en su tumba del Highgate Cemetery en Londres ha de estar de fiesta: El cheque de la historia está llegando al Socialismo.



hdieterich@gmail.com

jueves, 9 de julio de 2009

Robert K. Merton



Robert King Merton, sociólogo estadounidense nacido en Filadelfia el 5 de julio de 1910, y muerto en Nueva York el 23 de febrero de 2003. Es el padre de Robert C. Merton, reconocido financista.
Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia. Muchas frases acuñadas por él son hoy utilizadas diariamente, dentro y fuera de la sociología.
//

Biografía [editar]
Nacido en el seno de una familia judía emigrada del este de Europa, su nombre de nacimiento fue Meyer Schkolnickzó. Realizó su doctorado en la Universidad Harvard, del que se recibió en 1939, y en 1941, comenzó a enseñar en la Universidad Columbia de Nueva York.
Allí, junto a Talcott Parsons, desarrolló la teoría sociológica estructural-funcionalista, que privilegia un análisis microscópico de la sociedad, analizando las partes que la integran y la relación entre ellas. Permanecería enseñando en la Universidad de Columbia hasta 1979.
Murió en Nueva York, a los 92 años, en 2003.

Teoría sociológica [editar]

Teoría funcional-estructuralista [editar]
Es uno de los padres de la escuela estructural-funcionalista. Para Merton, la sociedad es un sistema que está constituido por una estructura que permanece en el tiempo, siendo un sistema un conjunto de elementos interdependientes, en equilibrio y que tienen la posibilidad de crecer. Por este motivo, a la teoría se la ha denominado sistémica. Eso es tomado de la Teoria parsoniana
Los elementos que integran el sistema son subsistemas interdependientes, que cumplen funciones sociales necesarias para el funcionamiento, regularidad y estabilidad de todo el sistema. Cada subsistema cumple una función. Si cumple con sus objetivos se le denomina funcional, y, en caso contrario, disfuncional.
Merton considera a la estructura como un sistema de relaciones relativamente estables entre las partes de un conjunto, y la estabilidad deriva de la permanencia de los actos sociales más allá de las personas.

Tipos de funciones [editar]

Funciones manifiestas [editar]
Las funciones manifiestas son aquellas que presentan consecuencias objetivas para la sociedad (o cualquiera de sus partes), reconocibles y deseadas por las personas o grupos implicados. Son aquellas funciones o efectos que se producen en la sociedad y que son en primer lugar positivas, en segundo lugar dichos fines son explicitados por los edictores de las normas y, en tercer lugar, reconocidos por los edictores de las normas (se reconoce que la norma es útil para dicho fin).

Funciones latentes [editar]
Las funciones latentes son aquellas que contribuyen a la adaptación social o a otros objetivos pero, simultáneamente, no son deseadas o reconocidas por la sociedad o el grupo.
Un gran ejemplo de función latente es el proceso de socialización llevado a cabo en el colegio. Aparte de los conceptos básicos que enseñan (función manifiesta) aprendes a comportarte.

Bibliografía [editar]
Merton, Robert K. (1980). Ambivalencia sociológica y otros ensayos. Espasa-Calpe. ISBN 978-84-239-2519-3.
Merton, Robert K. (1984). Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del siglo XVII. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-2408-2.
Merton, Robert K. (1990). A hombros de gigantes. Edicions 62. ISBN 978-84-297-3021-0.
Merton, Robert K. (1977). Sociología de la ciencia. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-2985-8.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_K._Merton"
Categorías: Nacidos en 1910 Fallecidos en 2003 Futurólogos National Medal of Science Sociólogos de Estados Unidos




De Wikipedia, la enciclopedia libre




Teoría y estructura social

Sobre la historia y sistemática de la teoría sociológica.
El sociólogo Robert K. Merton propone una distinción entre historiadores de la ciencia y sociólogos propiamente dichos. Achaca a algunos de estos una estrechez de miras que les lleva a ver la historia sociológica como la mera suma de grandes teorías clásicas sin analizar cómo estas se van interconectando, ni cómo la sociedad y la historia han influido en ellas ni el desarrollo de la sociología como ciencia a través del tiempo.




El autor encuentra escasas las explicaciones que se ofrecen de los pasos metodológicos recorridos hasta alcanzar los resultados finales; ya que se tiende a presentar las teorías como el resultado de un pulcro proceso metodológico, cuando es sabido que en la ciencia, la obtención de resultados se debe también a errores, intuiciones, casualidades y otros hechos ajenos al método. Esto conduce a una disgregación entre la sistemática y la "verdadera historia científica".
Por otra parte, Merton razona sobre al cuestión de la continuidad y discontinuidad de las teorías científicas y de la sociología en particular. En este sentido el historiador puede equivocarse en ambos sentidos, encontrando, en palabras de Merton: "continuidad de pensamiento donde no existe y no identificando la realidad donde si existe". Normalmente , se considera que la ciencia es acumulativa, por lo tanto se tiende a adoptar un modelo que implica continuidad, siendo así es lógico que varios inestigadores puedan realizar el mismo descubrimiento de modo independiente, ya que todos partirían del mismo conocimiento acumulado.
En el marco de la búsqueda de ideas que hayan influido en descubrimientos posteriores se ofrecen varias cuestiones:Redescubrimiento y predecubrimiento. Los descubrimientos independientes son aquellos que realizan dos o más científicos que desconocen los trabajos de sus colegas sobre el mismo tema. Cuando los descubrimientos se realizan espaciados en periodos de tiempo más largos, se puede hablar de los últimos como de redescubrimientos, y de los anteriores como de predescubrimientos.




Hay casos en los que es difícil hallar las identidades entre un descubrimiento y su predecesor, dificultad que se acentúa en las ciencias sociales. Pese a lo decepcionante que resulta para un investigador descubrir que otros se le han adelantado, no es escaso el número de científicos que informan de hallazgos anteriores a sus ideas, aunque también se dan casos de investigadores que ocultan estas informaciones, que solo llegan a ser conocidas por ellos o algunos colaboradores. También encontrar un predescubrimiento ha obligado a más de un científico a abandonar su línea de trabajo.
Anticipaciones y revelaciones parciales.El autor comenta la distinción que hace Kuhn entre "ciencia normal" y "revoluciones científicas". Entre dos revoluciones, la mayoría del trabajo científico se desarrolla en el marco de la ciencia normal, que aumenta su caudal de conocimiento mediante la acumulación. Ante las nuevas ideas que van surgiendo se necesitan expresiones para designar los nuevos conceptos; el lenguaje utilizado puede ser polisémico,. pudiendo llevar a una interpretación errónea de dos ideas distintas como idénticas.




En este caso, se podría tomar la idea más antigua como predecesora de la nueva sin que tengan ambas una relación estricta; se trataría entonces de una anticipación parcial. Las revelaciones son aún más ambiguas al ser simples ideas generales que no tienen el desarrollo teórico co de las ideas posteriores. La atención de ciertos historiadores de la ciencia a estos "barruntos" llevan a anunciar como predescubrimientos a oscuras formulaciones del pasado. En las ciencias sociales, la exposición de los trabajos suele adoptar el formato de ensayo, a diferencia de las ciencias naturales, en las que se opta por el artículo, modo este que se esta empezando autilizar en sociología en los últimos años.




En cualquier caso, falta en estas exposiciones información metodológica y una definición rigurosa de los conceptos y las ideas; la falta de claridad puede empujar al historiador a encontrar similitudes entre teorías presentes y pasadas en parecidos que carecen de importancia. Un análisis riguroso llevaría a estos a discriminar entre aproximaciones insustanciales y predescubrimientos que influyen en científicos posteriores para el desarrollo de sus teorías.
Merton distingue entre una identificación inmediata de anticipaciones, cuando cuando existe bastante información respecto a estas, con lo que los científicos que las conocen informan de ellas al resto de sus colegas, y la identificación retardada , que sucede cuando la primera idea ha caido en el olvido; puede ocurrir entonces que un descubrimiento conduzca a que dicha idea vuelva a salir a la luz al cabo del tiempo como precursora de este.




El hecho de que un descubrimiento haya sido olvidado puede estar relacionado con el marco histórico e intelectual en que se produjo, pudo no encajar con los paradigmas de su tiempo o con la ideología dominante. También puede haber otras razones históricas; estas relaciones deberían ser identificadas,ya que esto ayudaría a comprender su grado de similitud con un descubrimiento reciente. Sin embargo, que buscan sistemáticamente predescubrimientos, sean estos reales o no.
Adumbraciones. Asi se denomina a la búsqueda fanática de predescubrimientos; ante el más mínimo parecido de una idea antigua con una nueva.




La motivación puede obedecer a diversas causas:Primero, a la intención de demostrar que las grandes ideas ya fueron formuladas anteriormente; segundo, tambien se puede deber al etnocentrismo del autor: este intenta desacreditar cualquier idea que provenga de un investigador extranjero o de cualquier miembro de un grupo exógeno, sirviéndose para ello de supuestas anticipaciones de pensadores pertenecientes a la propia nación o al propio grupo. En tercer lugar, la enemistad con el descubridor puede hacer buscar a ciertos autores predescubrimientos de una forma indiscriminada. Según Merton, el fenómeno de la adumbración se puede expresar así:-El descubrimiento no es cierto.-Si es cierto no es nuevo-Si es cierto y nuevo, no es importante
Merton considera entre otras diferencias que exiten respecto a las ciencias naturales y las ciencias humanas la cuestión de las fuentes.




Mientras las ciencias físicas, matemáticas o biológicas aprovechan principalmente la acumulación de conocimiento de sus respectivas disciplinas, sobre todo en cuanto a sus hallazgos recientes, las humanidades recurren con frecuencia a la lectura de los clásicos. Las ciencias sociales, que se encuentran en un plano intermedio, por tanto, se encuentran con la disyuntiva de elegir entre ambos procedimientos.




El sociólogo suele mantener ante esto una actitud ambivalente; por una parte se beneficia de los últimos hallazgos teóricos y mantiene una línea de investigación empírica, por la otra convierte las obras de los clásicos en lectura obligatoria. Esta influencia se debe a que la sociología es una disciplina relativamente nueva, por ello no ha alcanzado todavía el grado de acumulación de la física, por ejemplo. Se siguen planteando en determinados casos las mismas cuestiones que preocupaban a los padres fundadores, cuestiones que no han sido aún resueltas , parece lógico pues que se revise periódicamente la obra de Marx, Durkheim, Weber u otros.




Sin embargo, no hay que entregarse a estos autores de un modo acrítico, esta es, para Merton, una forma degenerativa de abordarlos; otro error de este tipo deriva de su trivialización a causa de la reiteración de una idea.Ciertos autores optaron, en cambio, por prescindir de lectura de clásicos y contemporáneos en nombre de una "higiene cerebral". Comte y Spencer fueron practicantes de este método que consiste en no leer a otros autores para no contaminar sus propias investigaciones con las ideas de otros.
Sea como fuere, un saludable término medio es lo apropiado para abordar el estudio de los clásicos; el autor recomienda además releerlos, esto puede servir para obtener ideas nuevas que con el paso del tiempo pueden aparecer al variar









Renowned Columbia Sociologist and National Medal of Science Winner Robert K. Merton Dies at 92
By Jason Hollander
Robert K. Merton
Robert K. Merton, the esteemed Columbia University sociologist, and one of America's trailblazers in the social sciences, died Sunday, February 23rd in New York at the age of 92. Best known for founding the sociology of science and for his theoretical work analyzing social structures, particularly the intended and unintended consequences of social action, Merton became the first sociologist ever to win the National Medal of Science in 1994.
Merton, who lived in Manhattan, was an institution at Columbia, joining the faculty in 1941 and helping to build one of the most prominent sociology departments in the world through the relentless pursuit of subtle patterns in society. By concentrating on "middle range" theory -- rather than grand scale or abstract speculation -- Merton established concepts that reached into everyday life. He coined the phrase "self-fulfilling prophecy," developed the idea of role models and created, with his colleagues, the "focused interview" that was used in "focus groups" -- now a staple of contemporary business albeit a distortion of Merton's intention.
Merton generated many of his ideas through human interaction and observation. The skillful logic of his findings once inspired Eugene Garfield, an information specialist, to write, "So much of what he says is so absolutely obvious, so transparently true, that one can't imagine why no one else has bothered to point it out."
In 1942, Merton gained much attention when he described the "ethos of science," and the consequences of these values for the behavior of scientists within institutional settings. He portrayed scientists as individuals who had regular motivations, desires and fears, thus offering insight into some of the most elusive and creative minds the world has known.
Often, Merton's work had consequences that pushed beyond the walls of academia, including his study of successfully integrated communities, which helped shape the case of "Brown v. Board of Education," and led to the Supreme Court's ruling to desegregate public schools. His extraordinarily influential work on social structure and anomie built upon research on anomia by the French sociologist Emile Durkheim and sought to explain that deviance results from the existence of social structures that dangle universal goals but do not offer all members the opportunity to achieve them.
"One cannot have been in the academic world over the past several decades and not have known of the immense stature and accomplishments of Robert Merton," said President Lee C. Bollinger. "Not only did he define a field, but he also served as a model of intellectual inquiry into some of the most important questions of our time. I am deeply saddened for those at Columbia who knew him personally, and for myself and others who knew him principally through his scholarly contributions."
Columbia's Provost Jonathan R. Cole studied under Merton as a graduate student at the University in the 1960s. He remembered Merton as "a giant among social scientists" noting that if a Nobel Prize was awarded for sociology, he would have received it without question.
"Bob Merton became the leader of structural-functional analysis in sociology, and the leader of those sociologists who attempted to create social theories that could be empirically tested," Cole said. "He was an inspirational teacher and editor, and with his students, such as James S. Coleman and Seymour Martin Lipset, among many others who would become leading figures in the field, he helped to build and legitimate the field of sociology in America.
"For me, he was a model teacher and mentor, a trusted colleague, and a close friend. His death, in many ways, puts a period at the end of 20th Century sociology," said Cole.
Born in Philadelphia on July 4, 1910, Merton grew up above the small grocery store owned by his Jewish immigrant parents in the city's rundown south side neighborhood. His mother was a self-taught philosopher and encouraged him to take advantage of Philadelphia's cultural opportunities. As a child, Merton was often found reading in the Carnegie Library -- which provided better lighting than the gas lamps at home -- and enjoying the Academy of Music and the Philadelphia Museum of Art.
A student of magic, Merton changed his name at the age of 14 from Meyer R. Schkolnick to Robert Merlin. Soon convinced by friends that the surname was too imagined, he stayed with the theme of "Americanization" and changed it finally to Merton. His childhood in the South Philadelphia slums was surprisingly enchanting and would surely influence his eventual course of study. As Merton once told the New York Times, the city "provided a youngster with every sort of capital -- social capital, cultural capital, human capital, and above all, what we may call public capital -- that is, with every sort of capital except the personally financial."
He received a scholarship to attended Temple University and wandered into a sociology class purely by chance. His instant infatuation with the subject propelled him to pursue an M.A. and Ph.D. from Harvard. He became chairman of the Department of Sociology at Tulane before his 31st birthday and came to Columbia in 1941, where he taught for more than five decades. He served as associate director of the Bureau of Applied Social Research from 1942-1971, Giddings Professor of Sociology from 1963-1974 and University Professor from 1974 until his retirement in 1979.
At Columbia, he met fellow sociologist Paul Lazarsfeld, and they became lifelong friends. The pair complemented each other successfully as Merton tended towards theory and Lazarsfeld towards empiricism. In 1944, they were instrumental in establishing the Bureau of Applied Social Research, which helped enforce the link between theory and research, legitimizing the field and validating many discoveries. Research included some of the first inquiries into the impact of radio and television on the American people.
Among the studies produced at the Bureau were, "The People's Choice," which analyzed voting decisions in the 1940 Presidential campaign and, "Personal Interest," which examined the relationship between the mass media and interpersonal communication in the process of opinion leadership. The work would inspire historian Everett Rodgers to label the Bureau as the "birthplace" of mass communication research.
Merton retired from teaching in 1979 and was named Special Service Professor -- a title reserved by Columbia's Trustees for emeritus faculty who "render special service to the University." Columbia established the Robert K. Merton Professorship in the Social Sciences in 1990.
For his vast body of work and its influence, Merton became the first sociologist to receive the National Medal of Science, the nation's highest scientific honor. On being informed that he would receive the Medal of Science in a 1994 ceremony to be hosted by then-President Bill Clinton, Merton said, "I am deeply moved by this matchless honor, the more so for the peer recognition it gives the sociology of science."
The author, co-author and editor of more than 20 books and 200 scholarly articles, Merton is probably best known for his work, Social Theory and Social Structure, which has had more than 30 printings and has been translated into more than a dozen languages. Among his other seminal works are, The Sociology of Science: Theoretical and Empirical Investigations and On the Shoulders of Giants: A Shandean Postscript.
Merton is survived by his wife, sociologist Harriet Zuckerman; one son, Robert C. Merton; two daughters, Stephanie Tombrello and Vanessa Merton; nine grandchildren, and nine great-grandchildren. A memorial service will be held on Columbia's Morningside campus this Spring.
Published: Feb 25, 2003Last modified: Mar 06, 2003


viernes, 29 de mayo de 2009

Los venezolanos discuten



Roberto J Lovera De Sola

Jueves, 28 de mayo de 2009

(Exposición hecha en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 6 de mayo de 2009).
“Crisis: mutación considerable que acaece en una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya sea para agravarse el enfermo; o una situación en que está en duda la continuación, la modificación o el cese”.
Helena Arellano Mayz: ¿Murciélago o mariposa?,ed. 2005,p.31


Es necesario para los venezolanos más que discutir dialogar sobre sus problemas actuales. Pero la gravedad de los sucesos nos obligan a la ponderación, sobre todo en este momento en que estamos ante la disolución constitucional del país. Debemos hacerlo pero sin exaltación porque esta no nos lleva a ningún lugar. Solo el Poseso, que dice el gran Zapata, el “locato Papa Upa” como lo llama de Eduardo Liendo (El ultimo fantasma. Caracas: Alfagura,2008,p.43 y 83) es el único que gana. El y su cohorte de mediocres.
Esa ponderación que nunca se nos debe extraviar es la misma que aconsejó el Libertador, la que reconoció en el ecuatoriano José Joaquín Olmedo(1780-1847) cuando le dijo(San Carlos: junio 13,1821): “La carta de Vd. está marcada por el sello de la razón: ella muestra un hombre sensato, que ve con perspicacia y juzga con reposo; que alcanza a descubrir el verdadero valor de las cosas que maneja, y sabe conjurar las tempestades que le amenazan, mostrándose superior a cuanto podría agobiar a otro”(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1988,t.XX,p. 154).
Pero ese diálogo deben hacerlo mucho los venezolanos pero sin gritar porque haciéndolo no se escuchan los unos a los otros y eso es necesario.
Nuestro programa colectivo de acción debe ser realizado dentro de los parámetros de la no-violencia que fue la que produjo no sólo dos grandes líderes en el siglo XX, Gandhi y Luther King, sino dos grandes procesos sociales, de inmensas consecuencias.
Así la búsqueda de nuestra salida, necesaria, imposible de no alentarla en estos días, debe ser siempre pacífica, constitucional y electoral.
El programa de acción debe basarse en la busca de la impostergable unidad nacional, hay que poner fin a la división e instalar la reconciliación de todos.
Ese programa debe ser bien trazado y cuidadosamente concebido a través del diálogo de todos, de las comunidades, desde ellas al país.
Ello nos debe llevar a la vertebración de un movimiento opositor coherente, cosa que no hemos logrado hacer hasta hora por la impericia de los viejos carcamales de la política quienes desean a través de los ciudadanos disidentes de hoy volver a llegar al poder para retornar hacer todo lo malo que hicieron, fueron ellos lo que destruyeron la democracia. Pero ellos, eso no hay que perderlo de vista, ya no volverán, la llamada Cuarta República terminó, hoy es solo historia y esta no se repite.
Todos deben al unísono actuar a favor de la comunidad y oponerse a Chávez porque no hay que olvidar que la democracia es nuestro sistema de vida, asentado plenamente gracias al “Decreto de Garantías”(agosto 18,1863) y a la gran marcha, del “Día de la democracia”(Manuel Caballero), el 14 de febrero de 1936, en la cual participaron todos los adultos, hombres y mujeres, que vivían en Caracas.
El programa de acción que requerimos está en la Constitución de 1999.
La edificación del futuro, sobre el cual todos preguntan, está ya expresado tanto en Plan Consenso país, elaborado por Diego Bautista Urbaneja y Pompeyo Márquez o en las sensatas proposiciones de los autores del volumen Como construir un país en nuestro tiempo(Caracas: Fundación Francisco Herrera Luque,2005.192 p.): José Gabaldón Anzola, Alberto Quirós Corradi, Luis José Uzcategui, Ana Teresa Torres, Ruth Carriles, Mercedes Pulido, Ramón Duque Corredor, Orlando Ochoa y James O. Rodner.
SOCIALISMO
Es necesario, para oponerse bien a este régimen autoritario y marcadamente antidemocrático, conocer bien sus bases de sustentación ideológica. Hay que conocerlas aunque es errado todo lo que propone Chávez y su gente, nunca se les puede llamar equipo dada sus incoherencias y falta de preparación, son más bien un pelotón que obedece, olvidan que los habitantes de nuestro país dejaron de ser un rebaño hace mucho tiempo, que saben pensar y se dan cuenta, pese al desconcierto de estos días, de lo que sucede.
De allí que lo ideológico de Chávez y el chavismo debe ser estudiado, con atención. Tenemos un primer insumo insustituible: el libro de analista histórico político mexicano Enrique Krause: El poder y el delirio(Caracas: Alfa, 2008. 373 p.) que no es sólo uno de los mejores estudios del chavismo hechos, después de los de Manuel Caballero, sino que es una de las grandes obras sobre la Venezuela de estos días, el hecho de ser su autor extranjero le añade un ángulo de observación mayor.
Pero para penetrar en el chavismo debemos darnos cuenta que su revolución no es tal. La idea de revolución ha sido usurpada siempre por los regímenes fascistas, como el Chávez, como bien lo demuestra el análisis de esta tendencia hecho por el politólogo y buen historiador español Raul Morodo(Enrique Tierno Galván y Fernando Pessoa, dos maestros del pensamiento ibérico. Caracas: Monte Ávila Editores, 2007,p.170).
Es por ello que el análisis de la ideología chavista, la llamamos así aunque no creemos que exista, lo que hay es un batiburrillo de marxismo mal entendido y de idea postmodernas apenas entendidas, porque las bases del postmodernismo son bien complejas, lo saben bien quienes las han estudiado con sentido.
Hay que volver a estudiar el socialismo, la idea que impregna, desde los años cuarenta del siglo XIX, una parte del debate político e ideológico del mundo. Hay que hacerlo sin tener miedo, sin temer el horror que nos llega de la contemplación de lo que fueron los regimenes del socialismo autoritarios, impulsados desde la URSS desde 1917, proyecto que cayó por su propio peso como todos los sabemos.
Para entender el socialismo hay que partir de las ideas de Gracchus Babeuf(1706-1797), el creador del socialismo en los días de la Revolución Francesa. Pero sus ideas no tuvieron eco entonces. Babeuf terminó en la Guillotina. Sus ideas fueron comprendidas ya en los años treinta del siglo XIX cuando en verdad apareció el socialismo utópico en la arena pública.
El socialismo utópico es el pre-marxista. Fue el gran movimiento humanista del siglo XIX, no llegó al poder como tampoco lo logró Carlos Marx(1818-1883), quien seguramente nunca se lo planteó, de hecho era un mal político, prefería estar encerrado en su biblioteca escribiendo, eso era lo suyo: el del oficio del pensador.
Durante el socialismo utópico se hace necesario estudiar las iniciativas del británico Robert Owen(1771-1858), las de los galos Saint Simón(1760-1825), Flora Tristán(1803-1838), inventora del lema “proletarios del mundo uníos” que siempre se atribuye a Marx, Charles Fourrier(1772-1837) y en Italia de Etienne Cabet(1788-1856).
SOCIALISMO AQUI
Y hay un hecho más: en la Venezuela de Chávez, con quien se ha vuelto a hablar de socialismo y de marxismo entre nosotros, y sobre todo de algo que no existe en la teoría política, “el socialismo del siglo XXI”. Esto sería asunto largo e interesante de analizar. Sólo queremos recomendar una cosa: el socialismo fue vencido, cayó, es historia. No puede ser revivido. Sólo los dinosaurios marxistas, esos viejitos de pelo blanco, personas derrotadas, tanto que ni siquiera logaron llegar nunca ni a ser diputados en lo que ellos denominan la “Cuarta república”, esos que siguen a Chávez y aparecen en el Canal Sur o en Venezolana de Televisión o en Vive TV, son los que esperan que la noticia de la caída del Muro de Berlín sea rectificada. Nada de ello es posible. El devenir no es hacia atrás sino hacia adelante. Pero pese a ello la única forma de rebatir a estos matusalenes es volviendo a estudiar, lo que nosotros recomendamos, todo el movimiento socialista, que se inició en Francia en los años cuarenta del siglo XIX, que hecha sus raíces en las ideas de Gracchus Babeuf, eso que se denominó el socialismo utópico, el nombre se lo puso Federico Engels (1820-1895) para diferenciarlo del socialismo científico que cultivaban Marx y él. El socialismo utópico que fue, repetimos, una de las grandes corrientes humanísticas del siglo XIX, tanto que a través de una de sus más bellas figuras, Flora Tristán, dio materia a Mario Varga Llosa, siempre apasionado de estos asuntos, para escribir su magnífica novela El paraíso en la otra esquina (Bogotá: Alfaguara, 2003. 485 p.). Recomendamos por ello, para poder realizar una polémica intelectual serena y sensata, un buen conocimiento del socialismo y del marxismo.
FASCISMO
Pero además hay que estudiar y explorar ahora, está engolfado dentro de una errónea exposición del socialismo a la que asistimos, aquello que es lo que define al chavismo: el fascismo, como lo puede comprobar bien que siga sus pasos y conozca el desarrollo del fascismo que aquí nos ha llagado por la vía Mussolini-Hitler-Stalin-Castro. Los mejores argumentos sobre este punto los desarrolló a tiempo, en 1998, Manuel Caballero en Contra el golpe, la dictadura militar y la guerra civil (Caracas: Catalá Editor, 1998. 173 p.) y hace poco el mexicano Enrique Krause en El poder y el delirio. La única forma de enfrentar este debate, como se puede observar, es esgrimiendo argumentos históricos bien comprobados. Sobre el fascismo será de utilidad la relectura de dos obras bastante esenciales sobre ese modo político, vencido por el poder de las armas en la Segunda Guerra Mundial. Nos referimos a la de Ernst Nolte: El fascismo en su época.(Madrid: Ediciones Península, 1967. 615 p.) y al de Stanley G. Payne: El fascismo.(Madrid: Alianza Editorial, 1982. 248 p.).
Y también el fascismo terminó. Y es insólito que se le haya revivido en Italia, uno de los países que lo sufrió, que los italianos hayan olvidado su historia, a través de Silvio Berlusconi, un personaje demasiado parecido a Chávez como se puede ver en los ensayos que sobre este político escribió Umberto Eco en su libro A paso de cangrejo(Caracas: Debate, 2007. 389 p.) cuya lectura tan inquietud despertó entre nosotros porque nuestros lectores descubrieron al repasar sus interesantes páginas el paralelismo Chávez-Berlusconi.
LOS PERSONAJES DEL PASADO
Y en lo que se refiere a los personajes del pasado, sobre todo los de la historia de Venezuela, en cuyo examen se han engendrado lo que denominamos las “falacias del chavismo”, debemos utilizar no argumentos políticos sino los propios del discurso de la historia porque no podemos utilizar los personajes históricos, seres de un lugar y un tiempo, como un arma política porque así no pueden ser entendidos. Las falacias históricas del chavismo, e incluso la de algunos intelectuales de la oposición porque ahora existe también el bolivarianismo escuálido, pernicioso porque es anti-histórico también, sólo pueden ser respondidas con argumentos de la historia pero utilizados desde el punto de vista histórico. Esta para rebatir la falsa interpretación del socialismo, colocar nuestra historia en su cauce, desmentir la especie de que el Libertador fue socialista, tendencia que no existía en su tiempo. Bolívar fue, sobran las pruebas para demostrarlo, un Ilustrado, un seguidor de las ideas y autores Enciclopedistas. Y terminamos esta parte con una bautade: el único contacto que Simón Bolívar tuvo con el socialismo fue cuando conoció a la bebe Flora Tristán en el París de 1804, cuyas papás eran queridos amigos suyos.
CUATRO PENSADORES
El estudio de estos tópicos, demasiado importantes para la Venezuela de hoy, para el debate político, es examinar el siglo XX. Esta centuria se sostiene sobre las obras de cuatro grandes pensadores: Marx, Sigmund Freud(1856-1939), Albert Einstein(1879-1954) y Federico Nietzche(1844-1900). Los tres primeros judíos, cosa nada casual dada la potencia de la cultura semita. El último, Nietzche luterano pero muy influido por las ideas hebreas, le gustaba mucho tocar en el piano a Félix Medelssohn, compositor judío, como un día lo comprobó su amiga la notable y perturbadora Lou Andras Salomé(1879-1932), tanto Freud como el autor de Mas allá del bien y del mal cayeron bajo sus mil hechizos de mujer bella y supremamente inteligente.
Este estudio, las ideas de cuatro hombres del siglo XIX que dejaron la huella en lo que fue la siguiente centuria, debe comenzar por Marx.
Hay que mirar lo que significó lo que pensó como filósofo y analista, mal político porque aquello no era lo suyo. Cuando en Londres se reunía con los obreros dejaban de entrada muy claro que el era el doctor Carlos Marx.
Marx, esto se olvido demasiado, escribió sus obras y análisis para los países del capitalismo avanzado(Inglaterra, Alemania, Francia) nunca para la atrasada Rusia de su tiempo.
Poesía un gran desconocimiento de la historia y realidad de América Latina como lo dejó claramente dicho en el artículo que escribió sobre el Libertador, que le fue siempre tan criticado(El Bolívar de Marx. Caracas: Alfa, 2007.105 p.).
Y por lo dicho antes, Marx nunca escribió pensado en Rusia, por lo cual es distinto el marxismo de Marx a su transformación que de sus concepciones hizo Lenin(1870-1924), que terminó en las grandes dictaduras que hoy conocemos como “socialismo autoritario”. Y ello fue un contra sentido porque socialismo sin libertad no es socialismo. Nos lo demuestran hoy los regímenes del socialismo democrático quien han gobiernan en Alemania, Inglaterra, España o Chile.
Y las ideas económicas llegaron hasta la crisis de la economía europea a fines del siglo XIX: la de 1873-1896(ver Umberto Eco: Historia de la belleza. Barcelona: Lumen,2001,p.364) y como mucho hasta la Gran Guerra(1914-1918) porque en todas las crisis el capitalismo siempre se mostró fecundo en sus respuestas para superar los malos días e inventó soluciones: para la crisis de fines del siglo XIX, para las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y para reinventarse tras la caída de la bolsa en Wall Strett en 1929.
Es por ello que hoy es imposible invocar a Marx, como hacen algunos dirigentes chavistas, para organizar nuestra política económica: las ideas económicas de Marx ya son solo historia, pasaron. Y hace mucho tiempo. Lo cual no le quita a Marx ser considerado como uno de los grandes filósofos de la historia, como uno de los grandes pensadores de la humildad o como el autor del mayor análisis del capitalismo centrado en la comprensión del sentido del dinero, pero ello siempre dentro del estudio del pasado, de la historia, no del presente. Aquella explicación de un ministro de Chávez, ante un grupo de periodistas, de que se iba a seguir una política determinada porque aquella era la indicada por Marx no podía ser más errada: a nosotros nos produjo una inmensa carcajada:¿en qué momento, en que época viven estos hombres?¿Se puede gobernar añorando al pasado, queriendo revivir lo inerte? ¿Es que el presente a este hombres y mujeres no les dice nada?. Y lo decimos porque nada es más grave en los seres humanos que no amar su tiempo, sus días. Al no hacerlo se ponen en contradicción con él. Representan el papel incomprensivo de lo que sucedía delante de él, del nuevo camino tomado por la sociedad, que encarnó en los días de la emancipación el realista caraqueño José Domingo Díaz(1772-¿1834?).
En todo caso la sociedad sobre cuya economía escribió Marx había desaparecido en 1917 cuando los bolcheviques, dirigidos por Trotski(mientras Lenin se paseaba por los pasillos del edificio Smolny), tomaron el poder a las dos de la madrugada del miércoles 7 de noviembre de ese año, era 25 de octubre en Rusia por lo que el gran movimiento que dividió la historia de la humanidad fue llamado la “Revolución de Octubre” por regirse los rusos por el Calendario Juliano mientras occidente lo hacía por el Gregoriano.
No hay exageración en que la revolución de 1917 mutó la historia. No ha había habido un movimiento de esa categoría. De allí la singularidad de Lenin. Por ello no se equivocó nuestro Miguel Otero Silva(1908-1985) cuando afirmó que Cristo y Lenin habían sido las dos más grandes figuras de la historia de la humanidad. Pero primero trajo el reino del amor, de la fraternidad, de la comprensión. El otro oprimió y asesinó a millones, más que el propio nazismo.
La esencia de la doctrina de Marx: es el dinero, la “teoría general del dinero...la parte más brillante de El Capital”, según un estudioso de los fuera de serie, el español don Enrique Tierno Galván(Cabos sueltos. Barcelona: Bruguera, 1981,p. 77-78).
Pero la ideas de Marx son de esencial examen porque en cierto momento del siglo XX, con las mutaciones introducidas en sus ideas por Lenin, masacradas esas ideas por Stalin(1879-1953), la mayor parte de la población del mundo vivía bajo regímenes comunistas: la URSS y los llamados países del Este europeo y China, los más poblados.
La contribución de Freud está colocada en la esfera de la vida psicológica de la personas y en la esencialidad de la sexualidad. Obras claves son dentro de aquello a lo que nos referimos La interpretación de los sueños(1900) y El malestar de la cultura.
Nietzche(1844-1900) es singular por muchas de sus lúcidas observaciones como la voluntad de poder, sus ideas sobre la forma como el ser humano debía buscar la forma de superar lo que lo hace mediocre. Así hablaba Zaratrusta(1883) es una de sus obras más singulares aunque no dejaríamos de lado los aforismos de Más allá del bien y del mal.
En Einstein no se ha visto bien aun que su Teoría de la relatividad(1905): tiene incluso connotaciones existenciales: todo depende del punto, desde el ángulo, desde donde se le mire. Y eso ha conformado a nuestra época.
EL SOCIALISMO HOY
Hay que tener claro que si el “socialismo democrático” se derivó del de Marx-Engels y de la Primera Internacional, como fue el caso del alemán(1869) tuvo un desarrollo posterior después de la Segunda Guerra Mundial(1939-1945) que es el que vemos hoy en el poder en naciones democráticas. Tal el laborismo inglés, escandinavo, el español a través del PSOE, el de Chile.
Pero siempre hay que recalcar que la influencia del socialismo ha sido muy grande en el siglo XX hasta el punto de impregnar incluso a la Democracia Cristiana.
Pero creemos, es lo que se puede deducir de la amplia Historia del pensamiento socialista(México: Fondo de Cultura Económica, 1964. 6 vols) del profesor británico George Douglas Howard Cole(1889-1959), libro clave aun hoy, que en verdad debe hablarse más que de socialismo de “socialismos”, conclusión a la que también nos lleva otro clásico: Hacia la Estación de Finlandia(Madrid: Alianza Editorial, 1972. 572 p.) del norteamericano Edmud Wilson(1895-1972), que es otra lectura obligatoria sobre el tema.
roberto.loveradesola@gmail.com

Lo más reciente enPolítica
Los venezolanos discuten Roberto J Lovera De Sola
Una economía al servicio del hombre Teódulo López Meléndez
Comunismo cuartelario Demetrio Boersner
Ahora la ignorancia será de todos Raquel Gamus
La defensa del orden y legalidad José Antonio Rivas Leone
¡Somos tan decentes! Teódulo López Meléndez
El exhibicionista Valentín Arenas Amigó
El derecho de resistencia Dr. Angel Rafael Lombardi Boscán
Cámbialos... Robin Rodríguez
El Síndrome del Trapo Rojo Luis V. Márquez
Tomado de Venezuela Analitica

lunes, 8 de diciembre de 2008

Socialismo y Democracia Social


Fernando Mires

Nueva Sociedad No 217



En su origen, el socialismo estaba
estrechamente ligado a la democracia.
Fue, en sus comienzos, un intento
de radicalización de la democracia sobre
la base de un proyecto de «democracia
social» que pretendía articular libertad
política con bienestar económico. El
artículo argumenta que esto comenzó a
cambiar con el auge del marxismo y la
Revolución Rusa, cuando el socialismo
pasó a ser visto como algo diferente de
–e incluso opuesto a– la democracia.
La cara más dramática de esta mutación
fueron los socialismos nacionales de tipo
fascista y estalinista. Aunque en buena
parte de América Latina la democracia
social ha ganado terreno, hoy se enfrenta
al socialismo del siglo XXI, un tardío intento
de regreso a las ideas del socialismo
antidemocrático del siglo pasado.


lunes, 1 de septiembre de 2008

Pareto, Vilfredo


Sociólogo y economista italiano (París, 1848 - Céligny, Suiza, 1923). De origen aristocrático (era hijo de un marqués exiliado en Francia por pertenecer al movimiento revolucionario de Mazzini), Pareto estudió ingeniería en Turín y desarrolló una carrera brillante como ejecutivo de empresas ferroviarias e industriales.

Su vocación por las ciencias sociales fue tardía: hacia 1890 pasó de los aspectos prácticos a los teóricos de la economía, siguiendo la línea de Léon Walras. Rechazado en el mundo académico italiano, encontró acogida en Suiza, sucediendo a su maestro Walras en la cátedra de Economía de Lausana (1893).

En los trece años que la desempeñó, hizo aportaciones muy relevantes a la teoría del equilibrio, desarrollando los principios de una teoría utilitarista del bienestar (óptimo de Pareto); a partir de análisis estadísticos llegó a la conclusión de que la distribución de la renta en cualquier sociedad responde siempre a un mismo modelo, por lo que serían inútiles las políticas encaminadas a redistribuir la riqueza (ley de Pareto).

En 1906 se retiró de la enseñanza para dedicarse sólo a la investigación, al tiempo que desplazaba su atención de la economía a la sociología. Partiendo de un análisis psicologista de los motivos de la conducta humana (entre los cuales incluyó ampliamente móviles irracionales que no había tenido en cuenta en su pensamiento económico), desarrolló una teoría de las elites que planteaba el carácter inevitable de la desigualdad social y de la dominación de las masas por una minoría selecta.

Su esfuerzo por analizar la vida política prescindiendo de las apariencias ideológicas para profundizar en la realidad descarnada de la lucha por el poder hacen que se le considere, junto con Gaetano Mosca, uno de los iniciadores de la «ciencia política»; en todo caso, su análisis refleja una nostalgia por el mundo liberal europeo en crisis frente a los avances de la política de masas. En sus escritos criticó y ridiculizó las ideas de progreso, democracia, igualdad y socialismo, poniendo en primer plano el componente de fuerza y de engaño que existe en la historia de la humanidad.

Esta visión le convirtió en un predecesor ideológico del fascismo; efectivamente, Mussolini intentó apropiarse del prestigio intelectual de Pareto, el cual nunca criticó al fascismo italiano e incluso aceptó que le nombraran senador poco antes de morir. Entre las principales obras de Pareto cabe señalar el Curso de Economía Política (1896-97), el Manual de Economía Política (1906) y el Tratado de sociología general (1916).
Referencia: Extraído de Biografias y Vidas- http://www.biografiasyvidas.com/
Sitio relacionado: http://www.biografiasyvidas.com/


WILFREDO PARETO (Version web administracion)

(París 1848 -Turín 1923)
Wilfredo Pareto , hijo del Marqués Raffaele Pareto, ingeniero civil, y de Marie Metenier, de origen modesto francés. La familia se establece en Italia desde 1852. Wilfredo sigue los cursos de físicas matemáticas y también estudia al griego, el latín y el italiano.
Él entra a la escuela de ingenieros de Turín graduándose en enero de 1870. Mostró interés por las ciencias sociales, específicamente por la sociología y la economía que le hicieron abandonar la carrera.
3.2.2.1 Aportes a la administración.
El aporte más importante de Pareto es el principio que lleva su nombre, el cual dice: "el 20% de las variables causa el 80% de los efectos" o regla 20-80.
El "Principio de Pareto" es empleado como una de las herramientas para el control de calidad.
3.2.2.1.1 Gráfica de Pareto
Los datos pueden ser mostrados forma tubular o una gráfica para resaltar el área dónde los cambios mostrarán el mayor impacto
Procedimiento
1. Organice los datos de cada variable
2. Calcule el valor total
3. Calcule el valor porcentual de cada variable frente al total
4. Trace un plano cartesiano, el eje "y" porcentaje de 0%-100% y el eje "x" cada variable
5. Organice las variables en forma ascendente (de menor a mayor)
Ejemplo: Ventas por producto en una compañía con 25 artículos y su respectiva participación.

viernes, 20 de junio de 2008

COMENTARIO SOBRE EL LIBRO LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE REALIDAD DE PETER BERGER Y THOMAS LUCKMANN


CARLOS GARCIA MANZANO
La realidad se establece como consecuencia de un proceso dialéctico entre relaciones sociales, hábitos tipificados y estructuras sociales, por un lado, e interpretaciones simbólicas, internalización de roles y formación de identidades individuales, por otro; el sentido y carácter de esta realidad es comprendido y explicado por medio del conocimiento

1. La sociedad como realidad objetiva
Para Berger y Luckmann, la sociología del conocimiento debe ocuparse en cómo ese conocimiento interpreta y construye la realidad, fundamentalmente la realidad de los procesos de vida cotidiana. En primer lugar, comienzan este trabajo desde una perspectiva filosófica, a través de un análisis fenomenológico de la vida cotidiana.
Los autores destacan cinco elementos fundamentales que estructuran la tríada realidad interpretada/significado subjetivo/mundo coherente:
a) la conciencia, que define la intención y la búsqueda de objetos;
b) el mundo intersubjetivo, que se comparte con los demás;
c) la temporalidad, como carácter básico de la conciencia (orden temporal);
d) la interacción social, que crea esquemas tipificadores;
e) el lenguaje, como elemento clave objetivo (externo al individuo) que facilita la estructuración del conocimiento en términos de relevancia.
A continuación, los autores entran en el análisis del proceso de construcción de la sociedad como realidad objetiva, del cual destacan dos momentos básicos: la institucionalización y la legitimación.
Berger y Luckmann se confiesan en diversos momentos deudores de las teorías de Mead, y en especial de la formación del yo humano. El ser humano se forma en interacción con su ambiente cultural y el orden cultural y social.
El orden social, sin embargo, no es considerado como externo e impuesto al individuo, sino que aparece a través de una relación dialéctica con éste, como producto humano. La realidad institucionalizada tiene su origen, por tanto, en la tendencia a la habituación del ser humano, tendencia que, por una parte, le facilita estabilidad y, por otra, innovación constante, pues le evita dedicar su esfuerzo a tareas triviales y repetitivas.
Esta institucionalización conlleva la tipificación recíproca de acciones entre los actores, hasta llegar a convertirse en una forma de control social. Posteriormente, este comportamiento institucionalizado se reifica, es decir, se experimenta como una realidad objetiva, externa a la voluntad del individuo.
En síntesis, los autores destacan tres momentos básicos en este proceso:
la sociedad es un producto humano;
la sociedad es una realidad objetiva;
el hombre es un producto social.
Pero para que esta institucionalización se haga efectiva, es indispensable la existencia del lenguaje, es cual “sedimenta y objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles a todos los que pertenecen a la comunidad lingüística”; el lenguaje, por tanto, constituye la base más estable del conocimiento y del medio por el que el mismo se distribuye colectivamente: facilita su comprensión y asimilación.
El conocimiento, desde esta perspectiva, determina el nivel de integración existente en un orden institucional dado: “constituye la dinámica motivadora del comportamiento institucionalizado, define las áreas institucionalizadas del comportamiento y designa todas las situaciones que en ellas caben”.
En este sentido, los roles aparecen como modos de conducta tipificados y, lo que quizá es más importante, como “realización de la distribución social del conocimiento”, al concentrarse en determinado tipo de roles el acceso a cierta clase de conocimiento especializado.
El conocimiento institucionalizado, pues, no se impone de igual forma sobre el conjunto de individuos; además, existe una relación dialéctica entre conocimiento y base social, lo que a menudo da lugar a diversos subuniversos de significado dentro del conjunto social. A este respecto, es muy importante el segundo de los elementos básicos que Berger y Luckmann señalan en la construcción de la realidad objetiva: la legitimación.
También aquí el lenguaje cumple una función imprescindible: como forma de extender la comprensión y el sentido de la realidad de una manera consistente y coherente con la realidad subjetiva de los individuos, y eso tiene lugar, fundamentalmente, a través de la creación de universos simbólicos.
La institucionalización antes citada, para tener visos de permanencia, debe tener sentido, es decir poseer coherencia en sí misma ; pero, además, debe tener sentido subjetivo. La legitimación alcanza entonces cuatro niveles distintos, que los autores categorizan así:
1) un sistema de objetivaciones lingüísticas;
2) proposiciones teóricas en forma rudimentaria;
3) teorías explícitas del orden institucional:
4) universos simbólicos.
Estos últimos son los que organizan coherentemente la posición que ocupa cada uno en el conjunto social, los roles a desempeñar, su propia identidad y el total de relaciones que constituyen la vida cotidiana.
Los universos simbólicos construyen, además, determinados mecanismos que garantizan su permanencia: la mitología, la teología, la filosofía y la ciencia son algunos de los más importantes, y han jugado su papel en determinados períodos históricos.
El poder en sí mismo, su capacidad para imponerse constituye otro mecanismo de mantenimiento; en este sentido, la ideología es para Berger y Luckmann un medio de mantenimiento que sirve a un interés de poder concreto.
2. La sociedad como realidad subjetiva
El segundo gran apartado del libro se centra en la sociedad como realidad subjetiva, comenzando por el modo en que esta realidad reificada es asumida por los individuos, lo que nos lleva inevitablemente al terreno de la socialización.
Berger y Luckmann diferencian dos procesos de socialización distintos, los cuales denominan primario y secundario.
El primario, que tiene lugar durante los primeros años de vida, sirve de base para la comprensión del mundo como un todo compacto e invariable, así como para la comprensión de la vida como un sistema donde uno existe en relación con otros, donde el yo cobra sentido como yo social: asimismo, es una socialización filtrada, es decir, el individuo ocupa un espacio social concreto y en función del mismo y de las relaciones que conlleva se produce una identificación propia, una identidad.
Durante la socialización secundaria, el individuo internaliza submundos diferentes, tiene acceso al conocimiento de una realidad compleja y segmentada. Asimismo, no accede a todo el conocimiento, sino a una parte en función de su rol y posición social: el conocimiento también se segmenta. Esto último ocurre porque los medios de acceso al conocimiento se institucionalizan: es necesario aprender a través de cauces y procesos adecuados.
Esta segunda socialización corre el riesgo de convertir las internalizaciones anteriores en algo vulnerable, situación que se ve minimizada por la existencia de determinados medios de mantenimiento de la realidad, entre los cuales destaca la rutina diaria como afirmación del conocimiento de la vida cotidiana; no obstante, un cambio profundo en la realidad subjetiva puede tener lugar si se produce una reinterpretación radical de los hechos, lo que los autores denominan alternación, mediante un nuevo proceso socializador y legitimador.
La identidad del individuo, como conclusión, se perfila dentro de una realidad objetiva que, aunque es percibida por éste como algo externo, es en realidad un producto humano; surge de la relación dialéctica entre individuo y sociedad: “se forma por procesos sociales (...), es mantenida, modificada o aun reformada por las relaciones sociales”.
3. Comentario personal
Peter Berger y Thomas Luckmann, tal como indican en la introducción, pretender sentar las bases de lo que, a su juicio, debe conformar el objeto de investigación de la sociología del conocimiento.
Todos los anteriores estudios no han sido sino aproximaciones a aspectos concretos y parciales del mismo; no es hasta ahora cuando se inicia la auténtica dimensión propia del objeto de la disciplina: el análisis de la construcción social de la realidad.
Sin embargo, bajo mi punto de vista, la visión fenomenológica de Berger y Luckmann complementa otros trabajos realizados sobre el tema, a los que en modo alguno sustituye.
Y cabe decir eso, fundamentalmente, de la obra de Mannheim Ideología y Utopía, que además de dar el primer gran impulso a la sociología del conocimiento, muestra un interés epistemológico (yo diría que el centro sobre el que gira la obra) que no se observa en ningún momento en el libro presente. Igualmente, el concepto de ideología trazado por Marx (concepto que Berger y Luckmann tratan muy de pasada, supuestamente integrado en las demás formas de conocimiento) es un elemento indispensable a considerar en cualquier aproximación a la disciplina en cuestión.
Por ello, creo que esta obra, La construcción social de la realidad, toma su verdadero sentido cuando se la inserta en el conjunto de aproximaciones que, desde posiciones y perspectivas distintas pero complementarias, ha tratado de abordar el complejo problema del conocimiento.
Tras el apartado que trata la sociedad como un producto específicamente humano, creado a partir de las distintas interrelaciones entre los individuos y de las diversas necesidades que de ello surgen (la sociedad como construcción de los individuos, para los que posteriormente ésta aparecerá reificada y les afectará directamente), aspecto que Marx ya desarrolló en alguna medida a través de sus conceptos de estructura y superestructura, pasan a centrarse en un punto más específico de la sociología del conocimiento: cómo los individuos internalizan, comprenden y organizan todos los aspectos que constituyen la realidad.
Y aquí cabría, a mi juicio, completar y matizar las ideas de Berger y Luckmann sobre socialización, internalización e identidad con el concepto total de ideología Mannheimiano (que trata de abarcar la estructura total del espíritu de un grupo o de una época y que comprende el pensamiento como producto de la vida colectiva en que el individuo participa), la falsa conciencia de Marx (la ideología burguesa y su interpretación interesada y legitimadora del status quo socioestructural) e incluso el concepto de verdad como mentira colectiva de Nietszche (la vida en sociedad hace necesaria la conversión de lo que no son sino meras abstracciones, reducciones metonímicas de una realidad compleja e inaprehensible para el lenguaje, en verdades para todos). A este respecto, y a diferencia de la obra cita de Mannheim, Berger y Luckmann de ninguna manera pretender aproximarse al contenido de verdad o de mentira del pensamiento, y es que para ellos “el interés sociológico en materia de realidad y conocimiento se justifica así inicialmente por el hecho de su relatividad social”.
Sin embargo, a mi entender, resulta mucho más sugerente el término relacional que Mannheim utiliza para comprender el pensamiento con respecto al período histórico en el que surge y al substrato social del que emerge, y que va mucho más allá de la mera relatividad.
En resumen, la aproximación fenomenológica de Berger y Luckmann, aunque de interés por sí misma, precisaría ser complementada con otras proposiciones teóricas que concretan aspectos muy sutilmente esbozados en este trabajo, que deja de lado temas tan atractivos como el conocimiento científico (al que los autores aluden como conocimiento especializado, pero de cuyo fundamento nada hablan) y el carácter ideológico (y su correspondiente base material) de gran parte del pensamiento, aunque su propósito fundamental se centre en el conocimiento de la vida cotidiana.

BIBLIOGRAFÍA:
BERGER, P. y LUCKMANN, T (1968): La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires.
MARX, Karl (1971): El Capital. F.C.E. México
MARX, Karl (1974): La ideología alemana. Grijalbo, Barcelona
MANNHEIM, Karl (1941): Ideología y utopía. F.C.E. México
NIETZSCHE, Friedrich (1990): Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Tecnos, Madrid