viernes, 2 de julio de 2010

Gerardo Blyde // Estado comunal

Usted estará incluido así se encierre en su casa, mire hacia otra parte o piense que no lo afectará
Con la Ley Orgánica de las Comunas, aprobada en primera discusión por la Asamblea Nacional se pretende regular, cuando sea aceptada, "la constitución, conformación, organización y funcionamiento de la comuna, como entidad local socialista".

Hasta la fecha en Venezuela ninguna entidad político-territorial había sido creada para servir a una concepción ideológica. La Constitución de 1999 señala la existencia de un Estado plural, no excluyente, sin discriminaciones por razones políticas.
Aun cuando en el terreno de los hechos no ha funcionado así, por cuanto se han usado las célebres listas de aquellos que firmaron solicitando referendo revocatorio al Presidente como requisito no escrito para no ingresar en la administración pública o para no poder contratar con el Estado central, esto no había sido asumido por el mundo del Derecho.

A nadie se le ocurrió, por ejemplo, en la Asamblea Constituyente establecer que los municipios serían entidades locales socialistas. Tampoco fue así en la ley de creación de los consejos comunales ni en ninguna de sus reformas posteriores, no se erigieron como entidades político-territoriales del socialismo.

"La comuna es una entidad local socialista... , donde y a partir de la cual se edifica la sociedad socialista" (art. 5). Es decir, que si usted no es socialista pero en el lugar de su residencia se crea una comuna como nueva entidad político-territorial, usted de manera automática queda excluido de pertenecer a esta entidad local socialista, o lo que es aún peor, pertenecerá aun en contra de su voluntad. Esa comuna se organizará a partir de un ámbito geográfico que lo incluye a usted, con un autogobierno que lo gobernará a usted, para construir las bases de un Estado Comunal que lo regirá a usted, y que será el paso transitorio que lo llevará a usted a pertenecer a una sociedad socialista, sin que nadie se lo haya preguntado, ni usted lo haya aprobado.

Esa comuna podrá ser tan pequeña como se quiera o tan grande como para abarcar más allá de los límites de los municipios e incluso de los estados y usted, aunque no lo quiera y no sea socialista, estará incluido.

Esa comuna tendrá un parlamento comunal que dictará una carta comunal y normas comunales que lo regirán a usted hacia el establecimiento del socialismo, así usted no haya sido consultado. La elección de sus miembros la organizará un Consejo Electoral provisional que será designado por los voceros de los consejos comunales, excluyendo del proceso al Poder Electoral constitucional, así usted no haya votado por reformar la Constitución y menoscabar las competencias del CNE.

Tendrá un Consejo de Cumplimiento que fungirá de órgano ejecutivo y, de su seno, saldrán unos coordinadores para ejecutar en la comuna a la que usted pertenecerá por los que usted no votará nunca de manera directa.

Tendrá un banco comunal que administrará los recursos que le sean asignados a las comunas, sin controles externos a los propios establecidos en la comuna. Tendrá una jurisdicción comunal que invade y sustituye a la justicia de paz constitucionalmente prevista, que dictará decisiones vinculantes para todos los habitantes de la comuna, es decir, que lo afectarán a usted aun cuando no lo hayan consultado.

Esas comunas podrán asociarse e incluso crear ciudades comunales que lo incluirán a usted para lograr el establecimiento de un Estado socialista que priorice la propiedad social y que tenga formas de gobierno y gobernantes con nombres cambiados (coordinadores) por los cuales usted jamás habrá votado directamente.

Todo el sistema de organización político-territorial que se pretende crear estará a su vez coordinado por un ministerio perteneciente al poder central, con un ministro designado por el Presidente de la República, que dictará los reglamentos que desarrollarán la ley, que se encargará del registro de cada comuna, de la asignación de los recursos que se requieran para cada proyecto, previa aprobación del Consejo Federal de Gobierno, y que ejercerá todo el control real del Estado comunal socialista en el que usted estará incluido así se encierre en su casa, así mire hacia otra parte, así piense que eso no lo afectará mientras no lo conozca y, si lo llegara a conocer, usted piense que no lo afectará porque no se involucrará.

Esta ley es el primer paso firme hacia la consolidación de un Estado comunista, que sin desaparecerlos (por ahora), invade las competencias municipales y estatales, suplanta sus órganos legislativos, invade competencias del Poder Electoral y del Judicial. En ese Estado comunista usted estará incluido aun en contra de su voluntad y aun sin que nadie le haya consultado si usted quería cambiar de un Estado plural a uno socialista.

gblyde@gmail.com

miércoles, 30 de junio de 2010

Juan Miguel Matheus // Lo afirmativo venezolano

Los venezolanos necesitamos volver a creer en nuestras fuerzas de pueblo. Tenemos que cultivar la fe en nuestra capacidad -probada durante los años de la democracia- de construir un orden político justo, apto para la convivencia humana libre y pacífica. Para ello debemos poner la mirada en lo afirmativo venezolano (Augusto Mijares). Debemos hacerlo, además, con realismo, sin engreimientos ni fatalismos: no somos, ni mucho menos, un superpueblo; pero tampoco un pobre pueblo, si es que acaso puede hablarse en esos términos. Somos lo que somos, a lo criollo: la misma Venezuela de Juan Bimba, retratada nítidamente -con sus virtudes y sus defectos- en los versos de Andrés Eloy Blanco.

En este sentido, mirar lo afirmativo venezolano conlleva a conocernos como pueblo. La esperanza sólo es verdadera si media el conocimiento propio. Alcanzarlo exige que veamos, a la luz de la historia, (i) lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer, (ii) lo que hemos gozado y lo que hemos sufrido, y, finalmente, (iii) las virtudes cívicas que hemos conquistado y los vicios que hemos hecho crecer a lo largo de los años. Pero sobre todo, supone ser plenamente conscientes de nuestras propensiones de pueblo, es decir, de eso a lo cual tendemos con facilidad si no luchamos por evitarlo.

Entre tales propensiones se cuentan, por ejemplo, la autocracia militarista, el desorden, el desacato a la ley y, no menos importante, un cierto pesimismo. De hecho, hoy esas propensiones están presentes entre nosotros. La autocracia y el militarismo se han puesto de pie una vez más para extraviarnos en el desorden y traer de la mano al pesimismo de pueblo. Afortunadamente, se trata de propensiones vencibles y no de rasgos definitivos. Frente a ellas resiste, precisamente, lo afirmativo venezolano. Nadie puede pensar, porque no es verdad, y porque lo demuestra la historia, que los venezolanos no somos capaces de derrotar la autocracia militarista, de vivir al amparo del orden de las leyes y de confiar, con una esperanza responsable, en nuestras posibilidades de crear una sociedad justa.

Así, en los tiempos que corren nuestra tarea de patria es hacer florecer lo afirmativo venezolano, esa reserva moral que, como enseñó Augusto Mijares, nace del ejercicio de la virtud ciudadana, del esfuerzo de cada venezolano concreto y de todos, como pueblo, por construir la civilidad. Los momentos que se avecinan son de reconstrucción, entendida en todas sus dimensiones: política, social, económica, etc. En ellos se pondrá a prueba el talante moral de los venezolanos. Ello es, en sí mismo, una ocasión de hacer crecer la esperanza. No hay mal que por bien no venga. Tenemos la oportunidad de actuar con generosidad y desprendimiento en el servicio a Venezuela, de hacer prevalecer el bien del cual somos capaces. La convivencia de las futuras generaciones se edificará, no hay que dudarlo, sobre lo afirmativo venezolano. A por ello.



jmmfuma@gmail.com
Twitter: @JuanMMatheus

martes, 29 de junio de 2010

El guión del Manifiesto Comunista

Antonio Fénandez Nays


Lunes, 28 de junio de 2010



Ocurre con estos señores del gobierno venezolano que debe uno sacar del baúl y desempolvar viejos libros que creíamos, ya formaban parte de un panteón de teorías muertas y sepultadas, como el Libro Rojo de Mao o el Capital, de Marx, cuando no El fascismo en su época de Nolte, que ayuda a explicar muchas acciones y comportamientos de Chávez y el chavismo.

Pues bien, le toca el turno al Manifiesto del Partido Comunista, un texto escrito a cuatro manos por Marx y Engels entre 1847 y 1848, y que pareciera orientar toda la política venezolana actual en materia de expropiaciones, ataques a la propiedad privada, confiscaciones, etc.

Eché mano, entonces, de mi viejo librillo, con las hojas ya amarilla, que costó 15 bolívares de los viejos, y me encontré las siguientes perlas:



“Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada. Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma parte de toda libertad, de toda actividad, de toda independencia individual. ¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo, del esfuerzo personal! ¿Os referís acaso a la propiedad del pequeño burgués, del pequeño labrador, esa forma de propiedad que precede a la propiedad burguesa? No tenemos que abolirla: el progreso de la industria la ha abolido y está aboliéndola a diario”.

“Pero, ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo del proletario, crea propiedad para el proletario? De ninguna manera. Lo que crea es capital, es decir, la propiedad que explota el trabajo asalariado y que no puede acrecentarse sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado, para explotarlo a su vez”.

“El capital es un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de mucho miembros de la sociedad (…), el capital no es, pues, una fuerza personal; es una fuerza social”.

“En la sociedad burguesa, el trabajo viviente no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado no es más que un medio de ampliar, enriquecer y hacer más fácil la vida de los trabajadores”.

Los regímenes que aplicaron estos postulados teóricos a rajatabla, ya lo documentó ampliamente la historia, ni consiguieron la tan anhelada prosperidad ni lograron sociedades felices. Hace más de dos décadas cayó el Muro de Berlín y con él rodaron todas estas teorías que algunos están empeñados hoy en restituir en la práctica en Venezuela, en condiciones, por cierto, muy distintas tanto económicas como sociales a las de la Europa del siglo XIX.

Algunos conspicuos miembros de la nomenklatura criolla parecen redimir la ilusión que le fabricaron a la madre de esta extraordinaria película de Wolfgan Becker, Good bye, Lenin! (2003), para evitar que supiese de la caída del Muro y le diese un infarto.



El blogdeldirector

domingo, 27 de junio de 2010

Comuna socialista

Gerardo Blyde


Sábado, 26 de junio de 2010


Se crea una jurisdicción inexistente denominada justicia comunal con jueces comunales.


El territorio se organiza en Municipios. Así lo dispone expresamente el artículo 16 constitucional. Ese mismo artículo realiza la taxativa división político territorial de la República en estados, distrito capital, dependencias federales, territorios federales y a todos los divide y organiza en Municipios.

El martes pasado el Parlamento, una vez más se erige como órgano constituyente y no como poder constituido, aprobando en primera discusión, un texto legal abiertamente inconstitucional que modifica la división político territorial del territorio y atenta contra la autonomía municipal y la descentralización constitucionalmente reguladas. Sin consultarle al pueblo sobre si desea una nueva división político territorial, la Asamblea con "urgencia parlamentaria", como si el tema se tratase de cualquier asunto de los que pudiera ser discutido rápidamente, aprobó en primera discusión, el mismo martes, habiendo presentado el texto del anteproyecto de ley ese mismo día.

En el artículo 5 del texto aprobado se incorporan en esta Ley Orgánica de las Comunas los ya rechazados Distritos Motores de Desarrollo (que con otra denominación estaban contenidos en la reforma constitucional no aprobada por el pueblo), así como términos tales como entidad local socialista, Estado Comunal, socialismo, justicia comunal, jueces comunales, jurisdicción especial comunal y ciudades comunales.

Los diputados que aprobaron en primera discusión esta ley confiesan en la exposición de motivos que están asumiendo funciones de poder constituyente al señalar que se requiere una nueva institucionalidad para el desarrollo socialista, lo cual supondría una nueva unidad político territorial y señalan que la ley promueve la creación de una nueva instancia de gobierno territorial.

Bajo la falsa premisa de estar descentralizando el poder, de darle un supuesto poder directamente al pueblo, se viola la descentralización en los términos señalados en la Constitución, que son los únicos mediante los cuales ella permite y propicia la transferencia de recursos y competencias a las entidades político territoriales por ella creadas.

El proyecto de ley establece que las comunas son un "modelo socioeconómico legitimado por el Estado, que en el caso venezolano responde a los principios para la construcción del socialismo del siglo XXI". ¿Quién le dio esa legitimación en nombre del Estado si el único que puede constitucionalmente producir esa legitimación es el pueblo en ejercicio de su soberanía, que no puede ser usurpada por los poderes constituidos? ¿En qué parte de la Constitución está señalado como principio fundamental la construcción del socialismo del siglo XXI? Los principios fundamentales del Estado venezolano están señalados en el Título I, artículos 1 al 9 de la Carta Magna. En el artículo 2 se señala que Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. El estado social es un estado de derecho. Las normas rectoras de ese estado de derecho están en la propia Constitución.

No sólo se pretende crear una nueva unidad político territorial con funciones ejecutivas a través del órgano colectivo denominado las comunas, sino que adicionalmente se crean instancias jurisdiccionales descentralizadas y atomizadas y órganos legislativos microlocales. En efecto se crea una jurisdicción constitucionalmente inexistente denominada justicia comunal o jurisdicción especial comunal con jueces comunales, que violan las normas constitucionales referidas al sistema judicial; y se crea un Parlamento Comunal que dictará la Carta Comunal. Invade las competencias constitucionalmente dadas a los Concejos Municipales y a los Consejos Locales de Políticas Públicas. A los primeros con el Parlamento Comunal y a los segundos con los Consejos de Planificación Comunal.

El órgano rector al que deberán rendir cuentas no será a la municipalidad sino directamente al Poder Ejecutivo central por intermedio de un nuevo ministerio con competencia en materia de comunas, materia para la cual no existe ninguna norma atributiva de competencias en el texto constitucional.

La AN se basa en competencias constitucionales que no tiene y en principios constitucionales que no existen actuando al margen de la Constitución. No es órgano constituyente ni el pueblo venezolano le ha delegado su soberanía para crear nuevas entidades político territoriales inexistentes, y basa su proyecto de ley en principios también inexistentes y violatorios de los existentes y aprobados por el pueblo en la Constitución de 1999. El diputado Vivas señaló que ya no es el municipio, será la comuna la base fundamental de la organización territorial. ¿Y la Constitución y la soberanía del pueblo qué, diputado Vivas?

gblyde@gmail.com

domingo, 20 de junio de 2010

Maoísmo criollo

Gerardo Blyde

El modelo implantado a sangre y fuego, fue un completo fracaso en lo económico.La revolución socialista tiene por objetivo liberar las fuerzas productivas. La transformación de la propiedad individual en propiedad colectiva socialista dentro de la agricultura y la artesanía, y de la propiedad capitalista en propiedad socialista dentro de la industria y el comercio privados, libera necesariamente y en gran medida las fuerzas productivas". Cita del Libro Rojo de Mao.
Bajo el régimen personalista y dictatorial que estableció Mao en China, la revolución comunista que acabó con la vida de cerca de setenta millones de personas para sostenerse en el poder, reprodujo masivamente un pequeño libro rojo denominado Pensamientos del Presidente Mao Tse-Tung. Este era de obligatoria lectura.
Mao no permitió la propiedad privada individual ni la que denominó propiedad capitalista, haciendo una división de lo privado entre lo que cada persona podía tener como propio y lo que podía poseer como cabeza de una industria. Aquellos bienes destinados a sobrevivir y aquellos destinados a producir.
Para él, todos los bienes debían pasar a ser propiedad socialista, lo que fue simplemente propiedad del Estado. Este modelo, implantado a sangre y fuego, fue un completo fracaso en lo económico. Hoy, hasta los propios gobernantes chinos, lo consideran un error que empobreció aún más a la población china. Mao es recordado como referencia histórica en la construcción de la República Popular China, pero también como el autor del fracaso económico de esa república, que tuvo que dar un golpe de timón a las concepciones económicas por él sostenidas e instrumentadas y abrirse al capital de modo acelerado.
Las declaraciones y acciones que enmarcan en estos tiempos la política económica del presidente Chávez van acercándose aceleradamente al modelo maoísta fracasado. En una cadena transmitida la noche del martes pasado, cuando inauguraba una planta ensambladora de vehículos iraníes en Aragua, el Presidente explicaba que el modelo que propicia consiste en que el capital privado es bienvenido mientras esté asociado al capital público en pequeñas y medianas empresas.
No así el capital privado de las grandes industrias a las que considera especuladoras, acaparadoras y perniciosas para el pueblo. Invitaba a los privados a plegarse al modelo socialista de producción para no poner en riesgo su capital. A los grandes empresarios criollos no les dio ninguna esperanza.
Contra ellos irá, unas veces con mayor velocidad, otras con más lentitud, dependiendo de las mayores o menores resistencias internas que encuentre en su avance, para ir poco a poco desmantelándolos y absorbiendo el control de toda esa actividad productiva bajo el eufemismo de empresas socialistas de producción, supuestamente entregadas a sus trabajadores, pero totalmente controladas por el Estado. No importa si dejan de ser productivas y deban ser financiadas por el Estado para mantener el parapeto de la productividad falsa.
Lo importante es controlarlas y no tener ningún medio de producción importante en manos de capital privado no controlable. La fracasada receta de Mao está en ejecución en su versión caribeña. "Nuestro Estado es una dictadura democrática popular dirigida por la clase obrera y basada en la alianza obrero-campesina.
¿Para qué esta dictadura? Su primera función es reprimir, dentro del país, a las clases y elementos reaccionarios, a los explotadores que oponen resistencia a la revolución socialista y a los que sabotean nuestra construcción socialista; es decir, resolver las contradicciones internas entre nosotros y el enemigo.
Por ejemplo, entra en el radio de acción de nuestra dictadura arrestar y condenar a cierto número de elementos contrarrevolucionarios, y privar por un tiempo determinado de derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y capitalistas burocráticos" (Mao). Cualquier parecido con nuestra realidad no es pura coincidencia. Continúa Mao: "La segunda función de esta dictadura es defender a nuestro país de la subversión y posible agresión de los enemigos exteriores. En este caso, la dictadura toma sobre sí la tarea de resolver la contradicción externa entre nosotros y el enemigo.
El objetivo de la dictadura es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura, una ciencia y una cultura modernas". ¿Seremos capaces quienes integramos la pluralidad democrática del país de al menos categorizar de la misma manera a la revolución socialista en curso? Es básico partir del mismo diagnóstico para poder avanzar en la lucha. Mientras haya sectores que se acomodan pensando que no los alcanzará, se pierde fuerza por falta de unidad.
gblyde@gmail.com

sábado, 12 de junio de 2010

Cuba: la Revolución ha muerto

Carlos Ignacio Pino Díaz


Viernes, 11 de junio de 2010


Cierta eficiencia económica le prolongará la vida al sistema, pero no garantizará nada más que la restauración del capitalismo privado en la isla

La lógica detrás de los movimientos económicos, y no los movimientos en sí mismos, es por lo que más debería preocuparnos. Cierto, ya no hablamos de inmovilistas como hace un año atrás. La sociedad, la economía y la política de la isla han comenzado a moverse. Sabemos de dónde venimos, pero ¿a dónde vamos?

Las medidas económicas del Gobierno, que ni buenas ni malas son, a penas lógicas en la lógica del Gobierno. Sin embargo estas no parecen apuntar a una mayor democracia social, como el nuevo discurso político plantea. Aunque si bien es cierto que por primera vez el Gobierno parece entender la batalla principal no es entre capitalismo y socialismo, al menos no lo es para Cuba. La batalla de Cuba no debió ser otra sino demostrar que se puede caminar hacia el Socialismo, con democracia ciudadana, con economía social.

Por lo cual, hoy, intentar hacer sostenible el sistema de Gobierno económicamente y por tanto políticamente, no es solo hacerlo eficiente. La eficiencia sin democracia verdadera, solo reafirmará ese estatismo que siempre será socialmente ineficaz -de dónde venimos. Cierta eficiencia económica le prolongará la vida al sistema, pero no garantizará nada más que la restauración del capitalismo privado en Cuba.

La democracia ciudadana, la independencia económica de los ciudadanos, y por tanto la independencia política, es lo único que puede garantizar la continuidad del proyecto social por el cual venimos luchando sin interrupción desde 1868.

No estamos nosotros hablando de democracia representativa o burguesa, menos de partidocracia. Pues estos como en cualquier sistema jerárquico que responde hacia arriba o que solo se mira el ombligo antes de decretar la vida, desarrolla un distorsionado sentido de permanecer. Donde su bien -su permanencia en el epicentro del poder- es superior al bien del país. Lo cual, por supuesto, suele agrandarse con el estatismo y el Partido único.

Por ello es la preocupación que se alza al analizar los pasos económicos que da el Gobierno, buscando elevar la eficiencia en la agricultura, en la ganadería. Unidos estos a las otras medidas políticas y sociales en las ciudades, que si bien prometen una mayor holgura económica a mediano plazo, para un sector significativo de la sociedad, lo cierto es que continúan manteniendo a los trabajadores -del campo y de la ciudad, manuales e intelectuales- bajo el control absoluto del Estado. Dependientes de la buena voluntad de este.

Pues por ejemplo, las tierras se les entregan a los campesinos en “usufructo gratuito”. Que es la figura jurídica que garantiza tu derecho a la tenencia de la tierra, siempre y cuando produzcan. Pero en verdad significan que debes vender tu producción al Estado, al precio que estos estipulen y -como se puede leer entre líneas- no tengan opiniones políticas contrarias al Gobierno. Porque entonces se les podrá revocar el usufructo gratuito utilizando cualquier treta burocrática. Como se ha hecho antes, en otros ámbitos, por lo cual no hay que dudar que se pueda repetir la fórmula en estos tiempos, y en los por llegar.

Preocupante también es que la justificación para la búsqueda de la eficiencia, no sea la eficiencia en sí misma. La ineficiencia, se dice desde el Gobierno, tiene su origen en el paternalismo de Estado. Argumentando que es muy costoso, insostenible. Es necesario acabar con paternalismo, afirman.

Pero el paternalismo de Estado ha sido la base de esta sociedad por décadas; y era parte fundamental del contrato social entre el Gobierno Revolucionario y el pueblo. Contrato Social que se rescribe en 1968 con lo que se llamó “La ofensiva revolucionaria” y que -dicho sea de paso- modificaba sustancialmente la promesa de Contrato Social, por la cual se luchó y se amaneció libre el primero de enero del 1959. El documento en cuestión es conocido como La historia me absolverá (1). Luego, en 1967, en virtud del nuevo acuerdo -decisión unilateral del Gobierno-, que prometía ser un paso de avance, fueron estatizados todos los negocios privados. Donde “todos” significa “absolutamente todos”, desde las bodegas de barrio hasta los chinchales de los zapateros remendones.

Negocios que fueron estatizados, no nacionalizados como se suele decir; las nacionalizaciones de los grandes negocios en manos del capital extranjero habían ocurrido en los años anteriores.

“La ofensiva revolucionaria” era explicada como una necesidad, para que el Estado pudiera repartir mejor las ganancias. Resultando que el Estado se convertía en el dueño de todas las formas de producción de bienes y servicios de la isla, y prometía, a cambio, proveer de todo lo necesario para el bienestar material del pueblo.

Y a las preguntas que surgieron como ¿De qué servirá esforzarse si el Estado te pagará lo que entienda? ¿De qué servirá esforzarse si a los que no lo hacen les darán los mismos beneficios? ¿Cómo podría el Estado, centralizadamente, repartir a cada cual según su trabajo? Pues para hacer funcionar aceptablemente ese sistema, para que lograra repartir con cierta justicia, la burocracia que requeriría lo haría de por si impracticable.

Sin embargo el Comandante en Jefe pensaba diferente y defendía el modelo, que pronto se implantaría, en su discurso del 2 de enero de 1967:

[…] los revolucionarios, por lo general, estamos afiliados al partido de los optimistas; los escépticos, los que no creen mucho en el hombre, se afilian al partido de los pesimistas. Hay quienes creen que cuando una comunidad reciba todo eso: vivienda gratuita, luz eléctrica gratuita, que sus hijos reciban la ropa, los zapatos, la alimentación, todo, en las escuelas, esa comunidad donde el dinero tenga cada vez menos y menos valor, reaccionará convirtiéndose en abúlica, indiferente, perezosa.

Por supuesto nunca lo pudo cumplir, pero no fue por ello les quitó a las personas las motivaciones personales para producir más y mejor. Los pesimistas tenían razón, y no por pesimistas, sino por ser optimistas de otra manera. Eran optimistas que creían que si los bienes producidos no se los tragaba un ente superior y ajeno -ya fuera un burgués o un Estado monopólico-, que si se repartían las ganancias teniendo en cuenta el trabajo realizado, la gente produciría más y mejor. Optimistas que tenían los pies más cerca de la realidad terrenal. Como Marx y Engels.

Ciertamente, más allá del socialismo utópico del discurso, se pueden esbozar otras explicaciones sobre los verdaderos motivos para la estatización de la economía.. Explicaciones con mayor o menor amargura, con mayor o menor conciencia del contexto. Sin embargo lo palpable es que “La ofensiva revolucionaria” sentó las bases políticas -e ideológicas- para que se considerara al Estado como el “Bien Supremo” de la isla.

Concepto que consideramos aberrado en sí mismo. Como lo será cualquier concepto que se salga de la escala humana, y que son los únicos que perduran en la sociedad, más allá de las generaciones que los implantan.

Luego, gracias al Estado monopólico y centralizado los problemas cotidianos en la isla se convirtieron en una misión imposible. El estado destinaba todos los recursos para obras futuras, de alcance nacional y se olvidaba del presente, del ciudadano. El resultado es que floreció el llamado “sociolismo” que con el tiempo se convirtió el gigantesco mercado negro actual.

También, debido a la falta de un contrapeso político y social, el Estado promulgaría leyes que se acercan mucho a las orwelianas imaginaciones plasmadas en su titulo “1984″. Como que para construir una pared en tu casa dependes de si un funcionario del Estado la considera necesaria o no, para tu bienestar. Y así renació la corrupción, tal cual teníamos en la República burguesa.

Sin contar, ya en el plano ideológico, que en un supuesto Estado de trabajadores, estos no tienen derecho a la huelga. La cual no se vería como trabajadores -o estudiantes- reclamando sus derechos. Todo lo contrario, una huelga se vería como una declaración de guerra -de unos malagradecidos- al “Bien supremo”.

Por ahí andamos, pero no obstante esos errores humanos e ideológicos, el paternalismo también tenía sus virtudes. Pues el Estado estaba de alguna manera obligado con el pueblo, y no podía desentenderse de sus problemas.

Habría que mirar un poco más allá, sobre todo ahora que oportunistas y cobardes culpan al pueblo del paternalismo y de la ineficiencia del país -incluso así se enseña en los textos escolares (2). Para explicar la necesidad de un Gobierno que intenta desmontarlo. No porque sea malo el intento en sí, el paternalismo ni sus causantes debieron existir. Pero si el Estado ya no será el incuestionable “Bien Supremo”, ya no será el que provee, ni tiene una obligación directa con el nivel de vida del pueblo, mas seguirá siendo incuestionablemente Supremo, entonces hay que preguntarse ¿qué nos diferencia de un país capitalista? O con más sentido histórico ¿Dónde estará la legitimidad del Gobierno Revolucionario? Porque era ese paternalismo, y no otro pretexto, lo que lo legítima.

El discurso oficial dice que estamos profundizando el Socialismo. Y ratifica cada vez que puede que “del debate saldrán las mejores soluciones”, pero cuando se intenta debatir se reprime como siempre. Lo cual se describe muy bien en la Carta pública del Observatorio Critico (3), que ha circulado por el éter en los últimos días, y todos deberían leerlo.

Lo cierto y más obvio es que nos dirigimos a afianzar la posición superior del Estado en la sociedad. Con cambio de discurso político, en la teoría, pero la práctica manteniendo el autoritarismo. Afianzar la posición del Gobierno incuestionable de una manera más eficiente económica y políticamente. Hacia más estatización van los cambios, no hacia más socialización.

Olvidar es condenarse a repetir. Afianzar el estatismo sería repetir lo que Europa del Este y la misma URSS demostraron con creces que no funciona. El Socialismo de Estado no es un camino deseable, ni procedente. Entonces es válido afirmar que en el intento por mantener este sistema de Gobierno, el presidente Raúl Castro está sentando las bases para la restauración capitalista en Cuba. Incluso siguiendo prácticamente las mismas líneas generales de Gorbachov, de Glasnost y Perestroika, aunque sea más tibia, aunque se diferencie en que alaba en vez de cuestionar al pasado -quizás porque él también pertenece al pasado.

Y no es que no sea necesaria la libertad o la eficiencia económica -que son los dos pilares del Socialismo verdadero-, el problema es que apuntan al lugar equivocado. Al menos el paternalismo de Estado decía apuntar al lugar correcto, aunque lo hiciera de la forma equivocada.

Probablemente no sea alguien de la llamada Generación Histórica quien nos venda. Pero es esta misma Generación que intentando mantenerse en el poder, está limpiando el camino para que sus sucesores puedan vendernos. Gracias sobre todo a la concentración de poder en la figura del Jefe de Estado, a la desprotección y desmovilización de la clase trabajadora y, para colmo, está cargando con el costo político de liberar al Estado de sus deberes con el pueblo.

En el camino de retorno al capitalismo no quedan muchos obstáculos ya. Pronto y con la justificación de que no hay otro camino, el Gobierno saltará a la derecha, saltará al sálvese quien pueda. Cuando lo cierto es que sí hay otro camino. Sin embargo el poder burocrático de la isla, como ya se vio en la crisis de los 90 y lamentablemente liderados por la Generación Histórica, prefirió pactar con las transnacionales capitalistas, antes que socializar la producción y empoderar a los trabajadores; que es la única e insuperable muralla para derrotar al capitalismo mundial.

Aquel pacto de los 90 no era justificable ni siquiera por los tiempos que corrían. No era “la única solución”, más cuando este pueblo -y lo ha demostrado con creces- que ha estado dispuesto a morirse en cualquier parte del mundo por las banderas del Socialismo. En todo caso lo único que demostraron es que a pesar de estar libres de las condicionantes estalinistas que nos imponía la URSS, nuestros líderes se mostraron incapaces de llevar el Socialismo a la práctica.

Incluso en esos años el propio Fidel tomaba posiciones ideológicas claramente revisionistas, que negaban toda la esencia de los textos de Marx y Engels, cuando decía:

“La propiedad privada por grupos [las cooperativas, Nota del autor] en nuestro concepto no es ni será jamás socialismo, no pasará de ser algo más que un capitalismo por grupos; es como nosotros lo entendemos” (4)

“Que nadie se imagine que porque organizamos unidades básicas de producción cooperativa estamos renunciando al socialismo” (5)

Con estas palabras, dichas en un congreso de trabajadores y luego en una reunión con los miembros del Partido Comunista, negaban a las bases de la economía social que Marx entendía como imprescindibles al Socialismo. Y, lateralmente, santificaba el pacto del Estado con las trasnacionales, como el “único camino” para salvar la patria, la revolución y el Socialismo.

No obstante, si alguien puede ver la diferencia entre el Habana Hilton de 1959, y el Habana Meliá de ahora, o la diferencia entre la ESSO de 1959 y la Sherrit de hoy, por solo mencionar dos ejemplos, quizás debería dedicar su talento a escribir un libro sobre semántica y otras sutilezas del poder. Escribir alabanzas en busca de que se olvide toda la sangre útil que costó sacudirnos la tutela de las trasnacionales del poder, para que luego se le abrieran las puertas como “la única solución posible”.

Lo que restará, cuando este Gobierno termine de modificar la economía y la sociedad de la isla, será el golpe final. El poder incuestionable, antes que después, volverá a hacer lo mismo -amparados en los precedentes que dejan sus fundadores. De nuevo pactaran con los enemigos de los pueblos como supuesta única solución para salvar al pueblo. Lo harán, pues el poder lo hará todo, como siempre, con tal de conservar el Poder.

No será esta la primera Revolución que se traicione y se pierda en Cuba, tampoco será la última que hagamos.

La Revolución ha muerto.

¡Viva la Revolución!

* Carlos Ignacio Pino Díaz es un intelectual cubano que publica regularmente en el sitio Boletines del Socialismo Participativo y Democrático

NOTAS

(1) La historia me absolverá (granma.cubaweb.cu ) (2) Libro de texto de Geografía de 6to Grado, Capitulo 2, “Cuba socialista, un ejemplo para todos los países del mundo”, página 45, primer párrafo, donde dice textualmente “existen dificultades económicas y sociales, que se erradicaran en la medida en que el pueblo cubano trabaje con mayor eficiencia y se capacite más”.

(3) Carta en rechazo a las actuales obstrucciones y prohibiciones de iniciativas sociales y culturales (observatoriocritico/).

(4) Discurso de clausura del XVI Congreso de la CTC, el 28 de enero de 1990 (cuba.cu) (5) Discurso de clausura de la Asamblea de Balance del Trabajo, Renovación y Ratificación de mandatos del PCC en Ciudad de la Habana, el 7 de noviembre de 1993. (cuba.cu )

jueves, 20 de mayo de 2010

Método de transición al Socialismo del Siglo XXI

Heinz Dieterich




Un análisis comparativo de los modos de producción del Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI explican las razones de este modelo tridimensional o trimodal.

El método para transitar a la economía del Socialismo del Siglo XXI requiere la combinación de tres políticas: su planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada); la medición del valor de sus productos y servicios (valorización) mediante unidades de tiempo (valor de trabajo) y, el intercambio de equivalencias.


Las tres políticas tienen que realizarse de manera combinada, porque el salto cualitativo hacia el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI solo se produce como resultado de sus sinergias. Medidas individuales en una economía de mercado, como en Venezuela, no tendrán éxito.Un análisis comparativo de los modos de producción del Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI explican las razones de este modelo tridimensional o trimodal.

1. La economía del Socialismo del Siglo XX, llamado en la Alemania socialista (RDA) también „el socialismo realmente existente“, no fue planeada democráticamente, sino por elites--al igual que en el capitalismo. En „el socialismo realmente existente“, la planificación la hacían unos cinco mil tecnócratas y políticos del Partido Único y en el capitalismo la hacen unos cinco mil megacapitalistas, burócratas y políticos. La esencia es la misma: las mayorías están excluidas.

2. La regulación y dirección de la economía del „socialismo realmente existente“ se realizaba via una combinación de precios administrativos y precios de mercado, no mediante el valor de trabajo y el intercambio de equivalencias. Los precios administrativos fueron determinados por el Estado a raíz de consideraciones sociales, políticas y militares y, en forma secundaria, económicas. Los precios de mercado se tomaron del mercado mundial y se adecuaron a los parámetros nacionales.

3. La no-determinación del valor de los productos y servicios por su valor de trabajo (time inputs) y su respectivo intercambio por el principio de equivalencia, significaba en la economía monetarizada del „socialismo realmente existente“ que no se podía abolir el sistema de trabajo asalariado.
Significaba también que los trabajadores no tenían el derechoal pleno valor creado por su trabajo, sino solo a la parte salarial y algunos servicios sociales que las elites les asignaban.
Pero, si no se acaba con el trabajo asalariado, como insistían Marx y Engels, no se puede acabar con el capitalismo; como tampoco se puede acabar con él mediante la estatización de los medios de producción, sino sólo mediante su socialización (Vergesellschaftung). Hoy sabemos que esasocialización tiene que ser trimodal: planificación y ejecución democrática, valorización por el tiempo de trabajo e intercambio de equivalencias.

4. El tipo y el volumen de los „fondos socialmente necesarios“ (Marx/Engels) como salud, educación, defensa etc., no fueron decididos por las mayorías, sino por las elites. El Socialismo del Siglo XX, al igual que el capitalismo, no permiten que las mayorías deciden por plebiscito, por ejemplo, lastasas de impuestos, ni tampoco, si prefieren impuestos directos o indirectos. Para las mentes stalinistas al igual que para las capitalistas es inconcebible, que las masas conducen democráticamente a la economía, pese a que son ellas las que generan el plusproducto social.

5. La propiedad y el poder fáctico sobre el plusproducto social es ejercido en „el socialismo realmente existente“ por el Estado, no por los productores inmediatos. Pero, el Estado es siempre una estructura de violencia que responde a la distribución del poder de la sociedad. Cuando las elites se enajenan de las mayorías, éstas dejan de ver al Estado como su Estado.
En consecuencia, la fábrica, la tierra y los servicios de la economía estatal se convierten en una fuerza externa alienada e impositiva. Sin identificación entre trabajadores y propiedad productivano se defiende el sistema cuando entra en crisis. Por eso, los trabajadores del „socialismo realmente existente“ actuaron ante la caída del sistema como los campesinos hindúes ante las conquistas externas: con indiferencia atentista o inclusive, como protagonistas de su destrucción (Polonia).

6. Científicamente no tiene sentido llamar al modo de producción del Socialismo del Siglo XX „capitalismo de Estado“. Porque sin una clase de propietarios particulares del capital que actúa por ganancia y opera el mecanismo cibernetico del sistema (mercado), el concepto pierde su capacidad analítica. Tampoco conviene llamar a ese modo de producción socialista,por que carece de los tres principios distintivos de la economía política socialista.

7. La combinación de los tres principios constitutivos de la Economía Política del Socialismo del Siglo XXI, la planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada), el valor del trabajo como unidad de valorización de productos y servicios y, la equivalencia como principio de todos los intercambios, es la esencia política-económica del modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (A. Peters), y, por lo tanto, de su modelo de transición. Para obtener el efectosinergético a nivel nacional y regional, las tres políticas tienen que llevarse a cabo coordinadamente y en cabal consideración de las fuerzas antagónicas a nivel nacional, regional y mundial.

8. Este modelo trimodal de transición hace la explotación laboral imposible y cambia cualitativamente la importancia de la propiedad sobre los medios de producción. La forma de propiedad se vuelve secundaria, porque la planificación democrática de los rubros y volumenes de producción y la determinación de los precios y salarios por el valor del trabajo, junto con su intercambio en forma equivalente, quitan a eventuales propietarios formales---Estado, cooperativas, individuales--- la capacidad de abusar de la propiedad. La determinación plebiscitaria de los impuestos, a su vez, impide el abuso confiscatorio del Estado.

9. El sistema burgués utiliza dos mecanismos principales para apropiarse del valor creado por los trabajadores:
1. los dueños de los medios de producción se apropian del valor en forma de ganancia, interés y renta de la tierra;
2. el Estado, el „capitalista colectivo virtual“ (ideell, Marx/Engels), se apropia del valor en forma de impuestos. Ambos mecanismos quedan bloqueados en el modelo de transición. La „expropiación de los expropiadores“ (Marx/Engels) ya no se realiza primordialmente sobre la estatización de la propiedad privada, sino sobre el derecho y el poder socio-político de apropiación del valor cabal generado por los trabajadores, por parte de los trabajadores.

10. Las características principales del modo de producción del „socialismo realmente existente“ son: una economía centralmente planificada por una elite; dirigida mediante precios administrativos y de mercado; con metas de obtener un plusproducto, más no una ganancia (Profit) y, por lo tanto, no-crematística; basada en el sistema asalariado ymonetarizado. Se trataba de un modo de producción sui generis que se estancó en la transición de la crematística capitalista hacia el socialismo. Al no evolucionar, colapsó y regresó a su punto de origen. Ese experimento de evolución planificada requiere de un concepto científico adecuado, urgentemente.

11. La economía del „socialismo realmente existente“ no se alejó lo suficiente de la autoritaria crematística capitalista como para convertirse en un modo de producción socialista en el sentido del Socialismo temprano, de Marx/Engels, Bakunin, RosaLuxemburg y Lenin. Pero, ni burguéses, ni stalinistas pueden parar las leyes de la evolución. Decía una canción cubana: „Carlos Marx está enojado, cheque de Engels no ha llegado.“ Bueno, al fin y al cabo siempre llegó, de tal manera que el prócer pudo realizar su gran obra de transformación.

Hoy, las condiciones objetivas para la nueva civilización son incomparablemente mejores que durante los últimos dos siglos. Por eso, Karl Marx en su tumba del Highgate Cemetery en Londres ha de estar de fiesta: El cheque de la historia está llegando al Socialismo.



hdieterich@gmail.com

domingo, 25 de abril de 2010

Luis Vicente León // Sin Lenin no hay Paraíso

El caos y el hambre han alimentado muchas revoluciones...
Tenía tiempo sin leer algo estremecedor. Lo hice hoy. Un ensayo del colega Ángel Alayón, titulado "Sin Lenin no hay Paraíso", del cual comparto su esencia:

"La Unión Soviética, luego de la revolución de Octubre de 1917 se sumió en una situación caótica. La hiperinflación y la guerra civil convivían en un ambiente hostil para la vida humana. La inestabilidad política era evidente, por lo que Lenin decidió controlar la distribución de los alimentos, pues asumía que eso le permitiría controlar políticamente al país. En 1918 se decreta la Prodazvertstka, una política que consistía en la confiscación del trigo producido por los campesinos rusos, en especial el trigo de los Kulaks (los campesinos ricos, quienes fueron considerados como enemigos del pueblo).

Se crearon en las aldeas "comités de pobres" cuya única función era confiscar el trigo que presuntamente acaparaban los campesinos y que no estaban dispuestos a vender a los precios irrisorios que los bolcheviques habían establecido. Lenin ordenó el uso de la fuerza contra los campesinos "pequeños-burgueses". Las batallas fueron sin tregua y el nivel de violencia cada vez mayor. El terror era parte de su plan. En un famoso decreto, decía:

¡Camaradas! La rebelión de los cincos distritos Kulaks debe ser reprimida despiadadamente. Los intereses de toda la revolución lo exigen porque ahora "la última y decisiva batalla contra los Kulaks se libra en todas partes. Hay que dar el ejemplo.

1. Colgad (colgad sin falta, que la gente lo vea) a no menos de cien kulaks conocidos, hombres ricos, sanguijuelas.

2. Haced público sus nombres.

3. Quitadles todos sus cereales.

4. Designad rehenes, según telegrama de ayer. Hacedlo de tal forma que en centenares de verstas a la redonda la gente vea, tiemble, sepa, grite: los están ahogando, y ahogarán hasta morir a las sanguijuelas kulaks.

Acuse telegráfico y puesta en práctica.

Vuestro, Lenin.

La hambruna empezó a generalizarse y ante la desesperación del pueblo, Lenin, el estratega político, vio en el hambre una oportunidad:

"Ahora y sólo ahora, cuando en las zonas afectadas por el hambre y la antropofagia y las carreteras están pavimentadas con cientos de cadáveres, si no miles, es cuando podemos ( y por lo tanto debemos) insistir en la apropiación de los objetos de valor [de la Iglesia], con la energía más implacable y despiadada, sin reparar en medios para aplastar toda resistencia [... ] Un momento como el del hambre y la desesperación es único para crear entre las masas campesinas una disposición que nos garantice su simpatía o en cualquier caso neutralidad [... ] Debemos declarar ahora [al clero] una guerra decisiva y despiadada, y someter su resistencia con una brutalidad que no olviden durante décadas [... ] Cuantos más representantes de la burguesía y el clero reaccionarios consigamos ejecutar en este asunto mejor".

Las consecuencias fueron inevitables: la cosecha de cereales había disminuido para 1920 en un 38% en relación con 1913. Un año con menos lluvia que el acostumbrado bastó para desatar la primera hambruna en la US. Para 1923, el sistema de producción de alimentos había colapsado. El hambre dio cuenta de cinco millones de vidas humanas y un pragmático Lenin decide que es tiempo de cambiar de política, pues otra vez la permanencia de la revolución así lo exige".

Esta historia nos enseña: 1) si bien la revolución local no puede compararse con esto en radicalismo de implementación, sí en términos de filosofía económica y política; 2) lo peor del populismo es que resulta atractivo a quienes terminan más afectados por él: el pueblo, y 3) la tesis de que "lo bueno de esto es lo malo que se está poniendo" es una ingenuidad, el caos y el hambre han alimentado muchas revoluciones.

lvleon@cantv.net

@luisvicenteleon

jueves, 22 de abril de 2010

Apreciado Egresado de la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB:

Lissette González El 21 de abril a las 16:46 escribió:

Dentro del marco de los 50 años de la Escuela de Ciencias Sociales tenemos el placer de invitarte al Gran Encuentro de Egresados a celebrarse en el campus universitario de Montalbán, el día 16 de mayo de 2010, desde las 11:00 am.
Se trata de un especial domingo familiar en donde queremos que vengas con tu familia para re-encontrarte con tu Universidad, con tu Escuela, con tus profesores y con tus compañeros de promoción.
Para que este Gran Encuentro de Egresados deje un legado en nuestra alma mater, tiene otro objetivo, además del social y del emocional de la reunión por el cumpleaños de la Escuela; el cual es recabar fondos para financiar algunos de los proyectos académicos de la Escuela.
Es por ello que hemos creado la figura de la compra, por parte de nuestros egresados, de una o varias entradas que tendrán un costo de cincuenta (50) bolívares por adulto. Los niños y jóvenes menores de 21 años están bienvenidos a nuestro Encuentro sin costo alguno.
El día del encuentro se inicia con una misa, a las 11:00 a.m, concelebrada por nuestros queridos sacerdotes-profesores de la Escuela.
Luego nos dará la bienvenida la Dirección de la Escuela y haremos dos presentaciones, la de un video institucional de la Escuela y de los mencionados proyectos académicos.
Habrá música ofrecida por nuestros propios egresados y, en cuanto a la comida, será variada ya que estarán abiertos especialmente para la Escuela, algunos concesionarios de la Feria de Comida de la Universidad.
Queremos de parte tuya la máxima colaboración, no sólo que compres tu entrada y vengas al Encuentro con tu familia; sino que hagas extensiva esta invitación a tus compañeros de promoción y así se forme una gran cadena, de manera tal que logremos un encuentro de todas las promociones de la Escuela.
Por esta misma vía nos puedes confirmar tu asistencia y compra de las entradas, que están a la venta en varios lugares y con varias personas entre ellos los siguientes: puedes llamar
a los teléfonos de la Escuela (407-4393/94),
de la Dirección (407-4218),
de AEUCAB (266-9141 /1796)
de Ingrid Ochoa (0414-241-7821), escribir a cienciassociales.ucab@gmail.com o a mayedíaz@ucab.edu.ve, ir a la Escuela, a AEUCAB, al Café del Banco del Libro. Mucho agradeceríamos confirmar la asistencia antes del 7 de mayo de 2010 para poder planificar y organizar la logística del evento. Para quienes residen fuera de Caracas, tendremos tickets a disposición el mismo día del evento.

¡Te esperamos!

miércoles, 10 de marzo de 2010

La sociologia del lavoro in Francia


oggi. Marchés du travail et différenciations sociales. VIII^ Journées de "Sociologie du Travail". Aix-en-Provence 2001
Autori e curatori: Paul Bouffartigue , Michele La Rosa
Contributi: Tania Angeloff, Béatrice Appay, Anne-Marie Arborio, Fabienne Berton, Antoine Bevort, Andrea Cammelli, David Charrasse, Pierre Desmarez, Pierre Dubois, Elisabeth Dugué, Nadège Hyard, Annie Lamanthe, Sophie Le Corre, Florence Lefresne, Emmanuelle Marchal, Nathalie Moncel, Thierry Pillon, Sophie Pochic, Margarida Ruivo, François Vatin
Collana: Sociologia del lavoro
Argomenti: Sociologia economica, del lavoro e delle organizzazioni
Livello: Studi, ricerche
Dati: pp. 240, 1a edizione 2002 (Cod.1529.85)

Tipologia: Edizione a stampa
Prezzo: € 28,00
Disponibilità: Buona Codice ISBN 10: 8846440471
Codice ISBN 13: 9788846440471









Presentazione
del volume: Ce numéro de Sociologia del lavoro présente un ensemble d'articles issus des huitièmes journées de Sociologie du travail, qui se sont tenues sur le thème "Marchés du travail et différenciations sociales. Approches comparatives", à Aix-en-Provence les 21, 22 et 23 juin 2001. Bien que de petite taille, cet échantillon donnera au lecteur un aperçu que nous espérons significatif de ces importants travaux.


On l'a dit et redit, l'emploi et les marchés du travail ne sont pas les objets historiquement privilégiés par une sociologie française du travail marquée par la tradition friedmannienne. Y a longtemps dominé ce que P. Tripier (1991) a désigné comme le "paradigme de la situation de travail". Il a fallu attendre les années 1980 - et donc de longues années de montée du chômage et de transformations des formes d'emploi - pour que les sociologues s'emparent enfin pleinement de l'emploi, volontiers laissé auparavant aux économistes, et montrent comment les marchés du travail sont des construits sociaux. Depuis une quinzaine d'années l'apport de la sociologie à la connaissance de l'évolution des normes d'emploi est considérable (Lallement, 2001). Cette livraison de Sociologia del lavoro le montre une fois de plus.



Indice:
Paul Bouffartigue, Michele La Rosa , Préface
Partie I. Perspectives théoriques
Thierrv Pillon, François Vatin , Retour sur la question salariale: actualité d'un vieux problème
Annie Lamanthe , Modèles et différenciation du salariat
Florence Lefresne , Vers un renouvellement de l'analyse segmentationniste
Partie II. Etudes de cas
Sophie Le Corre , Transformation des marchés du travail et perspectives d'analyse. Réflexions à partir du cas de la grande distribution alimentaire - Fabienne Berton , Les marchés professionnels offrent-ils de meilleures carrières salariales?
Paul Bouffartigue, Sophie Pochic , "Cadres nomades": mythe et réalités. A propos des recompositions des marchés du travail des cadres
Nadège Hyard , Des travailleurs indépendants dans le monde salarié: le salariat une norme de construction/déconstruction de l'activité
Tania Angeloff, Anne-Marie Arborio , Des hommes dans des "métiers de femmes": mixité au travail et espaces professionnels dévalorisés
Béatrice Appay , Vers une nouvelle rationalisation du travail? Le cas de la grande distribution
Elisabeth Dugué , Rhétorique de la compétence et formes de régulation des champs professionnels: l'exemple du travail social
Emmanuelle Marchal , La sélection à distance: une fonction récente des annonces d'offres d'emploi
Partie III. Comparaison internationales
Pierre Desmarez , Politiques publiques et emplois "à risque": une comparaison internationale
Nathalie Moncel, Margarida Ruivo , L'impact des politiques d'emploi sur la socialisation des ressources des travailleurs dans cinq pays européens
Pierre Dubois, Andrea Cammelli , Le devenir des diplômés de l'enseignement supérieur long. Comparaison France-Italie
Antoine Bevort, David Charrasse , La politique de la ville et l'emploi en France et aux Pays-Bas. Les exemples de Rouen et de Haarlem.



Teoria sociologica e storia del pensiero sociologico
Metodologia e tecniche della ricerca sociale
Sociologia della famiglia
Sociologia dell'ambiente, del territorio e del turismo
Sociologia della salute
Sociologia dell'educazione
Sociologia delle migrazioni e dello sviluppo
Sociologia delle religioni
Sociologia dei fenomeni politici
Sociologia dei processi culturali
Sociologia economica, del lavoro e delle organizzazioni
Sociologia giuridica e della devianza
Studi di genere
Rapporti Censis


null
1/2

jueves, 7 de enero de 2010

Vision particular sobre la problematica del Chavismo y la Iglesia en Venezuela


Revista signos
versión On-line ISSN 0718-0934
Rev. signos v.37 n.56 Valparaíso 2004
doi: 10.4067/S0718-09342004005600002
Revista Signos 2004, 37(56), 7-21

LINGÜISTICA

Iglesia Católica y gobierno venezolano en la diatriba pública:

Estrategias discursivas de poder, autodefensa y ataque1
Venezuelan Catholic Church and Government in public diatribe:

Discoursive strategies of power, self-defense and attack



Francisco José Bolet

Instituto Universitario de Tecnología-Región Capital Dr. Federico Rivero Palacio, Venezuela

Luis Barrera

Universidad Simón Bolívar, Venezuela

Dirección para correspondencia


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RESUMEN

Contextualizado en la actual crisis política venezolana, en este artículo se examinan las estrategias discursivas empleadas por los hablantes en los intercambios verbales que se desarrollaron entre la Iglesia Católica y el Poder Ejecutivo venezolanos durante el año 1999. Su desarrollo se fundamenta en la crónica narrativa como estrategia retórica y en el Análisis Crítico del Discurso (ACD) como herramienta teórico-metodológica. Del análisis de discursos oficiales, artículos de opinión y reportes de prensa publicados ese año en el diario El Nacional, de Caracas, Venezuela, se obtuvo que mientras la Jerarquía Eclesiástica centró su acción lingüística en la autodefensa y en la deslegitimación del Presidente Hugo Chávez y su proceso; éste, desde el ejercicio del poder, fundamentó su discurso en la restauración del orden social y en la deslegitimación de la Iglesia Católica como institución que asumió funciones de naturaleza política. Se observó también que en los intentos que cada hablante lleva a cabo para descalificar al oponente y coartar sus posibilidades de expresión e influencia, se escenifica una tenaz lucha por el control hegemónico de la palabra pública en beneficio de sus propias creencias y relaciones de poder.

Palabras Clave: discurso, iglesia, gobierno venezolano, conflicto.


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ABSTRACT

Within the context of the current Venezuelan crisis, this article aims to examine the discursive strategies used by speakers in verbal exchanges carried out by the Catholic Church and the Venezuelan Executive Power during 1999. The article is based on the use of the narrative chronicle as a rhetorical strategy and Critical Discourse Analysis (CDA) as theoretical-methodological tool. From the analysis made to official discourses, opinion articles and press reports published that year in Venezuelan newspapers like El Nacional, it could be seen that while the Catholic Ecclesiastical Hierarchy centered its linguistic action on self-defense and deslegitimation of President Hugo Chávez and his political process; Chávez, using all his power, based his discourse in the restoration of the social order and deslegitimation of the Catholic Church as an institution that had assumed political functions. It was also observed that whenever each speaker tried to disqualify the opponent and to hinder the respective possibility of expression and influence, a tenacious fight took place in order to maintain preeminent control of the public word, for the sake of their own beliefs and power relationships.

Keywords: discourse, church, Venezuelan government, conflict.


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INTRODUCCION
En el contexto de la actual crisis venezolana, calificada como una de las más graves de su historia republicana, el uso que Hugo Chávez Frías le ha dado al lenguaje de naturaleza política, ha tenido una inusual y definitiva importancia, no sólo en la construcción de las distintas comunidades discursivas que se estructuran en la presente coyuntura, sino también en el desarrollo de interacciones sociales eminentemente antagónicas.

En este proceso, tanto los sectores políticos y sociales emergentes, identificados con el llamado chavismo, como los tradicionales, asociados al puntofijismo2, al sentirse mutuamente amenazados y al no poder conciliar sus intereses con los diversos factores de poder, se han enfrascado en reiteradas y muy destempladas contiendas verbales. En medio de las disputas por cuotas de poder, audiencias y terrenos políticos, el lenguaje iracundo, violento e intolerante que ambos bandos esgrimen en sus intervenciones, se ha convertido en una punta de lanza que bien le sirve simultáneamente tanto al poder constituido como a la disidencia.

En el marco de este escenario, en 1999 dos instituciones fundamentales para la sociedad venezolana actual, como lo son la Iglesia Católica y el Gobierno bolivariano, impulsado este último por la voz de mando del comandante Hugo Chávez Frías, electo Presidente de la República de Venezuela un año antes, en diciembre de 1998, protagonizaron una de las más largas e inquietantes riñas verbales propias de este proceso por el que atraviesa hoy día el país.

Por tratarse de una contienda verbal de naturaleza política, y dada la agresividad manifiesta en los discursos, la pregunta fundamental de la investigación se centró en saber cuáles eran los mecanismos discursivos de autodefensa y ataque esgrimidos por los hablantes en sus intercambios comunicativos, y cómo estos mecanismos se usaban para legitimarse y proyectar relaciones de poder frente al adversario.

De acuerdo con tales interrogantes, se plantearon los siguientes objetivos: a) Identificar y analizar las estrategias discursivas de auto-legitimación y deslegitimación del adversario, empleadas por los hablantes hegemónicos de la Iglesia Católica y el Poder Ejecutivo venezolanos en los conflictivos intercambios verbales que ambos rivales desarrollaron en la prensa escrita venezolana durante el año 1999; y b) Identificar y analizar los mecanismos discursivos puestos en práctica por los interlocutores para forjar y proyectar ante el colectivo sus propias creencias y relaciones de poder.

La resolución de los objetivos se llevó a cabo empleando el modelo de investigación que proporciona el Análisis Crítico del Discurso (Chilton & Shäffner, 2000; Fairclough & Wodak, 2000; van Dijk, 1999; Perelman & Olbrech-Tyteca, 1989), perspectiva teórico-metodológica que permite llevar a cabo no sólo la descripción del conjunto de las estrategias y los recursos discursivos utilizados por los hablantes, sino también la interpretación crítica de los mismos en relación con la identidad de los sujetos y las circunstancias bajo las cuales los discursos son producidos. Por otra parte, se empleó la crónica narrativa como recurso retórico, lo que orientó el análisis de las interacciones verbales conservando en lo posible su secuencia cronológica.

1. Selección del Corpus

Para la realización de esta investigación se analizaron 65 documentos de naturaleza periodística o de procedencia oficial, distribuidos de la siguiente manera: treinta y seis (36) reportes de prensa directamente relacionados con los conflictos verbales sostenidos públicamente entre la Iglesia Católica y el Ejecutivo venezolanos durante 1999; trece (13) textos noticiosos y nueve (9) artículos de opinión escritos por intelectuales y jerarcas de la Iglesia Católica venezolana, todos ellos sobre aspectos diversos de la situación política nacional vivida en Venezuela durante 1999; cuatro (4) transcripciones de discursos orales del Presidente Chávez y una (1) del discurso oral del Presidente Rafael Caldera, producido en el Congreso Nacional el 04 de febrero de 1992, así como dos (2) transcripciones de sendas entrevistas periodísticas realizadas al Presidente Chávez y al expresidente Caldera. Aunque para la investigación se consideró la selección completa, en este artículo se referencian sólo aquellos documentos estrictamente citados.

En su mayoría, el conjunto de estos escritos fue publicado originalmente en los diarios venezolanos El Nacional y El Universal, entre enero de 1999 y mayo de 2001, pero su obtención se realizó a través de las ediciones electrónicas de tales fuentes periodísticas, así como de la versión En línea de la cadena venezolana de noticias Globovisión3.

La selección se realizó considerando como criterio básico el hecho de que su variedad y naturaleza permitiera: a) reconstruir el contexto socio-histórico asociado al desarrollo de la revolución bolivariana y particularmente a las circunstancias que rodean los conflictos verbales que se desea examinar, b) reconstruir la secuencia de interacciones sociales que durante 1999 se dio entre la Iglesia Católica y el Gobierno de Venezuela, y c) que la naturaleza de su procedencia, y la diversidad de su contenido permitieran identificar las distintas posiciones ideológicas esgrimidas por los actores involucrados.

2. La importancia del contexto


Aunque no existe en la actualidad entre los estudiosos una acepción única (cf. Brown & Yule, 1993; Lozano, Peña-Marín & Abril, 1997; van Dijk, 1999), hay consenso en el hecho de que la noción de contexto constituye una de las piedras angulares que permite situar los discursos. Sobre esta amplia base, en este trabajo se asume el contexto como "todo lo que viene con el texto, esto es, las propiedades del entorno del discurso" (van Dijk, 1999: 266). Por ello, al momento de instrumentar operacionalmente su definición, siguiendo a van Dijk (1999), se estará haciendo referencia implícita al "conjunto estructurado de todas las propiedades de una situación social que son posiblemente pertinentes para la producción, estructuras, interpretación y funciones del texto y la conversación" (van Dijk, 1999: 266).
Sobre esta base, interesa revisar el contexto y las circunstancias socio-históricas en las cuales se produjeron las mencionadas conflictivas interacciones sociales. En este sentido, mediante la crónica del proceso que ha vivido el país se pretende establecer vínculos, antecedentes, correlatos, proyecciones, puntos de encuentro, entre el discurso objeto de investigación y el marco socio-histórico donde el mismo se produce. Ello permitirá rastrear los incidentes y los factores que le dan forma y contenido a las prácticas lingüísticas. De este modo, no se concibe una separación estricta entre el discurso y los hechos sociales; por el contrario, se les interpreta en términos mutuamente vinculantes y determinantes. Esto adquiere todavía más relevancia toda vez que lo que se desarrolla mediante las interacciones discursivas en cuestión, son prácticas sociales que despliegan unalucha por el poder y el control político de la sociedad venezolana.

3. De la IV a la V República: Restaurar el orden

A grandes rasgos, cuando en el transcurso de los días 27 y 28 febrero de 1989 ocurrió la explosión social conocida como el Caracazo se puso al descubierto la grave crisis social que desde entonces hasta el presente ha venido afrontando el venezolano.

Las causas más profundas de esos acontecimientos se encontraban en el empobrecimiento general de la población (cf. Moreno, 1990), en los graves desequilibrios macroeconómicos derivados del deterioro del sistema rentista basado en la explotación del petróleo (cf. Bello, 1990; Moreno, 1990), en el shock producido por el paquete económico del Presidente Carlos Andrés Pérez durante su segundo mandato (1989-1994), en la ceguera de los partidos tradicionales para enmendar los errores del pasado (Caballero, 2000), y sobre todo, en las tensiones sociales acumuladas en el marco de un sistema político y económico que se evidenciaba cada vez más agotado, excluyente y desigual.

De la crisis social y de la crisis económica se gestó la crisis política, cifrada en 1992 en dos intentonas golpistas. Así lo expuso con su habitual pasión discursiva el Presidente Constitucional de Venezuela, Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, en el Acto de Toma de Posesión del día 2 de febrero de 1999:

"Aquí hace una década ya, dentro de pocos días vamos a recordar con dolor aquella explosión de 1989, 27 de febrero, día horroroso, semana horrorosa, masacre, hambre y miseria y aún no hubo, a pesar de eso, capacidad ni voluntad para tomar las acciones mínimas necesarias y regular, como pudo haberse hecho, la crisis moral, la crisis económica y ahora la galopante y terrible crisis social. Y esa sumatoria de crisis generó otra que era inevitable, señores del mundo, señores del continente, la rebelión militar venezolana de 1992: era inevitable como lo es la erupción de los volcanes. No se decreta una rebelión de ese tipo..." (Chávez, 1999: 4).

Ante los dos referidos y fallidos intentos de Golpe de Estado ocurridos el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez, a sangre y fuego logró restituir el orden y hacer prisioneros a los líderes militares. Sin embargo, a pesar de eso, no consiguió terminar su período presidencial: en mayo de 1993 sería depuesto de forma legal y pública, acusado de peculado y malversación de fondos4 (Caballero, 2000).
Pero aunque las intentonas fueron controladas, el mensaje ya había sido enviado y nuevamente desoído: la clase política no realizó los cambios estructurales que el país requería; de modo que los propósitos de enmienda alguna vez anunciados, pronto cayeron al vacío.

El mismo 4 de febrero de 1992, en un emotivo discurso ante el Congreso Nacional, al "lamentar que la democracia no fuera defendida con fervor y entusiasmo por el pueblo venezolano" (véase Caldera, 1992: 1), el expresidente Rafael Caldera reconoció que la incapacidad del sistema para dar respuesta a las profundas necesidades de la población le impedían al pueblo seguir respaldando la democracia, aun cuando el imaginario democrático venezolano seguía manifestando "suficiente poder simbólico como para contrarrestar el intento de golpe" (Madriz, 1998: 48).

Pero la suerte ya estaba echada y las consecuencias no se harían esperar. La crisis generalizada condujo en su conjunto a que en las elecciones convocadas para el 6 de diciembre de 1998, resultara electo para la Presidencia de la República, por una abrumadora mayoría, Hugo Chávez Frías. El triunfo chavista en esta contienda no fue expresión de una conciencia doctrinaria (tampoco la hubo en el resto de los candidatos, cf. Lozada, 1999). Lo que hubo fue la manifestación de una sensibilidad popular cohesionada en torno a Chávez, el candidato de la boina roja. El electorado había sufragado bajo la orientación de un sentimiento de revancha, para librarse de quienes presuntamente habían conducido al país al precipicio donde ahora se encontraba. Un altísimo porcentaje del colectivo votó para acabar con la corrupción, con la ineficiencia gubernamental, la burocracia, el clientelismo. Ese era el cambio que Chávez predicaba en su discurso cargado de emotividad y violencia verbal hacia la clase política tradicional. Y, al parecer, esa fue la consigna que el pueblo mejor entendió y siguió.

Con o sin razón, la visión pesimista que estigmatizaba los "40 años anteriores" en términos de un espacio histórico oscuro y decadente caracterizado por la corrupción, el pillaje y la inmoralidad, el cual debía ser borrado para crear un nuevo orden socio-político, logró anclar el infortunio sentido por la población, al mismo tiempo que aglutinó y canalizó los ideales de cambio y justicia social que el proyecto bolivariano, encarnado en la figura de Chávez, pregonaba de forma enardecida. Así, después de las elecciones de 1998, la IV República cedió ante el inexorable avance de lo que a partir de esa coyuntura pasaría a denominarse la V República.

4. "Una bomba de tiempo: tic tac, tic tac, tic tac"

En la Revolución Bolivariana iniciada con el gobierno de Hugo Chávez, la refundación de la República se concibe como un esfuerzo por restaurar el orden y la dignidad, perdidos durante la IV República. Estos sentimientos de renovación del orden y la moral nacionales serían elementos fundamentales en el tenor de los acontecimientos socio-políticos que se le avecinaban al país a partir de 1998. También lo son para entender el trasfondo ideológico que se agazapa en las difíciles relaciones que durante 1999 se dieron entre la Iglesia Católica y el Ejecutivo venezolanos.

En efecto, cuando el 2 de febrero de 1999 el Comandante Hugo Chávez Frías, icono de la intentona golpista del 4 de febrero de 1992, juró sobre lo que él mismo calificara como la "moribunda" Constitución de 1961 su cargo como nuevo Presidente Constitucional de Venezuela, dejó claramente asentadas en su discurso tres ideas cruciales que nos permiten entender la naturaleza del proceso que lo había llevado hasta allí, quién lo conduciría, y el tamaño de la empresa que se disponía a comenzar: una, de carácter programático, apuntaba hacia el futuro; la otra, de naturaleza argumentativa, miraba al pasado; y la tercera, de signo personalista, contemplaba su propia figura.

La primera idea, la programática, alude al hecho de que con el Acto de Toma de Posesión de Hugo Chávez en el Congreso Nacional, se iniciaba para Venezuela el camino hacia un nuevo orden nacional:

"... esta transmisión de mando presidencial (...) no es una transmisión de mando presidencial más. No; es la primera transmisión de mando de una época nueva. Es el abrir la puerta hacia una nueva existencia nacional; tiene que ser así. Es obligatorio que sea así" (Chávez, 1999: 2).

Esta "nueva existencia nacional", que se consagraría políticamente casi un año más tarde en la Constitución de diciembre de 1999, bajo el nombre de República Bolivariana de Venezuela, mediante la convocatoria ese mismo día a una Asamblea Constituyente, implicaba llevar a cabo "la transformación de la sociedad", "la demolición de buena parte del viejo orden, del viejo régimen" (Chávez, 2000b: 4), manteniendo la paz y la democracia (Chávez, 1999).

La transformación de la sociedad venezolana a manos de Chávez tenía en el discurso un propósito restaurador derivado de la estigmatización del pasado: "luchar para que tengamos patria, para que tengamos una Venezuela verdadera, una democracia verdadera". Relegitimar la democracia, recuperar la patria, redimir la dignidad: ese era el mensaje y "eso no tiene otro nombre que una REVOLUCIÓN." (Chávez, 1999: 7)

Aunque se justificaba en los términos arriba expuestos, la segunda idea no hablaba del porvenir, sino del pasado. Se trata de una frase impactante que metaforizaba la gravedad de la situación que él estaba recibiendo en esos momentos, y sobre la cual el país inauguraba su Quinta República.

Luego de ilustrar con datos y cifras la desalentadora realidad económica y social del país, y de afirmar que iba a "enfrentar una situación heredada, terrible", señaló en su frecuente tono conversacional, que esa situación:

"... es como que a uno le entreguen en sus manos una bomba de tiempo: tic tac, tic tac, tic tac, y uno se ofrece a desarmarla, a desmontarla, hay un gran riesgo que la bomba te estalle en la cara, la bomba social venezolana está latiendo, compatriotas" (Chávez, 1999:13).

Aludía Chávez a la palpitante tensión social que se sentía para ese entonces en el país. Esa bomba de tiempo, de acuerdo con las palabras del mandatario en su discurso, la había activado la crisis heredada del régimen democrático instaurado desde 1958.

La tercera idea, personalización de un proyecto, ahora de alcance nacional, señalaba que él era el productode esa crisis: "Yo he sido traído aquí por una corriente originada en esos hechos" (Chávez, 1999: 4). De esta forma, en su creencia, el agente principal de los cambios, la persona en quien se sintetizaban las esperanzas y las fuerzas restauradoras, era Hugo Chávez Frías.

El discurso de la revolución transformadora de Chávez mostraba así tres aristas atractivas para un gran sector de la población: un rostro con el cual identificarse, un proyecto de dignificación nacional en torno del cual agruparse, y razones muy poderosas para seguir el camino que se marcaba.

La primera consecuencia de esta nueva atmósfera discursiva no se hizo esperar. Al calor de la diatriba pública, el país se polariza y se divide o es dividido por Hugo Chávez, según sus propios calificativos, en "chavistas y antichavistas", "patriotas y realistas" "fuerzas transformadoras y fuerzas opuestas a los cambios". El mismo Chávez en su discurso de Relegitimación del 19 de agosto de 2000, ilustraría esta oposición de la siguiente manera: "De este lado dominaban las fuerzas de la conservación. ¡Tiranía!, decían, y de aquel lado respondían ¡Democracia, revolución¡" (Chávez, 2000b: 19).

5. "Una masa rebelde por todas partes invadiendo todo", y el asomo de una nueva racionalidad comunicativa

Una de las marcas fundamentales del proceso bolivariano es el hecho de que está concebido para el colectivo, esa masa anónima que Hugo Chávez llama "el soberano" (con implícita alusión a la población de menos recursos, a las clases sociales excluidas). Este colectivismo, referido al pueblo en su sentido más amplio y castizo, es de gran preeminencia. Por una parte, porque supone reconquistar el olvidado derecho de la masa a participar activamente en la repartición del poder y en la concepción misma del Estado; y por la otra, porque presupone la redención de la misma en el uso de la palabra pública, lo cual la convierte, de manera inusitada, en un sujeto políticamente discursivo. "Entendamos que nosotros –dice Chávez en su Relegitimación- los representantes del pueblo ¡jamás!, pero jamás de los jamases, podemos pretender sustituir a la masa, al colectivo, al dueño, al soberano que nos eligió, ellos son los dueños del poder" (Chávez, 2000b: 9). De esta forma, el colectivo revolucionario no sólo se presenta junto al líder como agente activo de los cambios que se avecinan (Molero, 1999), sino también como un sujeto discursivo privilegiado, lo cual da lugar a la aparición en el espacio público venezolano de una nueva racionalidad comunicativa.

Al calor de las violentas contiendas verbales, más que un instrumento de comunicación, el lenguaje del Presidente Chávez ha sido en este proceso un elemento de la nueva política. La constante actitud deenfrentamiento y amenaza que Chávez promueve hacia los sectores representativos de lo que él y sus seguidores consideran el viejo orden, es frecuentemente acompañada de un lenguaje entre bonachón y popular, locuaz, espontáneo, humorístico, retórico, pero también a veces autoritario, violento, frontal, provocador, pugnaz, directo, sin subterfugios ni ambages. Es de igual forma un lenguaje de tinte clasista, "plagado de frases que suenan mal a los oídos refinados de las élites, pero que establece una alta sintonía con los más pobres" (Francia, 2000: 89), quienes se perciben como beneficiarios de los actos lingüísticos del Presidente. En este sentido es un discurso de dos frentes: incluyente, colectivista, cuando le habla a las masas, al pueblo, al "soberano"; y excluyente, cuando le habla a las élites.

En el escenario bolivariano, regularmente las interacciones sociales de los contendores políticos se realizan en un lenguaje de enfrentamiento y conflicto. De esta manera, la violencia verbal se ha convertido en una categoría del poder y en un ejercicio de la hegemonía, que se muestra a la vez como un recurso legitimador de la resistencia.

También, paradójicamente, es un inédito actor social que de cierto modo adquirió en cada grupo la categoría de sujeto discursivo con significado e identidad propios. Un ejemplo de estos usos lingüísticos violentos fueron las consignas "ni un paso atrás" y "no pasarán", que tanto la oposición como el oficialismo empuñaron, espectivamente, en las constantes y sucesivas concentraciones de calle o "marchas" llevadas a cabo por ambos grupos durante el año 2002.

6. Iglesia Católica y Gobierno venezolanos en la diatriba pública: Estrategias de poder, autodefensa y ataque

Las relaciones de la Iglesia con el proceso chavista durante el año 1999, estuvieron visiblemente marcadas por las tensiones y los desencuentros, generalmente debidos a que en la mentalidad de los nuevos grupos de poder se percibía a aquélla como cómplice de los desmanes, la corrupción y el pillaje cometidos durante el pasado puntofijista. Y además, gracias a las diferencias que esta institución mostraba con el gobierno respecto a los alcances y propósitos de la Asamblea Constituyente, así como a los discursos, conductas y decisiones del propio Presidente Chávez.

En un reporte aparecido en las páginas del diario El Nacional el viernes 8 de enero de 1999, se reseñaba lo siguiente, en relación con la posición de la Iglesia frente a la Constituyente:

"La Iglesia acepta la convocatoria a la Constituyente, pero como una instancia crítica, afirmó el representante de la Conferencia Episcopal venezolana, quien sin embargo, aclaró que serviremos de mediador, pero no seremos jueces de las decisiones que tome la dirigencia. Añadió que vamos a pedir que se acabe la terquedad entre las partes..."(Lugo, 1999).

De acuerdo con la cita, el sector católico, particularmente durante los inicios del proceso constituyente, se limitaba a actuar como mediador, como orientador y como observador de los eventos políticos, porque, según afirmaba el representante de la Conferencia Episcopal venezolana, monseñor Baltazar Porras en ese mismo reportaje: " no se pueden tomar posiciones o medidas arbitrarias, tanto de un lado como del otro" (Lugo, 1999).

De esta forma, la intención de los clérigos al mediar entre los diversos contendores involucrados en la refriega política, consistía en salvaguardar la transparencia, la moral y la justicia en un momento político efervescente y delicado. No obstante, a medida que pasaba el tiempo y sus actos lingüísticos iban teniendo repercusiones en las esferas oficiales, esta posición experimentó transformaciones. Así se aprecia que dicho sector, mientras más participaba en la mediación, más se colocaba en el medio de la diatriba política.

Los problemas se originaban cuando las opiniones de algunos de los voceros religiosos, generalmente en cuanto a la manera de concebir el proceso constituyente, entraban en contradicción con el gobierno y éste entonces, entiéndase Chávez Frías, respondía airadamente. En tales desencuentros las palabras se hicieron cada vez más difíciles de recoger.

Probablemente uno de los eventos más irritantes que dieron inicio al distanciamiento entre el clero y el gobierno venezolanos, se dio cuando el 10 de julio de 1999 el Presidente Chávez, quizás en un intento por legitimar su proceso ante un pueblo mayoritariamente católico, tal vez para ganarse los ánimos religiosos, acaso por la efervescencia misma del momento, o quizás gracias a una suerte de fallida estrategia mitigadora, quién podría saberlo con exactitud, asoció a Cristo y a la Iglesia Católica con la revolución bolivariana:

"El Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, manifestó ayer en Valencia que la Iglesia Católica venezolana está con la revolución, porque eso es lo que el pueblo está exigiendo, y "la voz del pueblo es la voz de Dios". Enfatizó además que si Cristo estuviera con nosotros ahora, votaría en la Constituyente por los candidatos de la Revolución" (Rodríguez, 1999a).

Más que un gesto de alianza no solicitado, esas expresiones fueron interpretadas por la Iglesia como un ataque intolerable. Por eso, en un rápido gesto de auto-defensa que buscaba salvaguardar los fundamentos simbólicos de su institución ante la borrasca revolucionaria, los eclesiásticos ofendidos replicaron el discurso del Presidente.

La Iglesia descifró las palabras de Chávez como una arrogancia inexcusable del poder. De ahí quizás la misma tonalidad con que le replicaron al Presidente venezolano. "Mezcla de poder y lenguaje bíblico es un cóctel sumamente peligroso": así tituló el diario El Nacional la expedita respuesta que monseñor Baltazar Porras le dio a Chávez al día siguiente, el 11 de julio. El texto de la noticia ampliaba los detalles en estos términos:

"En una intervención repleta de metáforas y en la que no quiso aludir directamente -aunque la indirecta cayó por sí misma- a Hugo Chávez, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal venezolana, monseñor Baltazar Porras, insistió en que si uno cree tener la verdad de Dios, el lenguaje religioso; además tiene el poder político y maneja el mundo del amor, este es un cóctel que resulta sumamente peligroso..." (Davies, 1999a).

En el mismo texto, Porras devolvió nuevamente la agresión al recordar "que en otros países la mezcla de los poderes político y religioso dio como resultado un Ayatollah (Irán)" (Davies, 1999). En el horizonte ideológico de los dignatarios religiosos, tal asociación le enrostra a Hugo Chávez una identidad social y política negativa. Con ello la Iglesia, al igual que Chávez en su oportunidad, no solamente ataca la imagen del oponente, sino que también ejercita la coerción y el control, aunque sea simbólicamente, sobre ciertas tendencias expresivas del oponente.

En efecto, las mutuas acciones y reacciones verbales entre la Iglesia y el Ejecutivo venezolanos agazapaban propósitos muy propios del discurso político nacional: la amenaza a la imagen del contrincante. Y tal vez, también, un designio: la mutua deslegitimación del adversario. En medio de amenazas que van y amenazas que vienen, los clérigos deslegitiman a Chávez, a su proceso político y a su insólita vinculación con Dios; a la vez que Chávez deslegitima la, a su parecer, excesiva soberbia discursiva de los representantes de la Iglesia Católica y su manifiesta pero no requerida intervención en un terreno que (en teoría) les es ajeno: la política.

En ese mismo artículo aparece un hecho que llama la atención. Haciéndose eco de las palabras de Chávez, y ya tentada por la intriga, la reportera pregunta insistentemente si la Iglesia, por fin, está o no está con la revolución. Esta es la interacción:

"¿Está o no está la Iglesia venezolana con la revolución, como dijo el Primer Mandatario? En un intento de respuesta, Porras recalcó que «no somos ni aliados ni estamos en contra de ningún gobierno ni de ningún proceso. La preocupación nuestra es la gente, partiendo de los más pobres, de los más necesitados, de los más desasistidos».

-¿Quiere decir que la Iglesia apoya la revolución de Chávez?

-Son dos cosas distintas. Estamos con todo aquello que ayude a mejorar la situación de los venezolanos, dentro del respeto a la libertad, a lo que cada quien piensa, a la pluralidad y los derechos. Vivimos en un estado de derecho, y las cosas deben hacerse buscando consenso y participación.

-¿Están o no están con la revolución?

-Depende de lo que entendamos; de si revolución es aceleración de los cambios o es arrasar y luego ver cómo plantamos. Nosotros estamos con los cambios y transformaciones que se tienen que dar. Si es un salto al vacío, pues no" (Davies, 1999).

Ni son aliados ni son contrarios. Ni están adentro ni están afuera. Tampoco son "diablos con sotana", como los tildó Chávez en un momento encendido de la refriega discursiva. La Iglesia, insiste en afirmar Porras, no tiene más recinto que sus templos, ni más seguidores que las almas de los fieles.

Pero en política los caminos tienden a ser cortos, y las palabras no siempre significan lo que expresan. Frente a la pregunta clara y concisa de la reportera, la falta de un "sí" diáfano puede interpretarse definitivamente como un "no" rotundo. Y en efecto, leyendo detenidamente puede deducirse que, desde el punto de vista de la Iglesia Católica de Venezuela, el proceso chavista se percibe como "un salto al vacío". En este sentido, para los prelados, santos y revolucionarios transitan por caminos distintos.

El manifiesto aunque no explícito distanciamiento de la Iglesia con la causa bolivariana fue rápidamente aprovechado por el oficialismo. En la lógica del Presidente Chávez, tal como él mismo lo habría dicho y sugerido varias veces, o se está con el proceso o no se está con él. Y el clero, al inmiscuirse en política y ponerle cortapisas a los discursos y acciones de Chávez, demostraba no estar con él.

Para desgracia de la clerecía, estas disputas se escenificaban en el contexto de un proceso histórico que se llama a sí mismo restaurador del orden social (véanse Chávez, 1999, 2000a y 2000b). Quizás por ello es que meses más tarde y ya entrado el año 2000, en un intento por controlar las intervenciones de la Iglesia y por restablecer el rol que la sociedad presuntamente esperaría de ella, el 16 de mayo de 2000, a los 20 días de la publicación de la Carta Abierta que la Conferencia Episcopal venezolana le había enviado, Chávez respondió a los sacerdotes en medio de citas del Evangelio y de pensamientos de Simón Bolívar, sentenciando que "las auténticas facultades de la Iglesia residen en el alma de quienes puedan realizar históricamente la misión confiada por Cristo a sus apóstoles" (Chávez, 2000a: 7).

Y luego añade en el mismo documento: " La Iglesia de Jesús es Madre y Maestra en las enseñanzas; no es parte de un pecaminoso juego político donde algunos pretenden llevarla". Posteriormente afirma que "El futuro de la Iglesia es brillante en tanto asuma las responsabilidades inherentes a su credo" (Chávez, 2000a: 7). En un hábil ejercicio de demarcación de territorio, Chávez les sugiere a los eclesiásticos ocuparse de sus asuntos y dejar la política para los políticos.

En noviembre de 1999, a escasas semanas de la fecha para el Referéndum Constitucional, ocurrió un nuevo punto de inflexión y ruptura. Según una información aparecida en el diario El Nacional y publicada en la sección de Política, sin firma, el Presidente Chávez, con su acostumbrada intemperancia, señaló que algunos sectores de la sociedad, entre ellos la Iglesia, eran "cómplices" de los hechos de corrupción ocurridos en Venezuela durante los últimos 40 años".

La imputación, sin ser una metáfora, generó inmediatamente una respuesta. Monseñor Baltazar Porras otra vez impugnó la delicada acusación diciendo que era "injusto y desconsiderado corresponsabilizar a la Iglesia Católica y a su Jerarquía de la corrupción del país. Más aún, aplicarle el calificativo de cómplice, y amenazarla con echarle plomo si hace críticas" (Porras, 1999). En ese mismo artículo monseñor Porras, dejando espacio a la suspicacia, habla de "esa intolerancia que han demostrado ciertos sectores"

Al acusar de complicidad a los jerarcas eclesiásticos, al afirmar que deben asumir las responsabilidades inherentes a su credo, y echarles "plomo" verbal, Chávez apunta hacia un objetivo político de gran valor estratégico: restaurar el orden social perdido durante los cuarenta años anteriores. Esto se traduce en la intención de reasignarle a la Iglesia un lugar de subordinación en el nuevo orden establecido por la V República. Con ello, el discurso del poder se reafirma, a la vez que sanciona la discursividad política de la Iglesia.

Estos comportamientos lingüísticos del Primer Mandatario respecto al clero pueden tipificarse como eventos discursivos con una función estratégica de orden coercitivo, es decir, según lo que indican Chilton & Shäffner (2000: 304), como "actos de habla respaldados por sanciones (legales y físicas): órdenes, leyes, edictos, etc.", que pretenden controlar, fiscalizar, restringir la conducta y la libertad de los otros.

La coerción es una forma de ejercer poder y control:

"A menudo, los actores políticos también actúan coercitivamente al disponer la prioridad de los asuntos, seleccionar temas de conversación, colocarse a sí mismos y colocar a los demás en relaciones específicas, suponer realidades que los oyentes se ven obligados a aceptar aunque sea en forma provisional para poder procesar el texto y el habla. También es posible ejercer el poder mediante el control del uso que los otros hacen del lenguaje, es decir, a través de diversos tipos y grados de censura y control de acceso" (Chilton & Shäffner, 2000: 305).

Las acusaciones de Chávez obviamente desataron gran preocupación en la Iglesia. Y no podía ser de otro modo. El 29 de noviembre de 1999, Ovidio Pérez Morales escribió en el mencionado diario, en descargo de su organización, un ensayo titulado, y no por casualidad, Solidarios con Venezuela. Allí, luego de preguntarse si "¿Ha sido sorda, muda o cómplice la Iglesia en Venezuela en los 40 años posteriores al 23 de enero de 1958?", y de afirmar que sí han sido solidarios con los más necesitados, recurre a valores comunes nacionales para legitimarse y autopresentarse positivamente. Por ello afirma que "la matriz católica de nuestra nacionalidad" es "un rasgo característico de la identidad venezolana". Y después añade: "La Iglesia, en cuanto pueblo de Dios, se confunde con los inicios de nuestra nacionalidad venezolana" (Pérez, 1999).

En un país que transita una etapa política de reconstrucción de la nacionalidad y de las categorías referenciales de la identidad, no es gratuito que como sector amenazado y coercionado por la nueva mentalidad política y por los nuevos grupos de poder, a contrapelo de lo afirmado por el colectivo hegemónico, la Iglesia se auto-asocie a los orígenes mismos de la nacionalidad, se auto-represente como un valor tradicional común y se auto-asimile a la identidad ancestral de los venezolanos.

Otro de los eventos que se inscriben dentro del comportamiento lingüístico coercitivo de Chávez, fue publicado en El Nacional el lunes 13 de diciembre, apenas dos días antes del Referéndum Constitucional.

En Valencia, el 13 de diciembre, ante una multitud, el Presidente consideró que al cardenal Rosalio Castillo Lara, al arzobispo de Coro, monseñor Roberto Luckert, y a monseñor Baltazar Porras, a la sazón Presidente de la Conferencia Episcopal venezolana, "habrá que hacerles un exorcismo para que el diablo que se les metió se les salga de debajo de la sotana" (Rodríguez, 1999b).

Dentro del esquema ideológico Nosotros/Ellos, en un discurso excluyente, Chávez coloca a la jerarquía de la Iglesia en la otra orilla: ellos son "Ellos", es decir, los "Otros". La sitúa, además, en una posición de amenaza para la gente, al asociarla con "oscuros intereses que quieren confundir al pueblo venezolano" (Rodríguez, 1999b).

En otras palabras, para el discurso revolucionario, la identidad del clero no se corresponde con la identidad del "nosotros", categoría referencial del grupo dominante. En consecuencia, no forma parte de la revolución. Por otro lado, los actos de la clerecía, en la mentalidad chavista, tampoco responden a sus identidades como prelados, de donde ellos parecen inferir que hay agazapada una identidad " otra" bajo la sotana. Para la racionalidad revolucionaria del chavismo, los jerarcas de la Iglesia Católica no son lo que parecen. Diablos con sotana es la imagen que Chávez esgrime para identificarlos. De resultas, lo que se obtiene por vía de las estrategias discursivas del poder político instituido es la deslegitimación del discurso, la imagen y la función social de los clérigos.

Este es el clima de pública controversia discursiva en medio del cual Pueblo, Ejecutivo e Iglesia, llegaron al día 15 de diciembre de 1999, fecha pautada por el Consejo Nacional Electoral para realizar el Referéndum Constitucional. Según los sectores autodenominados revolucionarios, sobre la Iglesia rondaban sombrías sospechas de complicidad en hechos de corrupción llevados a cabo por las elites dominantes durante los "40 años anteriores". Se le acusaba, además, de inmoral, puntofijista, partidaria del "no" en el referéndum, de haber cultivado amistades peligrosas durante el pasado inmediato y, sobre todo, de antipatriótica y antirrevolucionaria.

El miércoles 15 de diciembre amaneció lloviendo. La inclemente lluvia que venía desatándose desde hacía varias semanas, no cesó el día de la votación por el "sí" o por el "no". Tampoco los dos siguientes, aunque fue menos intensa. "Lluvia y votos", ese fue el denominador común de los venezolanos que acudían a sus centros de votación, tal como lo ilustró un periodista.

Ese día, como ocurría desde hacía varios años, el país mostraba una división clasista. Según la prensa de tendencia opositora, en las zonas del Oeste caraqueño, conformadas mayoritariamente por barriadas pobres y zonas marginales, los ciudadanos votarían por el "sí". En las zonas del Este, con su clase media habitando acomodadas urbanizaciones, la población se inclinaba por el "no": "Ojalá llueva bastante para que no puedan bajar a votar en esos cerros" (Davies, 1999b), decía una electora de Macaracuay, una exclusiva urbanización caraqueña. Pero, finalmente, ganó el "sí"5.

Con el pasar de las horas, la lluvia no solamente trajo agua; se convirtió en catástrofe, particularmente en el costero Estado Vargas, el más cruelmente castigado. Ya para el 29 de diciembre, la Cruz Roja Internacional calculaba entre 20 mil y 50 mil víctimas.

Conmovido por la tragedia, el 17 de diciembre Monseñor Ignacio Velasco señala que las torrenciales lluvias son "una calamidad que ha caído sobre Venezuela", y anuncia, en un gesto de buena voluntad, que desde el mismo miércoles en la noche, en la sede de la Conferencia Episcopal, "se dispuso que todas las limosnas recolectadas en las diferentes diócesis y parroquias sean destinadas a ayudar a las víctimas del desastre" (Delgado, 1999).

Pero ni la lluvia ni el sufragio lograron silenciar la diatriba ni los antagonismos. Antes bien, se les sumaron, mezclándose con ellos mismos. El 14 de diciembre, en una alocución transmitida en cadena de radio y televisión y que duró sólo unos minutos, el Presidente Chávez invitaba a votar y, repitiendo una famosa frase que Bolívar pronunciara en 1812 en ocasión del terremoto de Caracas, dijo que "si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca" (véase, Decarli & La Rotta, 1999).

Quizás lanzadas al vuelo sin mucho aspaviento, sus palabras fueron sin embargo prontamente recogidas. Y efectivamente, el eco repercutió cuatro días después, el 18 de diciembre, en la bóveda central de la Basílica de Santa Teresa, en una misa "atestada de gente" que el arzobispo de Caracas, monseñor Ignacio Velasco, ofició para las víctimas de la tragedia, y en la cual el Nazareno de San Pablo iba a salir en procesión. Allí, rodeado de sus fieles, se preguntaba Velasco: "¿Qué podemos hacer cuando la naturaleza se desata de improviso? ¿Qué podemos hacer sino dirigir plegarias a la poderosa mano de Dios?" (Núñez, 1999).

Después de actos de contrición, de alusiones a la tensión verbal vivida entre la Iglesia y Chávez y de aludir a quien no se le quería nombrar, el arzobispo dijo lo siguiente:

"Hay pecados nuestros que acarrean la ira de Dios. Así ocurre con nuestras contiendas políticas y administrativas, en las que no tratamos con nobleza ni con respeto al otro. Es el caso de este señor que improvisa y dice cosas con soberbia. Vamos a pedirle a Dios que perdone sus pecados. Es grave el pecado de soberbia y es la naturaleza misma la que se encarga de recordarnos que no tenemos todo el poder ni todas las capacidades" (Núñez, 1999).

La estrategia persuasiva adoptada por Velasco sugiere una relación de falsa causalidad, esto es, una asociación de causa-efecto entre dos términos. La falsa causalidad, "consiste en identificar un problema y asociarlo estrechamente con un elemento externo a él, sin que se evidencie una real relación de causalidad entre ellos" (Erlich, 1999: 178).

En esta estrategia argumentativa el líder religioso se apoya en la susceptibilidad generalizada que surge en el país debido al desastre ocasionado por las lluvias, razón por lo cual sus palabras pueden ser asimiladas e interpretadas con facilidad por la población. En definitiva, según la lógica del prelado, la soberbia de Chávez había desatado la ira de Dios. La lluvia, entonces, parece haber sido interpretada como un castigo divino.

Las palabras de Velasco sugieren mediante la representación negativa del lenguaje del Otro, que lo ocurrido no fue un incidente natural, sino la consecuencia directa del habla de Chávez, quien utilizaba un discurso funesto, desde la perspectiva del arzobispo. Un discurso que, no tan metafóricamente, pareciera anunciar tragedias.

Como ya lo ha dejado en claro la pragmática, la selección de los elementos lingüísticos en el habla no es accidental. En el contexto y las circunstancias en que el arzobispo de Caracas emite el enunciado, us palabras adquieren funciones políticas. Son un acto de habla de contenido netamente político: así fueron cabalmente comprendidas por fieles y adversarios.

Y es que la expresión no había sido ingenua. En el sermón del arzobispo, de manera simbólica, la palabra de Chávez y todo lo que su proceso implica pueden acarrear muchos males al país. La estrategia discursiva empleada por monseñor Ignacio Velasco puede ser explicada del siguiente modo:

"La deslegitimación del discurso opositor o disidente por los grupos y organizaciones dominantes (políticos, medios, etc.) puede centrarse en los posibles efectos de ese discurso y, por consiguiente, en los receptores. Por supuesto, esto puede hacerse, indirectamente, presentando a los oradores y al discurso mismo como ilegítimos, por ejemplo, por ser no confiables, violentos, radicales o desviados" (van Dijk, 1999: 326).

La construcción discursiva de Velasco no es cándida, sino altamente estratégica. Al endilgarle efectos nocivos, violentos, no confiables al discurso de Hugo Chávez, Velasco lo deslegitima, a la vez que reserva para sí y su discurso, atributos positivos, del mismo modo que Chávez había hecho lo propio con el discurso de la Iglesia.

Finalmente, la razón de este encadenamiento de sucesivas estrategias de poder, auto-defensa y ataque que emprenden la Iglesia Católica y el Ejecutivo venezolanos, se halla en el tenor de las identidades y las relaciones de poder que ambos hablantes desean resguardar para sí mismos y ante el colectivo, pues Chávez es un sujeto político, y su discurso hace política; pero el arzobispo no lo es, aunque sus palabras, en el contexto en el que las pronuncia, constituyan una práctica política.

CONCLUSIONES

De los comportamientos lingüísticos puestos en práctica por los interlocutores en la serie de intervenciones públicas examinadas, pueden derivarse las siguientes conclusiones:

a. Ambos contendores emplean en términos generales las mismas estrategias discursivas de ataque y deslegitimación del oponente, tales como lexicalización negativa, hostilidad verbal, ataque a la imagen, valores y fundamentos simbólicos del contrario, atribución de actos y palabras de signo negativo, asociación del adversario con personajes y etapas históricas negativas.

b. En cuanto a las estrategias de defensa y autolegitimación, se observó que mientras la Iglesia Católica busca salvaguardar su imagen y su influencia social asociándose a los orígenes de la nacionalidad y a los valores tradicionales del venezolano; Chávez, por su parte, vincula proceso revolucionario con Dios, a la vez que se presenta como un agente restaurador del orden social perdido en la IV República.

c. Detrás de los intentos de cada contendor por descalificar al oponente y coartar sus posibilidades de expresión e influencia, se escenifica la lucha por el control hegemónico del discurso público (y político) que cada una de las partes emprende en beneficio de sus propias creencias y relaciones de poder.



NOTAS

1 El presente artículo recoge algunos de los resultados del proyecto de investigación del que se derivó el Trabajo de Maestría de Francisco José Bolet, cuya tutoría estuvo a cargo de Luis Barrera Linares en el Instituto Pedagógico de Caracas, UPEL (Caracas, 2001-2002). Varios aspectos han sido reajustados y reformulados para la preparación de este texto.

2 En la historia política venezolana se conoce como "Pacto de Punto Fijo" el convenio de gobernabilidad, firmado principalmente por los partidos políticos AD y COPEI, representados por sus principales líderes Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, respectivamente, el 31 de octubre de 1958, acto que tuvo lugar en la Quinta Punto Fijo, residencia de Rafael Caldera , y que se interrumpe históricamente justo en 1998, con el ascenso de Hugo Chávez Frías al poder. De allí se ha derivado el término "puntofijismo", con sentido peyorativo.

3 En los casos de citas textuales provenientes de la información periodística obtenida por vía electrónica, no es posible referir los números de página correspondientes a la edición impresa por cuanto para la fecha de su recolección los mismos no aparecían especificados en las versiones que hemos consultado. A fin de facilitar a los interesados la búsqueda de datos, reproducimos en la bibliografía las direcciones electrónicas de cada fuente.

4 Los turbulentos acontecimientos que marcaron los primeros dos años de gobierno de Pérez, condujeron a que el 20 de mayo de 1993 una decisión de la Corte Suprema de Justicia lo sometiera a juicio por irregularidades en el manejo de los fondos de la partida secreta. Ese mismo año el Senado de la República lo suspendió de su cargo como Presidente Constitucional de Venezuela, suspensión ésta que fue luego transformada en ausencia absoluta por el Congreso Nacional.

5 De acuerdo con esta misma encuesta, en las proyecciones hechas durante la semana anterior a la votación, 83.8% de los encuestados consideraba ganador el "sí", mientras que sólo un 9% estimaba que el "no" podía ganar. (Consultores 21, 1999)



REFERENCIAS

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Recibido: 12 de diciembre de 2003 Aceptado: 29 de julio de 2004




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